|Martes, Febrero 18, 2020
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Encuentro Provincial de jóvenes SSCC 

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El martes 29 se celebró la Eucaristía de clausura de este gran Encuentro Provincial de jóvenes SS.CC. Nos quedamos con imágenes impactantes de lo que fue esta experiencia por varios motivos. Es la primera vez que se reúnen jóvenes de todas las experiencias pastorales de la Congregación; colegios, parroquias, cepejotas, egresados, tanto de las hermanos como de los hermanas ss.cc. y además vivido en las calles y no en recinto de jornadas o retiros.

Se hicieron notar. No fue lo mismo para la gente de estos barrios mirar a esa cantidad de jóvenes contentos, celebrando la vida sanamente y felices. Una gran noticia sin duda. De esas que no salen en los medios de comunicación.

En la misa de clausura, el provincial Alex Vigueras ss.cc. pidió a los jóvenes que al llegar a sus casas se dieran el tiempo para contar a su familia y amigos lo que vivieron, esa es la primera forma del “anunciar” del carisma SS.CC. En su homilía, centrada en las bienaventuranzas, insistió que la verdadera felicidad consiste en trabajar por lo que creemos, aunque no veamos ahora los frutos. Por eso, dijo, “el Evangelio nos habla que la felicidad está en la sed de justicia y en la búsqueda de la paz. ¡Felices! porque eso tiene sentido en sí mismo. Es un camino de felicidad para otros, no solo para mi, por eso la búsqueda de la justicia y de la paz, es para que todos la disfrutemos. Hemos vivido más que un Encuentro Provincial. A veces uno anda buscando formas extraordinarias de experimentar a Dios. Pero ese gozo de estar juntos, de cantar, es la forma más poderosa y sencilla a la vez de estar con él, porque ha sido profundo. Cuando se sientan desganados, o pierdan la esperanza, vuelvan a conectarse con lo que vivieron estos días. Así de simple y profunda es la felicidad del evangelio”.

En el momento inicial de la Eucaristía se leyó el manifiesto que surgió a través del trabajo en grupos en distintos temas de actualidad, el cual compartimos aquí.

Manifiesto

El 26 de diciembre iniciamos un camino de encuentros y re-encuentros muy hermoso, donde cerca de 600 jóvenes de las obras pastorales de la Congregación de los Sagrados Corazones de distintos lugares de Chile y de Argentina, de los hermanos y de las hermanas, nos reunimos en la zona sur de Santiago, en las parroquias San Pedro y San Pablo y Damián de Molokai. Nos ha permitido beber juntos del carisma de los Sagrados Corazones desde nuestro ser jóvenes bajo el lema Contemplar, Vivir y Anunciar al mundo el amor de Dios encarnado en Jesús y lo hemos hecho a través de múltiples actividades e instancias de reflexión, participación, juego, canto, oración y mucho compartir. Ha sido un regalo y estamos llenos de gratitud y alegría.

En estas líneas que escribimos a continuación recogemos algunas de las reflexiones que brotan de nuestra mirada de la realidad y del modo como quisiéramos comprometernos en ella animados por este carisma que se nos ha regalado.

Creemos que la sociedad actual está marcada por la importancia de las redes sociales y, a la vez, la impotencia de ser espectadores desde nuestra zona de confort. La controversia de un mundo que cambia constantemente en un contexto de desigualdad, miedo y violencia frente a lo cual nosotros tenemos la oportunidad de sorprendernos y actuar, siendo testigos de cada una de las vivencias e involucrarnos en ellas desde nuestra vocación, entregándonos por completo.

Nos preguntamos ¿cómo anunciar el amor de Dios en este mundo marcado por la tecnología? Podemos usar la inteligencia para mejorar la tecnología buscando una solución que beneficie a todos los seres vivientes en el respeto de la naturaleza. Nosotros soñamos con anunciar al mundo el amor de Dios viviendo y comprendiendo que fe y ciencia van juntas, integradas en la búsqueda de la verdad.

Para todo ello debemos escucharnos, ser responsables con el amor y la humanidad desde la sencillez de una sonrisa hasta la lucha contra la deforestación. Vivir nuestra libertad junto a la libertad de los otros dejando atrás el individualismo. Acompañando la libertad de los otros. Sabiendo que nos podemos hacer daño, luchar contra la violencia provoca muertes y rescatar la vida.

Creemos que como jóvenes de los ss.cc anunciamos el amor de Dios en la educación aplicando un cambio que considere todas las realidades, motivando un diálogo que no discrimine, que no se conforme ante injusticias y que sea siempre activo. Y así con los conocimientos recibidos buscar nuestra vocación para el servicio de la sociedad, centrándonos en quienes más nos necesitan.

Para encontrar la vocación debemos estar acompañados de otros y ser capaces de tomar riesgos. Para poder desarrollar la vocación debemos conectarnos con aquello que nos da alegría y felicidad. Debemos sentirnos parte de un todo. Sentir a los otros para así darle más sentido a la propia vocación, la que no es solo para mí, sino para ser entregada a otros.

En Jesús, la religión se convierte en algo humano y humanizador. Así, reconocemos que Dios se hace presente en el ser humano y que el espíritu actúa en todos. Por eso la invitación es a ser humildes y abiertos a otras realidades y creencias. Por otro lado, el mensaje es indudablemente de alegría y esperanza, lo que se debe reflejar en el modo de comunicarlo.

El arte, la política y la participación ciudadana también son caminos para anunciar el amor de Dios. Hoy necesitamos anunciar de una manera crítica, que plasme la sencillez y los verdaderos valores cristianos de manera juvenil y novedosa. Ir a las calles, a las manifestaciones culturales, a las plazas, a la vida de la gente.

Estamos en un momento clave, eso es lo que sentimos, el momento es ahora. Estamos en una época de cambios, pero a la vez, los cambios vienen y no debemos ser ajenos a ello. El camino para esto, como hemos reflexionado, es contemplar, vivir y anunciar el amor de Dios encarnado en Jesús. Contemplar con él y como él la pobreza, la política, la economía, las distintas realidades culturales, la violencia, la ecología, la tecnología y todo lo que somos y todo lo que nos rodea. Detenernos a contemplar al resto y a nosotros mismos, entendiendo que necesitamos de los otros y que los demás también nos necesitan. Y luego, vivir, ser empáticos, ponerse de verdad en el lugar del otro, reconociendo así nuestra propia identidad en el encuentro con el otro. Al contemplar y vivir nos hacemos parte unos de otros y eso nos ayuda a descubrirnos a nosotros mismos y a construir nuestra propia identidad. Es, al la vez, un despertar y un legitimar al otro.

Esto produce un cambio en nosotros, un chispazo, en ocasiones una indignación, eso nos abre a la posibilidad de cambiar la situación. Esto es lo que entendemos por anunciar, con gestos y palabras, al modo de Jesús.

Comunicaciones SS.CC.  –  Provincia Chilena

www.reflexionyliberacion.cl

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