
Llega la solemnidad de Epifanía. Comenzaré la
homilía recordando que los “tres reyes magos” del imaginario popular ni son
tres, ni reyes , ni prestidigitadores magos…Los peregrinos de Oriente simbolizan
una Navidad subversiva y una Epifanía crítica.
Como recientemente los fundamentalistas hispánicos (desde las “cigueñas”
hasta los pseudo-info-católicos, pasando por algún mitrado desinformado)
insisten en sus lecturas literalistas, pre-críticas y dogmatizantes de la
Biblia, reproduciré de nuevo, como referencia hermenéutica, este post de años
anteriores, recogido actualmente en el libro recién publicado por editorial
Nueva Utopía: Vivir en la frontera.
Repensemos el día de los “Reyes Magos”. Acostumbrados a contar la
“Adoración de los Magos” infantilizando el relato en nuestras homilías, se nos
escapa su fuerza revulsiva para estimular la fe adulta, actualizada y
liberadora. Los peregrinos de Oriente (ni tres, ni reyes, ni magos) simbolizan
una Navidad subversiva y una Epifanía crítica.
Reto 1: ¿Dónde y a quiénes se manifiesta Jesús? En Belén, no en
Jerusalén. A los de fuera, antes que a los de dentro. Hallan al Salvador unos
peregrinos extranjeros, antes que y en vez de Herodes y los pontífices,
representantes del poder político y religioso.
Reto 2: Contraste con los pastores. No tienen que moverse mucho los
pastores para encontrar a Jesús, que se manifiesta donde está el pueblo
sencillo. Si Herodes y los pontífices quisieran encontrarlo, tendrían que salir
de sus palacios y capital, viajar y abajarse hasta la aldea. ¿Dónde estamos
nosotros? ¿Está nuestra Iglesia con los pobres pastores o con los pontífices
engalanados y mitrados?
Reto 3: Ofrenda de oro e incienso. El evangelista pone del revés un
himno nacionalista. Se decía (en tono de “nacional-religionismo”): “Vendrán de
todas partes a Jerusalén trayendo oro e incienso”. Mateo da la vuelta a ese
exclusivismo centralista: en vez de acudir de todas partes a la capital, hay que
salir de ella y de cuanto ella representa. En vez de ofrecer oro e incienso en
palacios reales, será en una casa sencilla de aldea, donde un joven matrimonio
corriente acuna al bebé recién engendrado por ellos como su primogénito.
Reto 4: La estrella. Se decía: “La estrella vendrá a Jerusalén”. Según
Mateo, al llegar a Jerusalén se oculta. Luces de consumo en la capital
encandilan, no se ve cielo estrellado. La Palabra nos saca de los centros del
poder, el dinero, la propaganda y la evasión. No es Jerusalén, sino la aldea, el
centro de la historia, al que apunta una estrella (hacen falta ojos de honradez
y poesía para percibirla). No brilla en la Casa Blanca o Bruselas, en Moncloa o
en San Pedro, en los Campos Elíseos o en la Almudena… sino en medio del
Atlántico sobre unos cayucos…
Reto 5: Encuentran al niño con María, su madre. En una época y
sociedad en que la mujer no contaba, donde todo lo era el padre, al que se solía
mencionar primero, Mateo pone a María por delante. Sin comentarios…
Reto 6: Preguntan por el rey de los judíos. Irónica y paradójicamente,
un rey sin poder real. Predicará un reino sin fronteras. Su reino no será de
este mundo, pero sí para liberar a este mundo y construirse en este mundo. Jesús
romperá el muro entre los de dentro y los de fuera, rechazará el exclusivismo de
pueblo escogido. ¿Por qué ha de preocuparle hoy a su iglesia tener peso e
influjo social o ser poder fáctico en la sociedad? Más vale trabajar por
construir en este mundo (pero no al estilo de este mundo) el reinado sin
fronteras, las “redes cristianas” de Jesús, para pescar vivas a las personas
para la Vida…
Reto 7: Volved por otro sendero, se dice a los peregrinos. Para que no
crean ingenuamente que se construye el Reino de los cielos haciendo compromisos
político-diplomáticos (acuerdos o concordatos para asegurar financiación que
ata, o buscar éxitos masivos de asambleas JMJ con la ayuda financiera de los
poderes bancarios) con Herodoes y los pontífices. Que no negocie la Iglesia con
los poderes como si fuera uno de ellos (¡recapaciten en Caja Sur…!.) Que seamos
minoría humilde, voz de los sin voz, liberada y liberadora con la fuerza del
Evangelio. Y retornar a casa por otro camino, sin entrar al trapo en el
juego de Herodes, ni para negociar con él, ni para atacarle… Por el camino
encontraremos acompañantes de la “cuarta vía”, venidos de Oriente y Occidente,
ecumenismo sin fronteras en la era de las espiritualidades unidas.
Tales son los siete retos de ese pasaje, que no es cuento y leche fácilmente
digerible para la infantilidad, sino manjar fuerte para la adultez creyente.
Que nos ayude Mateo a redescubrir lo subversivo de la Navidad, lo crítico de la
Epifanía, la fuerza liberadora de los peregrinos de Oriente.
Juan Masía es Jesuita, Teólogo y
experto en Bioética.