
Canadá ha
recibido varios “premios fósiles” de parte de las ONG en Copenhague. El ministro
del medio ambiente, Jim Prentice, no quiso seguir la ola Copenhague.
Líder del grupo ecológico Equiterre, Steven Guilbeault comentó:
“Sin embargo, si hay un país que
necesita ser llevado por semejante ola, es Canadá. Canadá tiene uno de los
peores balances en materia de lucha contra los cambios climáticos es una de las
peores posturas en la negociación. Al aferrarse así a sus posturas es pura
arrogancia. Desde años atrás, Canadá utiliza la excusa de los países emergentes
que no se implican para no comprometerse. Hoy, África del Sur hizo conocer sus
blancos, después de China, Brasil y la India. Todos estos países se comprometen.
Mientras tanto Canadá queda sentado sin hacer nada. Es el único país que queda
aferrado a sus posturas. Así llega a aislarse cada vez más.”
De ahí mi comentario navideño
en estos tiempos oscuros para la humanidad.
Evangelio de Mateo, capítulos
1 y 2.
En Génesis, la Energía
divina, el Verbo, se despliega sobre el caos primitivo, haciendo aparecer la luz
y luego organizando el mundo día tras día sobre los dos pilares de lajusticia y
del derecho. Hablamos aquí con el lenguaje de la poesía al soñar con hacer de la
tierra un paraíso, un remanso de harmonía. En su relato de Navidad, Mateo
describe la emergencia de una nueva creación y empieza así su evangelio:
libro del génesis de Jesús. Aparece la esperanza de un mundo
nuevo.
Navidad ocurre en la noche.
La noche es el caos: “la
tierra era pura confusión, unas tinieblas frente al abismo” (Gn1,2) Las
profecías de los científicos advierten que nos queda muy poco tiempo para evitar
una catástrofe ecológica irreversible, pero lejos de ser sabios, los dirigentes
poderosos impiden que se concluyan las discusiones con acciones eficaces y
enérgicas. Vacilan negándose a poner de lado sus intereses mezquinos inmediatos.
Tinieblas en Afganistán, en
Irak, en Chechenia, en Colombia, en Haití, en Gaza y en la tierra ocupada y
violada de Palestina, en el Kivu del Congo o en Sudán, donde transnacionales
mineras, imperios económicos y grupos delincuentes violan a mujeres, matan a
campesinos, queman pueblos: estamos en la noche de los gases de invernadero, de
la contaminación de los océanos, de la hambruna generalizada, de la falta de
agua potable y del desempleo endémico. Si, en verdad, ¡nuestra tierra es pura
confusión! Hoy como ayer Herodes continúa matando a inocentes para salvar su
corona. Eric Fromm, al momento de morir, preguntaba a un amigo: “¿Por qué será
que la raza humana prefiere la necrofilia a la biofilia? “ ¿Por qué preferimos
el amor a la muerte antes que el amor a la vida?
El caos del mundo descrito por Mateo tras una lista de cuarenta y dos
generaciones, desde Abrahán hasta José, el esposo de María, es la historia
humana llena de vida y de gracia tanto como de muertes y extravíos, de errores y
exilios. Una historia patriarcal donde mujeres apegadas a la vida se han
perpetuado con picardía e inteligencia, fieles al Dios de la vida. Tamar;
la incestuosa, Rajab; la prostituta, Rut; la extranjera,
Betsabé, la mujer de Urías, tomada por David quien luego asesinó a su marido
y la última, Miriam de Nazaret; embarazada fuera del matrimonio: todas
estas han permitido a la humanidad de continuar avanzando fuera de las normas
dominantes. Gracias a esas mujeres, la llegada del Mesías fue posible.
¡Noche
santa!
Santa es en verdad esa noche
caótica, porque un nuevo mundo aparece con una pareja originaria, igual que en
Génesis. Pero esta vez, el hombre y la mujer, en oposición a Adán y Eva,
obedecen a Dios; Mateo subraya que José era un hombre justo, derecho. La nueva
humanidad tendrá hambre y sed de justicia. Nuestro mundo cuenta con mucha gente
como María y José, personas que sueñan con otro mundo posible y
dedican su vida a la compasión, a la justicia social, a la defensa de la vida y
del planeta. Esa gente cree que se puede reconstruir un mundo nuevo después de
un genocidio, una guerra destructora, una hambruna, una crisis económica.
Noche santa donde Dios
habla en la intimidad de nuestros sueños, un Dios sumido en las profundidades de
la psiquis, más íntimo a nosotros que nosotros mismos. Mientras duerme, José
sueña que el niño será el liberador de su pueblo por la Energía divina. “Hace
falta fundamentalmente considerar al hombre de otra manera que solamente “nacido
de la tierra”… Somos los hijos de la luz y del viento, nacidos libres,
atravesados por el soplo divino, seres iluminados por la consciencia sin
límites, cercanos al misterio invisible del cielo, el ser más sublime en
sustancia que pudo aparecer en la tierra” (Eugen Drewermann, De la naissance des
dieux a la naissance du Christ, p.85)
El milagro de Navidad
Noche santa, donde aparece la estrella en un cielo nuevo, destinada a guiar los
pasos de las y los que buscan une tierra nueva. Aquellos astrólogos ricos
venidos de los confines del mundo emprenden una larga caminata siguiendo la
estrella, inmovilizándose a veces por largos periodos cuando la luz desaparece,
buscadores de Dios en procura de luz y sabiduría, testarudos de esperanza.
Y ¿dónde les lleva la estrella? A la casa de una madre y su pequeñuelo.
Allí entran los grandes de este mundo, se arrodillan delante del pequeño nacido
de la mujer, inclinándose delante de la vida nueva y abren sus tesoros: todo es
para el pequeño. En la casa de Jesús, los grandes se rebajan y se ponen
al servicio del más pequeño, despojándose de sus riquezas de oro, renunciando al
incienso de su gloria y al perfume de su grandeza.
Los poderosos de nuestro mundo deberían dejarse inspirar por estos textos cuando
se reúnen, dizque para decidir de la suerte del planeta. Acaso tendremos la
suerte de observar a unos sabios inclinarse delante de los niños pobres y
reconocer en aquellos los reyes del mundo que viene. ¿Acaso podemos salvar al
mundo todavía? Claro que sí, yes we can! “El pueblo que andaba en la
oscuridad vio una gran luz; una luz ha brillado para los que vivían en
tinieblas” (Isaías, 9,2)
Claude Lacaille, p.m.é.
Trois-Rivières, Qc, Canadâ
a 21 de Diciembre 2009.