
En esta hora de profundo dolor que vive nuestro pueblo por la reciente
catástrofe sísmica que asoló a gran parte de nuestra querida y amada patria,
hago llegar con sentido y fraternal afecto un saludo lleno de paz y esperanza en
el Día internacional de la Mujer a cada una de las mujeres de nuestro país.
Que con renovado esfuerzo entregan lo mejor de sí en cada uno de los reoles que les toca asumir, como madres
de familia, hijas, esposas, profesionales, trabajadoras en distintas fuerzas
laborales, estudiantes, mujeres consagradas, laicas comprometidas, buscando con
esperanza y perseverancia la construcción de un mundo mejor, más justo y más
equitativo para todos. Hoy más que nunca, su valentía y su estoicismo están
siendo puestos a prueba, ante tanto sufrimiento y desconcierto humano. La mujer
chilena, en su mayoría, es una mujer de profunda fe, creyente en un Dios que no
abandona, que es infinitamente misericordioso y en Él apoya su vida y su
esperanza. A través de la historia de nuestra patria podemos encontrar tantos
ejemplos de valerosas mujeres y con profundas raíces cristianas que aportaron, a
riesgo de su propia vida, su temple y coraje, para construir la Patria que
soñaban. Hoy, ese mismo espíritu y esa misma esperanza puesta en el Señor de la
Vida, debe animar a cada mujer de nuestro pueblo a entregar, cual discípulas
misioneras de Jesucristo, su valioso aporte como trabajadora, profesional o
consagrada, como asimismo, asumiendo su indelegable papel de madre, en esta mesa
forjada para acoger a todos sus hijos con dignidad, equidad, respeto y
fraternidad, y que cimentada en los valores del Evangelio, haga realidad el
lema: “Mujer, Chile es tu Mesa” y con el esfuerzo mancomunado de todos podamos
reconstruir, una vez más, nuestro querido Chile.
Que el Señor nos enseñe cada día a valorar y respetar más a la mujer y ella
misma también reconozca en sí misma los dones y gracias que el Señor ha puesto
en ella y dignifique su ser, y a ejemplo de María Santísima proyecte en su
entorno y en la sociedad, especialmente de nuestra patria, la verdadera imagen y
semejanza con la cual Dios mismo la creó.
No puedo dejar de enviar un especial mensaje a aquellas mujeres de nuestra
patria, que hoy lloran la pérdida de algún ser querido o de sus bienes
materiales que con tanto esfuerzo lograron a través de largos años de honesto
trabajo. Para las que tienen el don de la fe, recuerden que Cristo es nuestra
fortaleza y esperanza y para aquellas mujeres que no lo tienen, pero que son
personas de buena voluntad, generosas y abnegadas, que la fraternidad, la
amistad y el amor del prójimo les ayude a encontrar la paz en su corazón.
Al terminar, quiero recordar las palabras de S.S. Juan Pablo II, expresadas en
la carta apostólica “Dignidad de la Mujer”: “La presente reflexión, que llega
ahora a su fin, está orientada a reconocer desde el interior del "don de Dios"
lo que Él, creador y redentor, confía a la mujer, a toda mujer. En el Espíritu
de Cristo ella puede descubrir el significado pleno de su femineidad y, de esta
manera, disponerse al "don sincero de sí misma" a los demás, y de este modo
encontrarse a sí misma.
En el Año Mariano la Iglesia desea dar gracias a la Santísima Trinidad por el
"misterio de la mujer" y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna
de su dignidad femenina, por las "maravillas de Dios", que en la historia de la
humanidad se han cumplido en ella y por medio de ella. En definitiva, ¿no se ha
obrado en ella y por medio de ella lo más grande que existe en la historia del
hombre sobre la tierra, es decir, el acontecimiento de que Dios mismo se ha
hecho hombre?..”
Con fraternal afecto, les quiere y bendice,
† Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua
Presidente
Conferencia Episcopal de Chile