Los 4 Obispos Sabían lo que Estaba Pasando

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¿Una sanción para los obispos? Creo que habría que hacer lo mismo que se está haciendo con los curas...

 

Durante la instigación en contra de Fernando Karadima, el sacerdote Percival Cowley fue de los pocos que estuvo siempre con los denunciantes, realizando gestiones y criticando públicamente la actuación del arzobispo Francisco Javier Errázuriz. Cowley, ex capellán de La Moneda, reflexiona aquí sobre el difícil momento que vive la Iglesia, aún marcada por los efectos del escándalo Karadima. Piensa que los sacerdotes formados por el párroco de El Bosque deben tener espacio y tiempo para discernir si realmente tienen vocación. Sostiene que la institución pasa por una crisis de liderazgo y que la esperanza que representó la llegada de Ricardo Ezzati terminó diluyéndose. Cuando se pregunta cómo salir del atolladero, evidencia la profunda desazón que viven muchos católicos y que es parecida a la que vivió la izquierda tras la caída del muro: “No sabemos qué hacer”...

¿Entonces le parece que los obispos deben dejar sus cargos?
Le quiero ser muy honesto. Creo que hoy en la Iglesia no sabemos qué hacer ni cómo. Y en esto quiero ser solidario: he tratado muchas veces de meterme en los zapatos del Arzobispo y no se me ocurre. Creo que es el problema es ese. Es cierto que hay procedimientos canónicos que han sido exigidos por el Papa y seguidos fielmente por los obispos. La pregunta que queda latente en muchos es si eso será suficiente.

En el caso de los obispos que están siendo cuestionados, los acusadores piensan que cuando acataron el dictamen del Vaticano lo hicieron solo “de la boca para afuera”. Sostienen también que por otro lado, ese acatamiento no basta.
-Yo creo que ahí el problema es que hoy, para la opinión pública, pedir perdón no es suficiente. La sociedad exige un gesto más claro. Ahora, esta exigencia ocurre dentro de un contexto nacional muy complicado donde, por un lado, hay carencia de liderazgo en el plano político y carencia de liderazgo en el plano de la Iglesia. Pienso que la Iglesia Católica, por mucho que haya disminuido la credibilidad en las encuestas, sigue siendo un referente. Su responsabilidad no es solamente con el grupo que va a misa, sino que con todos, creyentes y no creyentes. Hay un servicio que la Iglesia tiene que prestar, cosa que fue bastante clara en los tiempos del Cardenal Silva Henríquez, durante la dictadura. Ahí tuvimos una iglesia capaz de tomar una posición. Había voces discordantes, las conocemos, pero hubo una línea clara.

¿Hoy esa línea no existe?
-No está clara… En los tiempos del Cardenal Silva Henríquez, hubo cosas muy duras, pero uno tenía la certeza de que tenía detrás al Cardenal. Es decir, uno seguía al obispo y el obispo lo acompañaba a uno. Ahora no.

¿En qué nota la falta de liderazgo y la falta de tareas comunes?
- Hay áreas que se han tratado de dejar claras. El arzobispo, por ejemplo, ha sido explícito respecto a un tema básico, que es el problema de los ingresos de las familias. En septiembre del año pasado dijo que la desigualdad era un escándalo. Pero los medios no recogen eso. ¿Por qué? Hay una cuestión compleja en relación a los medios ahí. Por un lado, si no hubiese sido por los periodistas, quizás la historia de El Bosque no hubiese salido a luz: pero por otro lado hay un silencio del mundo periodístico respecto a esta toma de posición de la Iglesia que es tan importantes dentro del contexto nacional. Yo percibo además que está ocurriendo otro fenómeno: La historia de Chile era la de un país con cultura católica, y de una Iglesia, lejana o cercana, pero una iglesia que es madre. Sin embargo, frente a temas difíciles, como las separaciones, el discurso de la Iglesia fue sentido por muchos no como el de una madre sino como el de una madrastra que condena. Pienso que eso es el resultado de cómo se abordaron esos temas; no es un problema de lo que se dijo, sino cómo se dijo. Y creo que hay una reacción de mucha gente que ha vivido estos dramas y se ha sentido condenada por la Iglesia y que ahora, ha tenido una reacción como de pica, de rabia frente a la Iglesia.

Cuando el arzobispo Ezzati va a visitar a Karadima y le lleva chocolates ¿Qué mensaje se trasmite en el tema de los abusos sexuales?
-Es confuso, yo creo que todo el mundo habría entendido una visita privada del arzobispo a Karadima, con chocolates, pastillas o lo que fuera. Visitar a los enfermos y a los encarcelados es una obra de misericordia. El evangelio es claro (MT 25: “Estuve enfermo, estuve en la cárcel y me fuiste a visitar”.) Pero nadie entiende una visita pública. ¿Pudo evitar la publicidad? Es la pregunta que ha quedado sin respuesta.

¿Le parece que Karadima tiene aún poder?
Mire, tras el escándalo de Marcial Maciel, Roma nombró a un visitador, el cardenal De Paolis. Y el 24 de diciembre pasado el cardenal De Paolis ordenó 60 sacerdotes legionarios de distintos países del mundo a quienes no pudo conocer antes. Los antecedentes de estos sacerdotes le fueron entregados por los superiores religiosos de los Legionarios, todos nombrados por Maciel… A todo esto, el mismo cardenal había enviado una carta vitriólica a todos los sacerdotes legionarios que pensaban abandonar la legión para incorporarse al clero secular de sus respectivas diócesis. Entonces uno dice, no está fácil. Yo creo que la prueba más evidente de la existencia de Dios es la sobrevivencia de la iglesia, porque uno mira la historia de la iglesia y las embarradas son tantas… somos todos seres humanos, todos la embarramos, pero nos hace falta tomar conciencia colectiva de eso. Y tal vez, todo esto que nos está pasando nos podría hacer espléndido servicio, en el sentido de volvernos más humildes. Como le digo, creo que la pregunta es ¿qué hacer, cómo hacerlo? Y no lo tenemos claro. Y tras esa pregunta, hay otras muy importantes: ¿cómo está asesorándose el obispo? Me acuerdo ahora, que en los tiempos de la dictadura, hubo un episodio grave y fuimos convocados todos los curas de la zona oriente de Santiago, todos los religiosos y religiosas, y llegamos a la reunión. Y después que todos los que queríamos hablar y decir cosas inteligentes, las habíamos dicho, una monjita que estaba ahí levantó el dedo y en tres frases dijo lo que había que hacer. Entonces, para mí eso es paradigmático.

¿Piensa que es buena señal que Andrés Arteaga siga siendo el obispo auxiliar de Santiago? Él convenció al arzobispo Errázuriz de que las acusaciones de los denunciantes eran falsas y operó sin freno para proteger a Karadima.
-Bueno, ya salió de su cargo en la Universidad Católica. Algo es algo. Por otra parte, sigue haciendo los comentarios en El Mercurio. Algo extraño hay ahí, sí. Mire, déjeme decirlo de un modo extremo: yo estuve en una comisión del Ministerio de Salud muchos años, muy metido en la defensa de los derechos de los minusválidos mentales. Las cosas que llegaban ahí eran tremendas. Por otra parte fue una experiencia muy interesante, porque había gente de distintos lados, siquiatras, sicólogos, creyentes, no creyentes, y todas las decisiones delicadas las tomábamos de forma unánime. Era posible reflexionar en conjunto, con seres humanos, y fue una cosa muy hermosa. Bueno, que le quiero decir, que si yo voy a una de estas casas de viejitos, donde de repente para financiarlas meten gallos enfermos de la cabeza, y los pobres viejitos que están sanos viven situaciones terribles… si voy para allá, no soy quien para condenar a los enfermos mentales porque son enfermos mentales. Ahora, Arteaga es un hombre inteligente brillante, con mucha inteligencia, estudioso, ¿Qué pasó ahí con él? No lo sé.

¿Le parece una buena señal que siga de obispo?
Será obispo para siempre, otra cosa es que siga ejerciendo como tal.

¿Qué impresión tiene sobre el ex arzobispo Errázuriz? ¿Es responsable de lo que pasó en El Bosque?
- Ya lo he dicho en más de una entrevista. Responsable sería mucho decir. Con todo, él mismo lo ha expresado: “Asumo mi responsabilidad”. Claro que estamos de nuevo en el mismo tema: demasiada mirada desde lo institucional y muy poca desde las personas.

¿Para Errázuriz lo más importante fue la institución?
- Y de hecho, no quiso recibir a ninguno de los denunciantes, pero sí habló con Karadima.

-Tal vez por eso, cuando lo reemplazó el obispo Ezzati se respiró otro aire.
-Sí, de esperanza

¿Se ha cumplido esa esperanza?
- Qué le puedo decir. Mire, me acuerdo de una actividad que se hizo apenas él llegó y que se llamó “La alegría de ser católico”, y aparece monseñor Ezzati hablando en la televisión y justo detrás está el cardenal Errázuriz. ¿Cuál es la reacción del que está viendo eso? Son lo mismo. ¿Por qué al cardenal Errázuriz no le dice alguien, que lo ayude a tomar conciencia, que tiene que guardarse, que no puede marcar al que viene después? Yo creo que la cuestión de los chocolates, aunque parezca un detalle, fue fatal para monseñor Ezzati: tiene que ver con el efecto a través de los medios de comunicación social

Extractos de Entrevista realizada por Juan Andrés Guzmán / CIPER - enero de 2012



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