El cardenal arzobispo de Bruselas,
Gofried Danneels, dijo que el proceso de beatificación de Juan Pablo
II debía respetar el "procedimiento normal" y no gozar de "carriles
preferenciales". Para que el proceso no tenga sobre de dudas ante la
opinión pública mundial.El
purpurado lo dijo en una entrevista a la revista católica 30 giorni,
que la publicó el viernes, en víspera de la firma de un decreto que
establece las "virtudes heroicas" de Juan Pablo II, ulterior paso hacia
el acceso a los altares, siguiendo los procedimientos vaticanos
estipulados por la Congregación de los Santos.
"Si el proceso avanza rápidamente -dijo
el cardenal-, esto ya va bien, pero la santidad no necesita pasar por
carriles preferenciales. El Papa es un bautizado como todos los
demás. Por esto, el procedimiento de beatificación debería ser la que
está prevista para todos los bautizados". Señaló el respetado y querido
Arzobispo de Bruselas.
"No me gustó -siguió monseñor Danneels-
el grito de 'santo súbito', que se oyó en la plaza de San Pedro durante
los funerales (de Juan Pablo II, ndr). Tiempo atrás se dijo que se
trataba de una iniciativa organizada, lo que es inaceptable. Crear
una beatificación por aclamación, pero no espontánea, es inaceptable".
Las declaraciones del cardenal belga han
producido variadas reacciones en Roma y otras capitales europeas.
"Evidentemente, habla de cosas que no sabe y de un proceso que no
conoce", le replica el cardenal de Cracovia, Stanislao Dziwicsz,
histórico secretario personal del Papa Wojtyla, hecho cardenal
rápidamente una vez que Juan Pablo II murió, nombramiento que también no
estuvo exento de fuertes críticas. La pregunta era: ¿Sólo por ser
secretario del Papa, se le concede el capelo cardenalicio?
En aras de la verdad, como indica la
reflexión del cardenal belga, es recomendable y sano para todo católico
recordar que durante el pontificado de Juan Pablo II fueron innumerables
las sanciones y condenas contra teólogos morales norteamericanos,
teólogos dogmáticos europeos, teólogos asiáticos por el diálogo entre
las religiones y la verdadera persecución y exclusión que
sufrieron durante ese largo período los teólogos de la liberación de
Iberoamérica.
Finalmente, desde Latinoamérica todavía
se escuchan las voces de las Comunidades Cristianas de Base y de no
pocos obispos -fieles al Concilio- que esperan con suma paciencia que el
Vaticano, oficialmente, reconozca como tal a San Romero de América…Acribillado
mientras celebraba la Eucaristía.
Eso espera, en justicia, el pueblo
cristiano humilde, alejado del poder y boato que hoy sustentan grupos
católicos -como el Opus Dei y Legionarios de Cristo-
que a pesar de sus escándalos de variado cuño fueron los predilectos y
protegidos a ultranza del mediático Papa Juan Pablo II.
RD / Agencias en Roma /
R. y L.