
Las cartas de Pablo revelan lo que era la Iglesia en las comunidades fundadas por él más o menos 20 años
después de la muerte de Jesús. La comunidad cristiana está comenzando y tiene
todos los privilegios de la infancia.
Debemos
considerar las epístolas que son realmente de s. Pablo: Romanos, 1 y 2
Corintios, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, Filemón. Las otras fueron
escritas después de la muerte de él y varias fueron escritas 30 ó 40 años
después de la muerte de él por discípulos de él. Pero estos discípulos
cambiaron la eclesiología, con certeza porque las mismas comunidades habían
cambiado. El principal cambio es la presencia de ministros permanentes
encargados de dirigir la comunidad, presbíteros y diáconos que no fueron
establecidos por s. Pablo. De la misma manera los Hechos de los Apóstoles
presentan a un Pablo bien diferente del Pablo de las cartas. Es el Pablo al
cual se atribuyen todos los cambios que ocurrieron entre la muerte de él y la
redacción de los Hechos. El autor de los Hechos no conoció a Pablo ni las
cartas de él. Acepta tradiciones populares y agrega discursos y episodios que
representan la teología de él y no la teología de Pablo.
1.- El
pueblo de Dios
Debemos mantener que el concepto básico de la eclesiología
de Pablo es el concepto de pueblo de Dios. El concepto de pueblo no es
sociológico. Consulté tratados de sociología y pude ver que en la sociología no
se trata del pueblo porque pueblo no es categoría sociológica, no es algo que se
pueda observar. Pueblo es una categoría teológica porque es un ideal proyectado
como promesa hecha a Abrahán.
Para Pablo los discípulos de Jesús son la continuación del
pueblo de Israel. Los jefes de Israel traicionaron las promesas hechas a
Abrahán y abandonaron el verdadero Israel. El verdadero y definitivo Israel
Está en las comunidades de discípulos de Jesús, judíos y gentiles. Pues las
promesas de Abrahán no se dirigen a una pequeña porción de la humanidad separada
del resto. La descendencia de Abrahán debían envolver todo el mundo siendo
innumerable. Los judíos levantaron barreras e impidieron la entrada de todas
las comunidades étnicas separadas de los judíos. Todo eso está en los cap.
9 a 11 de Romanos,
exposición fundamental de la eclesiología de Pablo.
Pablo no pretende convertir individuos, quiere extender el
pueblo de Dios hasta la extremidad del mundo porque ese es el plan de Dios
revelado a Abrahán. Jesús vino para realizar ese plan de Abrahán. Por eso fue
muerto. Pero después de él los discípulos rompieron las barreras y fueron al
mundo entero y el pueblo de Dios contiene judíos y no judíos. Jesús no vino
para salvar almas sino para refundar la descendencia de Abrahán, rompiendo las
barreras y asumiendo el mismo la dirección de ese pueblo.
Un pueblo envuelve la totalidad de la vida humana. Jesús no
vino a para enseñar una religión o una sabiduría, sino para cambiar toda la
vida. Todo forma parte del pueblo: economía, política, cultura, vida corporal
desde la comida hasta el uso de los recursos naturales. Todo eso forma el
pueblo. Los discípulos tienen por misión inaugurar ese pueblo que será el
pueblo de Dios, integrando todos los otros pueblos en la unidad del proyecto de
Abrahán. Hay lugar para todos porque no hay más barreras. Jesús suprimió todas
las barreras que procedían de una cultura, de una porción de la humanidad, de un
modo de vivir, de algunos jefes de los judíos cerrados en sí mismos y separados
de los otros pueblos. Los jefes de Israel hacían casi imposible la entrada de
los paganos porque levantaban obstáculos casi in transponibles. Ahora el pueblo
está abierto y Pablo piensa que en poco tiempo va a envolver a la humanidad
entera.
Las comunidades paulinas y los otros discípulos llamados por otros
apóstoles constituyen el inicio de este pueblo ahora libre y abierto.
Numéricamente son insignificantes pero la fe de Pablo consiste en esto: ver en
ellos el comienzo de una nueva humanidad reunida en una única convivencia en que
toda la diversidad se une en el amor y en la solidaridad.
2.
La “ekklesía” (Iglesia).
En el inicio, los discípulos de Jesús no creían necesario dar un nombre a su
reunión. Eran judíos, miembros del pueblo elegido de Israel. Dentro de Israel
ellos eran los seguidores del camino de Jesús. Esperaban el reino de Dios
anunciado por Jesús. El reino no vino. Apareció más distante que lo previsto.
El concepto de reino de Dios fue transferido para el día en que se realizaría
realmente el fin de este mundo y el advenimiento del nuevo, esperado como gran
milagro de Dios. Aparecía un tiempo intermediario. Los discípulos no podían
esperar simplemente ese día bastante distante. Vivían en la tierra, la vida
terrestre continuaba. Fue necesario darse un nombre sobretodo cuando entraron
paganos convertidos y los discípulos se apartaron de la ortodoxia judaica.
Pablo dio a sus comunidades un nombre que era común a todas y
expresaba la unidad entre todas. Pablo adoptó el nombre de”ekklesía”. Era
genial porque esa palabra era muy significativa.
La palabra “ekklesía” tenía un solo significado. Era la asamblea
del pueblo reunido, del “demos”, para gobernar la ciudad. No tenía otro
significado. Tomando esa palabra Pablo sabía muy bien lo que hacía. No escogió
ningún nombre religioso. Había asociaciones religiosas de diversos tipos en
aquel tiempo en las ciudades griegas. Pero Pablo sabía que no venía a
establecer en la ciudad una religión, un culto. La religión, el culto no
interesaban. Para Pablo el culto de los discípulos de Jesús era su vida. Pablo
venía para llamar a todos para formar un pueblo. Las comunidades de una ciudad
representaban un pueblo, el pueblo de Dios en esa ciudad. Eran el verdadero
pueblo, formando el verdadero “demos” aunque fuesen todavía una minoría
insignificante. Pero Pablo miraba lejos con una fe invencible. Allí estaba el
pueblo, en esa asamblea de los discípulos que era la asamblea del pueblo.
Las comunidades eran un pueblo que formaba “ekklesía”, esto es se
gobernaban a sí mismo, sin jefes, sin personas que mandaban. Era la verdadera
realización del ideal griego de ciudad. Los discípulos formaban entre ellos una
auténtica “democracia” realizando el ideal nunca alcanzado por los griegos que
admitían la esclavitud y la división de clases.
La verdadera traducción de “ekklesía” debía ser “democracia”. En
cada ciudad los discípulos de Jesús forman una democracia. Sin embargo no hubo
traducciones: en latín tomaron la palabra griega que perdió su sentido: “ecclesia”,
lo que en castellano fue transformado en “iglesia”. La palabra “iglesia” no
significa nada, no dice nada. Se transformó en el nombre de una institución.
Quien está en la Iglesia católica puede percibir hasta qué punto nos alejamos de los
orígenes cristianos. Hoy quien considera que
la Iglesia es y debe ser una
democracia, será condenado como hereje. Estamos exactamente en el extremo
opuesto de las comunidades cristianas primitivas.
En la “democracia” cristiana todos eran iguales, todos podían
hablar, todos podían intervenir en las decisiones tomadas por la asamblea. Era
realmente el advenimiento de la libertad, el núcleo de un nuevo pueblo, de una
nueva humanidad. Las comunidades no se reunían para hacer un culto, para
practicar una religión, sino para convivir unos con los otros en la fraternidad
de un pueblo de iguales. Vivir juntos era la razón de esas reuniones. Había
naturalmente una comida en común porque vivir juntos es comer juntos.
Lo que más se aproxima a la “ekklesía” de los orígenes, fueron las
llamadas comunidades eclesiales de base, una realización de la cual no se tenía
más noticia desde la edad media aunque fuese realizada en ciertas iglesias
reformadas, sobretodo en Estados Unidos.
3.-
Los dones del Espíritu en las comunidades
La Iglesia, esta “democracia” forma una unidad, un solo cuerpo porque
es el cuerpo de Cristo. Cada uno es un órgano de Cristo. El propio Cristo
reúne todos sus miembros. Él une todos esos miembros por medio de los dones del
Espíritu que son diversos. Cada uno recibe un don del Espíritu. El don es una
capacidad para servir. Todos sirven a todos, todos están el servicio de todos.
Así es la unidad. La unidad es hecha por el Espíritu.
Pablo dejó tres listas de dones o servicios que llama
carismas. Las listas no son las mismas. No había catálogo oficial. Las
comunidades no debían ser la copia de un modelo uniforme.
1 Corintios 12, 8-10: “A uno, el Espíritu da el mensaje de
sabiduría; a otro, la palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro el
mismo Espíritu da la fe; a otro todavía, el único y mismo Espíritu concede el
don de las curaciones; a otro el poder de hacer milagros; a otro la profecía; a
otro, el discernimiento de los espíritus; a otro el don de hablar en lenguas; a
otro, el don de interpretarlas.”
1 Corintios 12, 28-30: “Aquellos que Dios estableció en
la Iglesia son, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas,
en tercer lugar, doctores. Vienen enseguida los dones de los milagros, de las
curaciones, de la asistencia, del gobierno y de hablar diversas lenguas”.
Romanos 12, 6-8: “Quien tiene el don de profecía, que lo
ejerza según la proporción de nuestra fe; quien tiene el don de servicio, lo
ejerza sirviendo, quien el de enseñanza, enseñando, quien el de exhortación,
exhortando. Aquel que distribuye sus bienes, que lo haga con simplicidad; aquel
que preside, con diligencia; aquel que ejerce misericordia, con alegría.”
No necesitamos aquí investigar cuál era el contenido concreto
de cada uno de estos dones. Lo que nos importa es que todos los miembros tienen
un papel en la comunidad. Si alguien preside, no es para mandar, sino para
reunir. En las comunidades paulinas nadie manda, ninguno impone. Se realiza lo
que dijo don Helder cuando llegó a Recife: aquí dos palabras son prohibidas:
Mandar y exigir.
Naturalmente esas comunidades eran pequeñas y no necesitaban de
mucha organización. Aparecían problemas, conflictos, rivalidades, pero esos
problemas no se resolvían por la imposición de un jefe.
Pablo siempre reivindicó su calidad de “apóstol” por haber sido
llamado por el propio Cristo, así como los Doce, aunque en circunstancias
diversas tienen autoridad para anunciar el evangelio. En su misión itinerante
fue el fundador de muchas comunidades. Él reivindica la autoridad del padre de
la comunidad, lo que le confiere una autoridad única.
Sin embargo, es importante ver como Pablo ejerce esa autoridad. No
manda, no impone. Tenemos un testimonio muy significativo en 2 Corintios. Como
es bien sabido, la 2 Corintios no es una sola carta, sino una colección de
cartas integradas en un conjunto. Es fácil reconocer las varias cartas. 2
Corintios contiene 5 cartas que todas se refieren a un incidente que ocurrió en
Corinto.
Cuando Pablo estaba en Éfeso, estalló una crisis en Corinto. Alguien
contestó la autoridad de Pablo y lideró un grupo de opositores ( 2 Corintios
2, 5-6). Pablo corrió a Corinto. La visita de él fue breve y no tuvo ningún
resultado. Por el contrario, el jefe de la oposición insultó al propio Pablo
y lo desafió abiertamente. Pablo prefirió retirarse y esperar mejores
condiciones para iniciar una estrategia diferente en vista a una
reconciliación.
Desde Éfeso, Pablo escribió una carta exhortando a los discípulos de Corinto a
reconciliarse con él. Esta carta está en 2 Corintios 2, 14 - 7, 4. Era una carta
de apología. No era la primera, porque en 2 Corintios 2,3.4.9 Pablo menciona
una carta escrita en lágrimas. Algunos pensaron que podía ser 2 Corintios 10-13,
pero esta no parece haber sido escrita con emociones tan fuertes. Si no es esa,
la carta en lágrimas está perdida. Con certeza la carta en lágrimas fue el
momento culminante de la crisis.
Entonces Pablo envió a Tito a Corinto para ver si él conseguía
resolver el problema, es decir, que los Coríntios reconociesen la autoridad
apostólica de Pablo. La misión de Tito fue un éxito total. Viajó para anunciar
esa noticia a Pablo. Este ya estaba tan impaciente que salió de Éfeso para ir al
encuentro de Tito. Ellos se encontraron en la Macedonia, probablemente en
Filipos. Pablo quedó tan alegre que escribió y mandó a los Coríntios la
carta de reconciliación, 2 Corintios 1,1 - 2,13; 7,5-16.
Una vez
hecha la reconciliación Pablo quiso retomar el asunto de la colecta para los
pobres de Jerusalén, lo que había sido una iniciativa de los Coríntios, pero
había sido abandonada cuando estalló el conflicto. Pablo mandó dos cartas para
hablar de esa colecta e insistir. Quiso exhortar a los Coríntios para
estimularlos. Son los capítulos 8 y 9 de 2 Corintios.
Este episodio es muy interesante. Pablo podía haber invocado su
carácter de apóstol para imponerse. Podía haber proferido una sentencia de
condenación a los rebeldes, o hasta de expulsión de la comunidad. Prefirió el
camino del diálogo con el fin de conseguir una reconciliación.
Hoy en día llama mucho la atención el hecho de que no hay ninguna
ordenación. Cada uno recibe su carisma directamente del Espíritu. El carisma es
aceptado porque el discípulo muestra su capacidad. Nadie es designado para un
oficio particular. La espontaneidad basta para resolver los problemas de la vida
comunitaria. No faltan los dones del Espíritu. Las comunidades eran pequeñas. No
había ninguna organización formal.
También llama la atención el hecho de que no hay ningún ministerio o
ningún carisma de tipo litúrgico o cultual. Hoy en día las ordenaciones y los
ministerios litúrgicos o cultuales ocupan el primer lugar en la Iglesia católica hasta el punto de apagar los dones de la comunidad.
En Corinto nadie fue ordenado para bautizar. Nadie fue ordenado o designado para
presidir la celebración de la eucaristía, ligadas a las comidas comunitarias.
Preside la eucaristía, o sea, distribuye el pan la persona que preside la
comida. Es la persona que en las comidas hace la oración de acción de gracias.
Esta situación corresponde al hecho de que no hay culto litúrgico en
las comunidades cristianas. Todo el culto del Antiguo Testamento desapareció y
fue sustituido por un culto hecho de realidad y no de símbolos. De ahora en
adelante el templo son los propios discípulos en su cuerpo. En ellos habita Dios
(1 Corintios 3,16-17)
No hay más sacrificios cultuales. Los sacrificios son la vida
corporal de los discípulos, sus actividades inspiradas por el Espíritu (Romanos
12,1; Filipenses 3,3). Sacerdotes son todos los discípulos que ofrecen su vida
de cada día vivida en su cuerpo.
No hay nada litúrgico. La liturgia es la
vida real... Más tarde la influencia del Antiguo Testamento y de las religiones
paganas hizo que los cristianos se diesen también un culto litúrgico hecho de
símbolos. Entonces van a aparecer ministros ordenados para ese culto. Después de
Constantino hubo un desarrollo radical de culto litúrgico y de sus ministros.
La Iglesia sé
clericalizó y los carismas desaparecieron, por lo menos de la conciencia de los
cristianos y de las estructuras oficiales de la Iglesia.. En el tiempo de Pablo
nadie imaginaba sacerdotes ordenados para un culto. Los ministerios eran
servicios reales parar la comunidad o para los pobres.
4.
La Iglesia pobre
El tema de la pobreza es fundamental en la eclesiología de Pablo.
Digamos luego que el tema de la Iglesia pobre de Pablo no tiene nada que ver con el tema
contemporáneo de la opción preferencial por los pobres. Quien hace opción por
los pobres sólo puede ser rico.
La Iglesia que hace esa opción,
es una Iglesia rica. Esta es de hecho la condición de la Iglesia católica hoy en día. Cuando los obispos de Medellín hicieron
opción por los pobres, sabían que eran ricos y representaban una Iglesia rica.
Querían responder al desafío que representa la condición de obispo rico que se
dice sucesor de apóstoles que eran pobres.
Pablo hace una larga exposición de ese tema de la pobreza en 1
Corintios 1,17 - 2,16 y 3,18 - 23. El tema de la pobreza está ligado al tema
de la cruz. Pablo anuncia Jesús crucificado y su eclesiología deriva de ese
tema básico. La pobreza suprema es la cruz. La cruz es la situación de la peor
degradación humana, es la total impotencia. Por eso ella es objeto de vergüenza.
Ser crucificado es la mayor vergüenza. Es el desprecio, el rechazo, objeto de
escarnio: la cruz reduce el ser humano a una basura.
Ahora bien, Dios escogió la cruz, la basura, el escándalo, la
vergüenza para crear la nueva humanidad. Esa cruz está presente en los pobres.
Dios escogió lo que es lo más despreciado en la humanidad. Por eso escogió a los
pobres. Los pobres son los elegidos para iniciar la caminata de la liberación de
la humanidad. Los pobres son escogidos porque son rechazados, maltratados,
reducidos a la impotencia. Dios escoge lo que es más débil para mostrar que su
fuerza actúa por medio de aquello que es “más débil”. La comunidad de Corinto
es un ejemplo de esa manifestación de su poder creador.. En Corinto hay pocos
ricos y la comunidad está hecha esencialmente de pobres.( 1 Corintios 1,26).
La Iglesia según s. Pablo es esa Iglesia de los pobres que era el
sueño de Juan XXIII.
Hay una insistencia especial en la pobreza cultural. Dios
rechazó la sabiduría de los sabios y escogió la locura de la cruz. Locura quiere
decir debilidad intelectual, pobreza de cultura. No necesitamos de la ayuda de
la filosofía griega. La verdadera sabiduría es la sabiduría de la cruz. Es la
sabiduría de los pobres.
Pero la pobreza es naturalmente también material. Tenemos una
descripción de esa pobreza material en la descripción que Pablo hace de su
vida. Pues él mismo en su misión fue una muestra de la sabiduría de la cruz.
“Estuve en medio de vosotros lleno de flaqueza, recelo y temblor; mi palabra y
mi predicación no tenían brillo ni artificios para seducir a los oyentes, pero
la demostración residía en el poder del Espíritu para que ustedes creyesen, no
por causa de la sabiduría de los hombres, sino por causa del poder de Dios” (1
Corintios 2,3-5) Ahora, he aquí la pobreza material: “Nosotros somos locos por
causa de Cristo; y ustedes, ¡cómo son prudentes en Cristo! ¡Nosotros somos
débiles, ustedes son fuertes! ¡Ustedes son bien considerados, nosotros somos
despreciados! Hasta ahora pasamos hambre, sed, frío y malos tratos, no tenemos
un lugar seguro para vivir; y nos agotamos, trabajando con nuestras propias
manos. Somos maldecidos, y bendecimos; perseguidos, y soportamos; calumniados, y
consolamos. Hasta hoy somos considerados como la basura del mundo, el estiércol
del universo”
(1 Corintios
4-10-13; cmp. 2 Corintios 11,16-12,10).
Si consideramos los 2000
años de la historia de la Iglesia, ¡cómo no quedar asustados por la enorme
distancia que nos separa de los orígenes! A pesar de todo, siempre hubo un
resto, una pequeña minoría que fue fiel a los orígenes y comunidades pobres que
oyeron el mensaje de locura de la cruz. Al lado de ellos hubo tanta riqueza,
tanto poder que ocultaban el evangelio!
En la conquista de América hubo algunos misioneros que reprodujeron
el modelo de Pablo: los dominicanos de la isla Española, los franciscanos de
México central, los jesuitas de las misiones guaraníes. Al lado de eso, todo el
poder y la riqueza de una Iglesia ligada a los conquistadores. Hasta hoy,
cuántas tentaciones de poder!
Se habla de una gran misión en América latina. Pero esta Iglesia que
somos ahora, ¿qué puede anunciar a las masas pobres de América latina? ¿Qué
autoridad tiene esa Iglesia que busca tanto el poder? La gran misión sólo
podría ser una gran conversión de la Iglesia. Esa conversión sería obra de los pobres de América latina.
La Iglesia no tiene nada que enseñar y todo por aprender. La verdadera
Iglesia está en medio de los pobres como Iglesia crucificada, sin sabiduría
humana, sin prestigio, sin edificios, sin teología, sin diplomas universitarios,
realmente el estiércol del mundo, ignorada y despreciada. Allí está la cruz de
Cristo que nosotros no sabemos enseñar.
Esta es la gran lección que nos viene de s. Pablo. ¡Es una locura,
pero podemos tratar de ser locos!
José
Comblin