
Barack Obama, designó como su candidato a la vicepresidencia a un católico
progresista, el Senador Joseph Biden. Y, el conservador arzobispo de Denver,
declaró que el Senador debería abstenerse de presentarse a la Eucaristía.
Sin embargo, Joseph Biden, hijo de obreros irlandeses,
en su juventud estuvo tentado de entrar al seminario y con el rosario siempre en
el bolsillo, va a misa todos los domingos con su familia y toma la comunión en
su Parroquia de San José en Greenville, Delaware.
Pero como político siempre ha apoyado con vigor la
sentencia Roe vs. Wade de
la Corte Suprema,
que abrió el camino al aborto legal en los Estados Unidos. Dice aceptar la
doctrina de
la Iglesia católica sobre la vida que inicia en la
concepción, votó a favor de una ley que prohíbe el aborto en las últimas semanas
de gestación, pero juzga la sentencia Roe vs. Wade justa para una sociedad que
tiene diferentes visiones sobre el aborto.
En una entrevista a "Christian Science Monitor" el
Senador Biden dijo considerar sus propias visiones sobre el tema como “del todo
coherentes con la doctrina social católica”. Pero no es esta la idea del
conservador arzobispo Charles J. Chaput de Denver, la ciudad cuyo partido
Demócrata lanzó oficialmente a Barack Obama y Biden como candidatos a las
presidenciales de los EE.UU.
Entrevistado por
la Associated Press,
Monseñor
Chaput ha dicho que el apoyo dado por Joseph Biden al llamado “derecho”
al aborto es una grave culpa pública. Y agregó: “Pienso por tanto que por
coherencia él debe abstenerse de presentarse a la comunión”.
En los mismos días, desde Roma, otro arzobispo
estadounidense, Raymond Burke, se expresó sobre la misma cuestión
y en la misma línea: también él niega la comunión a los políticos católicos pro
aborto.
Tanto Burke como Chaput
no son nuevos en similares tomas de
posición. En el 2004, la víspera de las anteriores elecciones presidenciales,
Burke se había pronunciado a favor de negar la comunión al entonces candidato
democrático a
la Casa
la Blanca, John Kerry, también él católico y “pro-choice”
En junio de aquel año, desde Roma, el entonces Cardenal
Joseph Ratzinger había trasmitido a la conferencia episcopal de los Estados
Unidos una nota con los “principios general” sobre la cuestión.
La nota de Ratzinger era reservada,
pero www.chiesa la publicó completa. Ella daba la razón a los obispos
intransigentes como Burke y Chaput. Pero la mayoría de los obispos de los
Estados Unidos era contraria a negar la comunión a los políticos católicos que
sostenían el aborto. También dos cardenales, Francis E. George, de Chicago, y el
teólogo jesuita Avery Dulles, eran reacios a “hacer de la eucaristía un campo de
batalla política”. Al final, la conferencia episcopal decidió “aplicar” caso por
caso los principios a los que se remite Ratzinger, confiando “a cada obispo el
expresar prudentes juicios pastorales en las circunstancias a él propias”.
Desde Roma el cardenal Ratzinger aceptó esta solución y la
definió “en armonía” con los principios generales de su nota. En esto Ratzinger
se alineó a una praxis típica de los países católicos de Europa, donde el rigor
de los principios convive con comportamientos pastorales más flexibles.
En Europa, en efecto,
la Iglesia católica jamás ha afrontado ni mucho menos
creado casos similares al de Kerry o de Biden en los Estados Unidos. En los
últimos decenios en Europa, obispos, cardenales y Papas han dado a sabiendas la
comunión a políticos católicos que promovían leyes abortistas. En 1989 el muy
católico Rey Balduino de Bélgica dimitió temporalmente de su cargo de rey
para no firmar una ley sobre el aborto, pero ese gesto fue del todo personal
suyo: ninguno de la jerarquía de
la Iglesia se lo había solicitado.
Regresando a los Estados Unidos, el caso del Senador Biden
presenta de todos modos nuevos aspectos, respecto al caso Kerry de hace cuatro
años.
Ante todo, Ratzinger antes Cardenal ahora es Papa. Y
una parte importante de su magisterio tiene por objeto precisamente el tema de
la nota que él transmitió en el
2004 a los obispos
de los Estados Unidos: cómo ser o no “digno de recibir la santa comunión”.
En segundo lugar, el obispo de Denver, continuamente se está
siendo más notorio en el episcopado de los Estados Unidos. Precisamente en los
días pasados publicó un libro sobre como actuar en política con coherencia con
la fe católica, muy neto en rechazar la comunión a quien defiende el aborto. Y
el libro – "Render Unto Caesar. Serving the Nation by Living Our Catholic
Beliefs in Political Life" – ha sido reseñado positivamente por
“L’Osservatore Romano”, que ha recomendad su lectura “en los Estados Unidos y en
otras partes”.
En tercer lugar está la entrevista a Monseñor Burke. Hasta el
pasado 27 de junio, Burke era arzobispo de Saint Louis. Después de lo cual fue
llamado a Roma como nuevo prefecto del supremo tribunal de la signatura
apostólica. Con este cargo él ha hablado pues como un representante del gobierno
central de
la Iglesia, en estrecho contacto con el Papa.
Finalmente, se debe notar que la orientación prevalente de
los obispos estadounidenses a propósito de dar la comunión a los políticos
católicos pro aborto tiende a ser más rigurosa que en el pasado. Prueba de ello
es la polémica que siguió al viaje de Benedicto XVI a los Estados Unidos
el pasado mes de abril, con motivo de la comunión dada durante las misas
papales a; John Kerry, Nancy Pelosi, Ted Kennedy y Rudy Giuliani. En aquella
ocasión el Cardenal de Nueva York, Edgard Egan, condenó el gesto con
palabras insólitamente severas, al más puro estilo integrista e intolerante.
Agencias /
Reflexión y Liberación.