Cura de mi Pueblo
Testimonio de Ricardo Díaz...
El domingo 08 de enero recién pasado, en el Cementerio General, sepultamos al Padre Osvaldo Martínez, Párroco de la Iglesia “María Mediadora” de la Villa Sur - acá en PAC - el “Cura Osvaldo”, como lo llamábamos en las Comunidades Cristianas en las cuales ejerció su ministerio.
El Cura Osvaldo llegó a nosotros cuando este sector se llamaba San Miguel, hace muchos años atrás. Lo conocí en la Parroquia de la Victoria, a la cual llegó con el Cura Sergio Nasser, para asumir la conducción de la Parroquia, luego que la Dictadura, a través de la Dina, montara una trampa contra el párroco de entonces, el “Cura Renato”, allá por diciembre del ’74, lo cual le significó la relegación a Chiloé a este Cura.
Pese al clima de terror en que estábamos sumidos, el Cura Osvaldo siguió los pasos del Renato y organizó a la Comunidad Cristiana de La Victoria, a los adultos y a los jóvenes en torno a la vinculación entre la Fe y la Vida. Su labor estuvo empapada de la vivencia cotidiana de los pobladores, en todas sus dimensiones: consoló a la viuda y sus hijos pequeños; acompañó al anciano solitario y abandonado ; atendió a la mujer en busca de alimentos para sus hijos - y para ella-; orientó al joven perdido; recibió al perseguido por la Dictadura y salvó muchas vidas de la bestia militar; en fin, nadie que lo necesitara se sintió olvidado.
El Cura Osvaldo tenía mucha empatía con la juventud y organizó diversos grupos juveniles pastorales, así como apoyó a los ya existentes, en una dinámica alegre y participativa, llena de nuevas experiencias para muchos jóvenes de población. Son inolvidables los “retiros” a la montaña, a la playa, al campo, a conocer nuevos lugares, que muchos no habríamos experimentado de no ser por él. También son inolvidables sus tallas, chistes y “salidas” en momentos de tensión en los diferentes tipos de encuentros de la comunidad cristiana. A nivel de los adultos, también se preocupó que se sintieran parte de la comunidad y se integraran cómodamente a su dinámica.
Otro aspecto inolvidable de este “Cura” era su cercanía con las familias, especialmente nuestras familias, las de los jóvenes que integrábamos los grupos pastorales, pues se interesaba por todos y por nuestros problemas, proyectos, aspiraciones, deseos, dificultades. Nada le era ajeno, pues se sentía responsable por todos y por todo lo que nos aconteciera. Esa cercanía, esa afectividad, esa preocupación sincera por cada uno, todavía se agradece y se siente. Se alegraba por nuestros logros y nos levantaba en las caídas.
Tampoco es posible olvidar que a través de la Pastoral Ambiental nos conectó con la realidad política y social del país en ese entonces y nos motivó, a partir del fortalecimiento de nuestra Fe, a comprometernos con la transformación de las estructuras políticas, sociales y económicas injustas y construir un país justo y democrático.
En los años ’80 hizo un enroque con el párroco de la Clara Estrella y allá se fue el Padre Osvaldo y a la Parroquia de La Victoria llegó el Padre Pierre Dubois.
Estuvo también en Parroquias de Quilicura y retornó en los últimos años a Pedro Aguirre Cerda, ejerciendo en estos últimos años como párroco de la Parroquia María Mediadora de la Población Villa Sur.
En esa calidad sufrió y enfrentó un cáncer que devolvió el polvo al polvo, y dejó su espíritu en nosotros, en todos los que lo conocimos y lo vivimos, por lo cual damos Gracias a Dios.
Ricardo Díaz - Profesor
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