
El Papa Juan XXIII, al inicio del Concilio Vaticano II dijo proféticamente:
“la Iglesia es de todos, pero particularmente es la Iglesia de los pobres”.
También lo han repetido pastores ejemplares como Monseñor Manuel
Larraín, Helder Camara, Enrique Angelelli, Juan Landázuri, Raúl
Silva, Leonidas Proaño, Enrique Alvear, Pedro Casaldáliga, Juan
Gerardi, Samuel Ruiz, Ivo Lorscheiter, Fernando Ariztía, Alejandro Jiménez,
Luciano Mendes de Almeida, Oscar Romero, etc. Ellos reafirmaban esta línea
pastoral dando cuenta de que “la Iglesia cumple una función esencial
de su misión cuando ejerce su tarea profética".
El profetismo no se pone contra nadie.
Su acción se dirige a desvelar el pecado personal y social que amenaza
y esclaviza a las personas”1. Estos claros conceptos han estado presentes
antes y después de la fundación del Consejo Episcopal Latinoamericano
(Celam) que ha convocado a su V Conferencia General en Brasil.
Hoy, los obispos del Continente van al Santuario de Aparecida para escrutar los
signos de los tiempos y, a discernir las angustias y las alegrías del pueblo
latinoamericano en momentos históricos bien definidos y cruzados por una
línea maestra que es el modelo económico neoliberal que azota y
castiga a los más pobres y los condena a una especie de muerte lenta. Por
cierto que en estos tiempos es difícil ser genuino discípulo de
Jesús, más aún si consideramos con seriedad que ser discípulo
es cambiar de vida!
Desde Chile, convertido en un laboratorio de este sistema económico neoliberal,
junto a otras voces que ya se han hecho escuchar, queremos entregar nuestra opinión
y esbozar algunas ideas fuerza que deberían estar en las Conclusiones de
esta V Conferencia, reflexiones que nacen desde nuestra convicción cristiana
fiel al Concilio y, por sobre todo, al Evangelio de Jesús que nos inspira,
ilumina e interpela nuestras conciencias.
En nuestro país conocemos bien los estragos sociales y éticos que
causa el sistema neoliberal. La falta de democracia plena, la pobreza, la exclusión
política social, el desempleo crónico, la corrupción, el
consumismo desenfrenado, la precariedad en la salud, la educación, las
privatizaciones irracionales y el consumo de drogas entre los jóvenes de
zonas periféricas, son sólo muestras de este flagelo que recorre
a toda Latinoamérica en mayor o menor grado. Es decir, la negación
inmisericorde de la vida buena para todos. Estos componentes trágicos de
la ideología neoliberal que están a la vista de quien quiera ver
en Chile y otras latitudes, nos interpelan a derribar el gran muro de la desigualdad
y a consolidar con valentía la esperanza de los pobres.
Ante esta realidad social injusta y perversa, esperamos no sólo una palabra
“ilustrada teológicamente”2 de nuestros obispos reunidos en
el Santuario de Aparecida, sino también una praxis profética y,
un acompañamiento de pastores discípulos de Jesús, audaces
ante el dolor y la miseria. En consecuencia, pedimos tener presente estas reflexiones
en las conclusiones finales:
1) Que la “opción por los pobres” sea una actitud permanente
de nuestra Iglesia y la sitúe en una perspectiva no sólo teórica,
sino que de acción concreta con palabras y signos claros. Sin temores ni
cálculos que sólo alejan una auténtica acción evangélica.
Es necesaria una condena al modelo económico neoliberal que oprime, aplasta
y crucifica a millones de hombres, mujeres y niños con una vida injusta
y miserable. Este pecado no se puede callar ni puede ser tratado con posiciones
genéricas o vocablos fáciles. Hemos de ser auténticos discípulos
a pesar de los costos que ello nos signifique como Iglesia.
Este abandono de los pobres de cada país y de todo el mundo abarca a los
2/3 de los seres humanos del planeta y es un colosal crimen de genocidio de los
poderosos de este mundo. Son sus víctimas unos 4.000 millones de hermanos
nuestros e hijos de Dios que no tienen el mínimo indispensable para una
vida humana y buena. No pueden practicar la virtud (santo Tomás de Aquino-
Aristóteles) ni por tanto desarrollar su vocación básica
de ser hombres y mujeres plenos en el siglo XXI, habiendo en la humanidad suficientes
bienes, y recursos humanos y técnicos para ello. Afrontar este drama universal
es una inmensa responsabilidad para nosotros. Como decían los Padres de
la Iglesia, citados por el Concilio Vaticano II: “Da de comer al que muere
de hambre, porque si no le diste de comer, lo mataste ”(Gaudium et Spes,
N° 69).
Ahora bien, este abandono sistemático es fruto de un inmenso pecado
social estructural: el sistema capitalista y neoliberal que domina el mundo
global y casi todos los países. Es la violencia o injusticia institucionalizada,
condenada en las Conferencias Generales de Medellín (3) y Puebla (4).
Es el imperialismo internacional del dinero que los Papas contemporáneos
han condenado, en Encíclicas, por promover una inmensa concentración
del dinero a nivel mundial en trusts monopólicos o empresas gigantescas
multinacionales, especialmente las de quienes manejan o son dueños del
dinero, sangre de la economía, o sea los Bancos.
( Pío XI en la Quadragesimo Anno) (5); Pablo VI en la Populorum Progressio)(6).Y
que los Obispos Latinoamericanos condenaron a su vez en Medellín (7).
Ellas configuran un sistema que deja a los proletarios empobrecidos y marginalizados
en una situación que no difiere mucho de la de los esclavos (León
XIII-Rerum Novarum) (8) y que es nefasto (Populorum Progressio)(9), ya que no
respeta en absoluto la hipoteca social de todos los bienes de la tierra (Juan
Pablo II.- Sollicitudo rei socialis) (10). Es un sistema perverso en sí
y no sólo en sus abusos.
La evolución de este sistema en los últimos 15 años, ha
sido para peor. Ha agravado notablemente las ya grandes desigualdades al interior
de los países entre ricos y pobres como asimismo entre las naciones ricas
y pobres. Por ello requerimos, clamamos y urgimos una lucha clara y directa,
no violenta, en contra del sistema capitalista y de las políticas neoliberales
por parte de la Iglesia Católica, en la V Conferencia del Celam en Aparecida.
Ella debe darse en el plano doctrinal ( Declaraciones Episcopales e incluso
Encíclicas Papales) y en el plano de la acción. O sea de la Acción
Católica, de la pastoral concreta de la denuncia de dicho sistema.
Así como la hace por ejemplo la Iglesia del Brasil, con las siguientes
acciones: 1) Acción de la Comisión Pastoral y del Movimiento de
los Sin Tierra por la reforma agraria. 2) Carta de la Conferencia Nacional de
Obispos de Brasil (CNBB) que planteó: a) La elevación del salario
mínimo, b) La rebaja de los intereses usurarios de los Bancos, c) El
reestudio de la deuda externa y de la privatización de grandes empresas
estatales como la del Río Vale Doce (11); 3) Promoción de Plebiscito
popular contra el ALCA uniéndose con 11 millones de brasileños;
y 4) La lucha ecológico-económica-política del Obispo de
Barra (Bahía) con su huelga de hambre apoyada por los PP Franciscanos
contra el proyecto de desviación de aguas del Río San Francisco,
en beneficio disimulado de una multinacional exportadora de frutas tropicales,
la Fyffes PineApple Limited, en Octubre de 2006. Así, dicha Iglesia hermana
latinoamericana, que tiene el mayor número de católicos del mundo,
incluso se planteó en contra de políticas económicas y
proyectos del propio reelegido Presidente de la República de Brasil ,
Luis Ignacio da Silva, con quien guardaba históricas buenas relaciones.
“Más amo la verdad que a Platón” decía Aristóteles
de su amigo y antiguo maestro Platón.
A dicha lucha el Papa Benedicto XVI y los Obispos del Celam deben invitar a
unirse ecuménicamente a las demás iglesias evangélicas,
religiones y hombres justos de todo el mundo, aunque deban enfrentar al imperio
económica y militarmente más poderoso del mundo. Los auténticos
seguidores de Jesús y de la verdad, dondequiera se encuentren, no deben
ni pueden “servir a Dios y al dinero”. Deben optar. Y optar por
los pobres, a través de cuyos rostros nos interpela Jesús, que
es el rostro de Dios.
En cuanto a nosotros, como miembros de la Iglesia Católica de Chile,
debemos aclarar que nuestra responsabilidad frente a este sistema inhumano es
triple. En primer lugar como chilenos por haber permitido instalar y mantener
e incluso promover este nefasto sistema en nuestro país, bajo la genocida
dictadura de Pinochet, a sangre y fuego, e incluso bajo la llamada Concertación
por la Democracia. En segundo lugar, por haber permitido sin mayor protesta
y denuncia su introducción en el mundo, lo que contribuyó a que
los gobiernos posteriores de M.Thatcher (1979)(Reino Unido) y R.Reagan,(1981)(Estados
Unidos) y sus sucesores, lo divulgaran como un “éxito” o
“milagro económico”y lo impusieran en todo el mundo a través
del FMI a los demás países en las décadas del 80 y 90 En
tercer lugar, particularmente como católicos, ya que fue la Pontificia
Universidad Católica de Chile, que 10 años antes del golpe militar
en Chile, impulsó decisivamente el estudio del nuevo sistema neoliberal
en su Escuela de Economía que formó y apoyó a los famosos
“Chicago Boys”, que desde el Gobierno de Pinochet lo impusieron
e incluso lo divulgaron a nivel latinoamericano (Hernán Buchi y José
Piñera).
Por otra parte, no podemos dejar de manifestar nuestra estupefacción
al ver que el Documento Síntesis del Celam que se ha tomado como base
para debatir los problemas del mundo y de la Iglesia en Aparecida, en 364 acápites
sólo menciona 3 veces, y no como algo central, la Doctrina Social de
la Iglesia (una vez justamente al hablar de las Universidades católicas);
(Ns. 287, 289 y 345). Y sólo una vez el tema Enseñanza Social
de la Iglesia (N° 194). Y que en el índice Final Analítico
de 268 materias, temas o palabras importantes del documento Síntesis
del Celam no aparecen mencionados ni siquiera una vez los temas ”Doctrina
o Enseñanza Social de la Iglesia.”. Ello en circunstancias que
el tema “Identidad”(a secas) aparece 33 veces en la Síntesis
y en dicho índice. Quisiéramos creer en un simple olvido. Pero
no puede haberlo en un tema tan fundamental. La Enseñanza Social de la
Iglesia es un tema básico del Evangelio de Jesucristo: “No podéis
servir a Dios y al Dinero. (Mateo 6,24; Lucas 16,13). Es más fácil
que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico se salve”.(Lucas
18,29). Un discípulo y misionero de Jesucristo y toda la V Conferencia
de Aparecida no puede olvidarlo “olímpicamente”.
Y en nuestro caso, debemos señalar con profundo dolor que pueden haber
influído en ello opiniones bastante recientes del propio Cardenal Arzobispo
de Santiago y Presidente del Celam, Francisco Javier Errázuriz Ossa en
el sentido de alabar entre las “cualidades” de Pinochet el haber
implantado en Chile el sistema neoliberal, explícitamente en Alemania
(2004) e implícitamente en Chile, con ocasión de la muerte de
Pinochet (11 Diciembre 2006).
De este inmenso pecado de omisión de denuncia del sistema capitalista
neoliberal en estos últimos 15 años, planteamos que la Iglesia
Católica, el Papa y el Celam (los Obispos latinoamericanos como conjunto)
deben pedir perdón a los latinoamericanos y al mundo entero. La IV Conferencia
de Santo Domingo del Celam no condenó el sistema neoliberal como lo pretendía
un número importante de obispos latinoamericanos (un 40% al menos), por
la influencia y presión de la Curia Romana que impusieron textos que
impidieron una denuncia clara y cabal del sistema. (Ns. 195, 196, 199 párrafo
3 y 203 párrafo 3). Esta denuncia era fuerte y global como consta de
los textos 195, párrafo 2, 199, párrafos 1 y 2, y sobretodo la
línea pastoral del N° 202, párrafo 2: “Denunciar la
economía de mercado que afecta fundamentalmente a los pobres. No podemos
estar ausentes en una hora en la que no hay quien vele por sus intereses.”
Esta situación de los pobres se ha agravado aún más que
en Santo Domingo (hace 14 años) que en el N° 199 señalaba
ya que “el empobrecimiento y la agudización de la brecha entre
ricos y pobres, golpean de modo grave a las grandes mayorías de nuestros
pueblos.”
Por ello, nosotros, laicos católicos
chilenos, hoy frente a Aparecida planteamos que debemos amar más a la
verdad histórica (Jesús en los pobres) que a la Curia Romana e
incluso al Papa, que son sólo una superestructura de la Iglesia. Y por
ello denunciar la economía de mercado que afecta fundamentalmente a los
pobres. No hacerlo ahora que se levantan importantes voces críticas del
sistema no sólo en Cuba, sino que también en Venezuela, Ecuador,
Bolivia, Nicaragua, Uruguay, Argentina y Brasil, como asimismo en Paraguay y
en Chile, es mucho menos perdonable.
2) Debemos recordar que en Santo
Domingo, en 1992, la Iglesia Latinoamericana, apoyada por el Papa, decidió
como línea pastoral en su N° 209; “Fomentar y acompañar
los esfuerzos en pro de la integración latinoamericana como “patria
grande”, desde una perspectiva de solidaridad que exige, por lo demás
un nuevo orden internacional.”. No aparece consecuente con este compromiso
el ataque franco al “populismo” latinoamericano cuyos líderes
actuales, Chávez, Morales, Correa, Ortega, Kirchner, da Silva”Lula”,
Tabaré Vásquez, Fernando Lugo, Fidel Castro, etc. buscan explícitamente,
junto con otros, la creación de la “Patria Grande de América
Latina” planteada por Bolívar. La Iglesia Católica se comprometió
a fomentar y apoyar, “la Patria Grande de América Latina.”
No a socavarle el piso cuando sendos jefes de Estado están trabajando
empeñosamente, con el respaldo de sus pueblos, para construirla efectivamente,
en la historia. Ellos no merecen ser indirectamente tratados como “caudillos
que vengan a resolver todo mágicamente y que hacen “depender infantil
y masivamente” al pueblo “en lugar de intervenir con creatividad
y constancia.” Documento Síntesis (N° 280). Y menos por parte
de un clero que no admite elección, ni revocación de su poder
y que infantiliza a los laicos masivamente al negarles todo poder importante
en la Iglesia, como el concurrir a esta misma Conferencia de Aparecida, con
real derecho a voz y voto.
Como se desprende de la Convocatoria
de Aparecida: Si queremos hoy de verdad ser discípulos y misioneros de
Jesucristo, debemos seguir a Jesucristo;Camino histórico, que con su
ejemplo y con su Espíritu nos hacen descubrir nuestra “Verdad”
y situación históricas para que todos nuestros pueblos, actuando
históricamente, tengan Vida, ahora.
3) Desenmascarar y hacer conciencia
sobre las consecuencias de las diversas expresiones del imperio del terror que
expande y sustenta el gobierno del presidente Bush desde la Casa Blanca y el
Pentágono. Allí está la causa de tanta violencia que hoy
azota al mundo y, en nuestra América Latina y el Caribe se devela como
una forma de opresión que va contra los postulados mismos del Evangelio.
La paz es un mandato para todo cristiano, pero ella no se logra en base a guerras
preventivas como las de Afganistán e Iraq, torturas como las de los campos
de concentración de Guantánamo, Abu Gharib y los de la CIA en
Europa del Este, fuera de la negación directa de derechos humanos básicos
por la simple sospecha de terrorismo, de la Patriotic Act de Estados Unidos.
Dicha ley fue propuesta por Bush y aprobada por el Congreso de USA, bajo presión
urdida por la mentira de la propaganda oficial anti-Irak. (Conexión íntima
de Irak con Al Qaeda, Armas de destrucción masiva o bacteriológicas,
intento de compra de uranio en Níger, etc. Ver discurso de Al Gore(12).
Ese es un claro signo de una cultura de la muerte que no queremos bajo ninguna
circunstancia ni resquicio diplomático.
Protestamos como cristianos que si
bien el Papa Juan Pablo II planteó un sólido “No a la guerra”
el 13 de enero de 2003, ante los 174 embajadores acreditados ante el Vaticano
para evitar la guerra de Irak, su postura fue minada por la declaración
posterior de la Secretaría de Estado, (Angelo Sodano), de 18 de febrero
de 2003 en el sentido de que “La Santa Sede no es pacifista a toda costa,
pues admite la legítima defensa por parte de los Estados. Se debe mas
bien decir que la Santa Sede es siempre pacificadora, pues trabaja intensamente
para prevenir el nacimiento de los conflictos…La guerra no resolverá
los problemas de Oriente Medio y sería “la peor solución”
La Curia Romana dio a entender con ello que era posible en el caso de Irak,
atender razones de Estados Unidos de legítima defensa para una guerra,
a pesar de que las propias Naciones Unidas no la habían autorizado, y
además que era posible que la guerra podía ser una “solución”
(aunque la peor).
Constituye un verdadero genocidio
que después de 4 años de iniciada la guerra y la ocupación
de Irak por las tropas de Estados Unidos y sus aliados, en una acción
contra el Derecho Internacional, hayan muerto a causa de dicha guerra y ocupación
más de 720.000 civiles iraquíes, hombres, mujeres y niños-
o sea 240 veces los 2.973 muertos en los ataques a las Torres Gemelas el 11.09.2001,
según serios organismos privados norteamericanos, como Unknown News (a
Febrero de 2007) e Iraq Body Count (a Marzo de 2007). Nos violenta que la Iglesia
Católica, al más alto nivel, Papa y Obispos de casi todo el mundo,
no hayan tenido una clara postura de condenación a esta ocupación
criminal, como asimismo de exigencia del retiro de las tropas invasoras.
Así como en su época,
aun cuando con un retraso mortal que colaboró a provocar la Segunda Guerra
Mundial con sus horrores, la Iglesia Católica condenó en sendas
encíclicas los errores del fascismo de Mussolini(1931)(13) y del Nazismo
de Hitler,(1937) (14) así ahora debería condenar la doctrina antihumana
y terrorista de la guerra preventiva de Bush, aunque le signifique tener que
enfrentar al Imperio más poderoso de la historia. Quizás se logre
con eso evitar otra guerra, ahora con Irán.
Nos urgen las palabras de San Agustín
“Si eres negligente en corregir al pecador, te haces peor que el que pecó”,
recogida por Santo Tomás en su Suma Teológica, al hablar de la
corrección fraterna. (S.T. II.IIae., q.33, art.2, in c.) Hasta el momento
el Vaticano está alineado claramente con Bush, al menos por omisión.
Luego el Papa y la Curia, si no lo corrigen, se hacen peores que Bush, el promotor
de la guerra preventiva, o sea del terrorismo de Estado.
4) En un tiempo en que todos hablan de la ética y se refuerzan por la
Iglesia Católica conceptos morales en nuestras sociedades, la coherencia
y la autenticidad evangélicas exigen, para la credibilidad de la Iglesia
y el bien común, que se transparenten integralmente las finanzas de la
Santa Sede y de los Obispados más ricos como los de Estados Unidos y
Alemania. Actualmente los balances del Vaticano no contemplan las operaciones
del Instituto delle Opere Religiosi (IOP), del Vaticano quien mueve miles de
millones de dólares y que fue internacionalmente cuestionado por sus
vinculaciones con el lavado de dinero y la mafia italiana por jueces de Italia,
con motivo del Caso del Banco Ambrosiano (1980-86). Con esta acción se
podría calibrar hasta que punto la Iglesia Católica está
“casada con el sistema neoliberal” (Bancos y Multinacionales).
Ya en Medellín, en 1968, los
obispos demostraban esta preocupación al señalar: “Nos llegan
las quejas de que la jerarquía, el clero y los religiosos, son ricos
y aliados de los ricos…”(15) (Documento XIV “Pobreza de la
Iglesia”, I Realidad latinoamericana, 2…) Hoy debemos ser más
claros y directos. Si la Iglesia es Comunión y Participación no
puede la Santa Sede tener presupuestos reales secretos sólo conocidos
por el Papa y unos pocos funcionarios vaticanos. La más humilde de las
democracias respeta este principio. Cuanto más debiera hacerlo la Iglesia
Católica. Más amamos a Jesucristo que es la Verdad que a la superestructura
de la Iglesia, que también en este punto está en pecado grave.
Todos hemos de ser discípulos para la misión. Sin duda que para
estos tiempos no es una tarea fácil, pero nos anima la Esperanza - a
pesar del “forcejeo” de los dominadores de este mundo (Eph 6,12)
- de que nuestros pastores reunidos en el Santuario de Aparecida sentirán
la fuerza del Espíritu para que no sólo teológicamente
entreguen una palabra libre, ética y profética, sino también,
ir encarnando en las comunidades y en la sociedad civil una conciencia de que
el actual status quo no es justo ni evangélico y que se debe avanzar
junto a los pobres, excluidos y toda persona de buena voluntad hacia una sociedad
más justa y buena para todos. De lo contrario, “vana será
nuestra caridad y vano será nuestro mismo amor a Dios”(16).
Concluyendo, pedimos que la V Conferencia
de Aparecida apruebe una línea pastoral que señale que: “La
Iglesia da apoyo a los movimientos de liberación de los pobres y estimula
a los católicos a que participen en grupos, asociaciones y movimientos
que trabajan por una verdadera transformación social en una sociedad
de justicia y verdadera paz “.
N O T A S
(1) Hacia una Iglesia latinoamericana
más Profética, Mons. Nicolás Castellanos, revista “Reflexión
y Liberación” Nº 70 (Agosto 2006, p. 9) Santiago de Chile.
(2) Quinta Conferencia a la Vista, Mons. Jorge Hourton, revista “Reflexión
y Liberación” Nº 68 (Febrero 2006, p. 5) Santiago de Chile.
(3 ) Conferencia Medellín, Paz N°16.
(4 )Conferencia Puebla, Ns. 46, 509, 562, 1259.
(5) Carta Encíclica Quadragessimo Anno, de 15 de mayo de 1931, N°
109.
(6) Carta Encíclica Populorum Progressio, de 26 de marzo de 1967, N°
26.
(7) Conferencia Medellín, Paz 9,e).
(8) Carta Encíclica Rerum Novarum, de 15 de mayo de 1981, N°1 (final).
(9) Carta Encíclica Populorum Progressio, de 26 de marzo de 1967, N°
26.
(10) Carta Encíclica Sollicitudo rei sociales, de 30 de diciembre de
1987, N° 42.
(11) CNBB, 4ª Semana Social Brasileira, 18 de noviembre de 2006.
(12)Discurso de Al Gore, de 7 / 8 / 2003 en Universidad del Estado de Nueva
York.
(13)Carta Encíclica: “Non abbiamo bisogno”, de 29 de junio
de 1931.
(14)Carta Encíclica: Mit breeneder sorge”, de 14 de marzo de 1937.
(15)Conferencia Medellín, Documento XIV “Pobreza de la Iglesia”,
I. Realidad Latinoamericana, 2).
(16) Preparando la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, José
Aldunate SJ, “Reflexión y Liberación” Nº 68 (Febrero
2006, p. 11) Santiago de Chile.
FIRMANTES
Movimiento También Somos Iglesia-Chile
Revista “Reflexión y Liberación”
Centro Cultural Acción Sur
Periódico Crónica Digital
Comité Oscar Romero – Chile
Urracas - Emaús - Chile
Partido Izquierda Cristiana de Chile
Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con
América Latina Oscar Romero (SICSAL)
Santiago, Abril de 2007