
Presentamos este oportuno texto del Padre Obispo de Ancud, Mons. Juan María
Agurto, en medio de la tragedia que afecta a nuestro país y, que hace enormes
esfuerzos por superarla con trabajo solidario y esperanza cristiana.
Queridos
hermanos y hermanas;
En nuestra diócesis como en el todo el país, estamos conmovidos por las
consecuencias dolorosas que tantos hermanos y hermanas han sufrido por el
tremendo terremoto en la zona centro sur de nuestro patria. Una vez más
experimentamos la fragilidad de nuestra existencia humana, y la necesidad de
encontrar nuestra fortaleza en Jesucristo que compartió nuestra debilidad hasta
la muerte en cruz, para darnos esperanza de vida nueva que surge de su poderosa
resurrección.
Por esto, una y otra vez, nos animamos a seguir luchando para salir adelante.
Reaccionamos activando en cada uno y como pueblo, la fuerza de la solidaridad
que surge del amor que Dios ha puesto en nuestros corazones, y sabiendo que el
Amor es más fuerte que la muerte y toda destrucción.
Nuestros hermanos necesitan y necesitarán de nuestra ayuda concreta y generosa
para levantar sus vidas y sus casas. Felicitamos y agradecemos a aquellos que ya
están cooperando a través de organizaciones civiles y de sus comunidades
parroquiales con alimentos, dinero y hasta donando su sangre. En medio de todo
lo negativo de las informaciones que recibimos, recogemos el ejemplo de tantos
hermanas y hermanos generosos, voluntarios y dispuestos a ayudar.
Los animamos a hacer nuevos esfuerzos, cooperando sobretodo con aportes de
dinero en la colecta de las misas de este sábado 6 y domingo 7 de marzo. A
través de las parroquias y del obispado haremos llegar lo recolectado a los
organismos centrales de Caritas Chile que destinarán las ayudas a las personas
concretas y necesitadas.
También queremos alentar para que la campaña de cuaresma de fraternidad de este
año sea otro modo concreto de solidarizar con nuestros hermanos, sabiendo que
destinaremos lo recolectado para ir en ayuda de ellos. El proceso de
reconstrucción será extenso y se necesitará el aporte de todos. En estas y otras
acciones estaremos en coordinación con las iniciativas de la Conferencia
Episcopal de Chile y Caritas.
En Chiloé por la experiencia del terremoto del año 1960, sabemos lo que
significa el dolor, las necesidades y también la fortaleza que trae la cercanía
y solidaridad de los otros hermanos. Debemos “dar hasta que duela” como aprendió
y enseñó San Albero Hurtado, siguiendo a Jesucristo.
Los creyentes sabemos que también la fuerza de la oración debe ayudarnos a
consolar y fortalecer desde la distancia, a aquellos miles de hermanos que lo
necesitan. Par esto, los invito a redoblar nuestra oración inspirada en la
palabra del Señor como aprendemos del Salmo 46:
“Dios es nuestro refugio y fortaleza, un socorro oportuno en nuestra
angustia.
Por eso, si hay temblor, no tememos, o si al fondo del mar caen los montes;
aunque sus aguas hiervan y se agiten y los montes, a su ímpetu, retiemblen.
Con nosotros está Dios, el Señor, es el Dios de Israel nuestra defensa.”
Con cariño de pastor, les saludo y bendigo en el nombre del Señor y de Santa
María, madre que acompañó a su hijo en el dolor de la cruz.
+ Juan María Agurto Muñoz osm
Padre Obispo
Ancud, 04 de Marzo del 2010