|Miércoles, Octubre 16, 2019
You are here: Home » Temas de Sociedad » Entrevista a Jaime Coiro, Sec. de la Conferencia Episcopal de Chile

Entrevista a Jaime Coiro, Sec. de la Conferencia Episcopal de Chile 

news_79x5b47vi37gqjs

El periodista y diácono Jaime Coiro es el principal responsable de la comunicación institucional dentro de la jerarquía de la Iglesia Católica. Fue profesor en la Escuela de Periodismo de su alma máter, la Universidad Católica, y editor general de Radio Chilena durante 10 años. Hoy es el vocero y nuevo secretario general adjunto de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Sigue, sin embargo, como director de la Oficina de Prensa y Comunicaciones de la misma institución.
Jaime Coiro aclara que su labor ha estado enfocada en proveer de una “mirada comunicativa más estratégica” a la vinculación de la Iglesia con la sociedad. “No sólo sacar fotocopias y mandar fax con los nombramientos”, afirma.
Además, señala que como Departamento de Comunicaciones de la CECh, aparte de mantener una relación activa con la prensa, están preocupados de sus propios medios: el sitio web iglesia.cl, la revista Servicio y un programa radial -“Sembrando”- que se transmite a 120 radios en todo el país.
”Hemos tratado de poner una mirada que combine adecuadamente estrategias generales, y esto ha sido nuestro principal desafío, con el evangelio y las orientaciones pastorales de la CECh”, dice.
—Algunos sectores de la Iglesia prefieren mantener silencio ante a la prensa. ¿Se debe a una falta de confianza en los medios o es parte de una política de confidencialidad? 
El silencio ante la prensa no tiene que ver con el secreto, sino con la desconfianza. Porque la relación con la prensa no se cultiva, en mi opinión, desde el supuesto que debo responder cada vez que me preguntan algo. En nuestro caso, lo consideramos como una relación de personas que están haciendo su trabajo y, en consecuencia, si tengo alguna noticia que comunicar debo tener una relación permanente con los medios. Pero, cuando te ves obligado a responder o no responder, el silencio es producto de que no hay una relación de confianza. Sin embargo, a veces es necesario ese silencio, en especial cuando no estás en condiciones de hablar o no tienes nada que aportar.
—¿Cómo se recupera esa confianza?
En la medida en que se cicatrizan las heridas. Para la Iglesia Católica hay heridas por reparar en varios planos, la más lacerante ha sido el drama de las personas que han sido abusadas. Pero hay otras, y una de esas es la relación con la prensa.
—En los medios se han filtrado correos electrónicos, videos y documentos que involucran a la Iglesia Católica. ¿Cómo evalúas el tratamiento de esa información en la prensa nacional?
Lo que más me avergüenza de mi gremio, en algunas ocasiones, es el tema de la calidad. No tener un mínimo de profesionalismo en chequear nombres, apellidos, cargos y datos. Tirar información al boleo y descansar tanto en fuentes anónimas. Desde ahí que nace nuestra preocupación interna por las filtraciones. Se han publicado cuestiones que han sido dichas en reuniones donde participaron 15 personas con nombre y apellido, entonces eso es preocupante.
—¿Qué mea culpa hacen ustedes al respecto?
Por lo menos dentro de la CECh tratamos de aplicar nuestra política de comunicación. En otras palabras, que desde el secretario general hasta el último de los servidores: son un público privilegiado para nosotros. Si vamos a tener una noticia importante para mañana, probablemente ellos lo sepan por nosotros y no por los diarios.
—Pero ¿cuál es la base del problema a nivel institucional cuando no se respetan los canales internos y hay filtraciones?
El problema está en que nos cuesta relacionarnos con la persona que ejerce la autoridad, no la vemos como un servidor, sino como alguien que le fue concedido ese poder y no lo quiere soltar. Esa percepción perjudica las relaciones humanas. Cuando hay un problema y es tratado entre pares, es decir, que en una misma mesa se siente el equipo de trabajo completo, desde el señor del aseo hasta el obispo… te va dar garantía que el espíritu comunitario que ahí se teje es de confianza. Y eso, para nosotros, significa conversar y tratar en su momento cada asunto.
—Mencionabas ciertos errores de la práctica periodística que te avergonzaban. ¿Consideras que en Chile falta prensa especializada en temas de Iglesia?
Más allá de que haya o no haya prensa especializada, existe un problema de cultura periodística. Si soy reportero, me mandan a cubrir un tema económico y no le pego mucho a esa área… tendré que saber hacer igual las preguntas suficientes y para eso debo  documentarme. Existe Google. Por tanto, llegar a una conferencia de prensa nuestra y no saber que es la CECh a mí me parece una falta de profesionalismo salvaje. Entonces, los obispos y otras fuentes oficiales de Iglesia se enojan con la ignorancia de algunos de mis colegas, y con justa razón si no hacen bien su trabajo. No obstante, eso no justifica ni el silencio, el secreto, no dar entrevistas, o tratar mal a la prensa.
—Sobre la relación de la Iglesia Católica con los medios de comunicación, ¿cómo cambió esta después de la publicación del reportaje de TVN que denunció los abusos de Fernando Karadima?
Claramente hubo un antes y un después. Con este reportaje nos tuvimos que replantear nuestro rol en la sociedad, ya que éramos considerada una Iglesia de los privilegios. Y eso permitió visualizar un elenco de situaciones en que veníamos haciendo mal las cosas: nuestra relación con el poder, el dinero, el género femenino y la responsabilidad de los laicos. Fue un tiempo trágico y doloroso, y que nos puso a prueba.
—Cuando la denuncia contra Fernando Karadima se hace pública, ¿qué medidas aconsejaron, como departamento de comunicaciones, a la Conferencia Episcopal para enfrentar el impacto mediático del caso?
Lo primero fue establecer instancias de diálogo y escucha. El momento era tan crítico que debíamos ser capaces  de hacer que la gente conversara y  se escuchara. En ese tiempo no teníamos colaboradores institucionales, pero muchos laicos nos ayudaron dándonos consejos, y eso significó aprender a recibir críticas. Más aún, en una institución donde es mejor vista la adulación que la crítica.
—¿Dónde consideras tú que estuvo el foco de la prensa: en el escándalo o en los efectos de éste?
El foco fue el descubrimiento de cómo actuaba un poderoso y cómo se vinculaba con otros poderosos. Que existiese ese tipo de perversión en una institución que moralmente es respetable, creíble, que se la jugó en la época mas dura del país… era algo preocupante. Además, que no era solo un sacerdote que hacía y deshacía a escondidas en su parroquia; era un líder religioso, un formador.
—El cardenal Francisco Javier Errázuriz en entrevista para el periódico Encuentro dijo, respecto al caso Karadima, que si le “tocara enfrentar nuevamente una situación similar, lo haría de otra manera”. ¿Qué cosas puntuales se debieron hacer de forma distinta?
Erramos en identificar al verdadero enemigo. La prioridad en las víctimas fue un discurso donde primero balbuceamos. No lo transmitimos con todas sus letras. Y cuando lo hicimos, no siempre hubo un correlato con la realidad. Porque cuando el líder de la institución está diciendo que las victimas tienen la primera prioridad y, por otra parte, el curita en su parroquia está predicando que esas personas —los denunciantes de abusos— ocupan las tribunas de los medios de comunicación para desprestigiarnos como Iglesia… hay una equivocación fundamental.
—En una en mayo de 2011, un año después de la denuncia contra el padre Karadima, dijiste: “uno de los grandes pecados de la institución fue querer imponer su voz por sobre otras”. ¿De qué forma la Iglesia Católica ha enfrentado los efectos de ese error? 
Era la costumbre sentirse privilegiada como institución. Pero, hay un episodio donde eso cambió, y fue cuando se aprobó la ley de matrimonio civil. Ahí la postura de la Iglesia Católica fue derrotada, porque el matrimonio indisoluble para toda la vida dejó de estar en la ley chilena. Ese hecho fue un indicador del rol que nos cabía como institución en la opinión pública. Tenemos la libertad de poder decir lo que pensamos sobre el derecho de quien está por nacer, por ejemplo, pero somos una opinión más dentro de ese debate. El mismo papa lo ha dejado en claro cuando critica a esa parte del clero que goza de la vanagloria y la adulación… de todas esas costumbres tan profanas en la Iglesia. Sin duda que todo eso nos llevó a creer que nuestro rol en la sociedad chilena era imponer.
—Y esos dichos del papa Francisco que tú mencionas, ¿han influido realmente en una apertura de la Iglesia que sintonice con las demandas de probidad y transparencia que hoy exige la ciudadanía?
Sí, más aún cuando reconocemos que somos corresponsables de la Iglesia. Y para eso debemos transparentar todo: qué significa una ofrenda, una donación, una colecta, justificar cada aporte. En algunas diócesis, costó mucho poder formar en todas sus parroquias un consejo económico, requerimiento mínimo establecido en el derecho canónico. Por lo mismo que hay que formar a la gente en ese aspecto. En especial, a quienes se quejan de una Iglesia Católica anquilosada, pero, que no tienen ningún problema en pagar un millón de pesos por una iglesia para un matrimonio.
—Según el Barómetro de la Política Chilena (CERC), el nivel de confianza en la Iglesia Católica sólo alcanza un 20%. ¿Es remontable la pérdida?  
Es casi un milagro que, al cruzar las cifras de adhesión religiosa con los datos sobre confianza y credibilidad, las tazas de creencia se mantengan, a pesar de las dificultades que la ciudadanía aprecia de la jerarquía eclesial. Porque cuando hablamos de la Iglesia hablamos de sus autoridades principalmente, esa es la asociación espontánea. El desafío está en cómo hacer que esa gente, la que no deja de creer en dios, que no deja de ir a misa, esa Iglesia viva… comprenda que la Iglesia de John O’Reilly y Fernando Karadima también son parte de la comunidad católica, y que juntos debemos trabajar para volver a construir la Iglesia de la cantata de los Derechos Humanos y la Vicaría de la Solidaridad.
—¿Qué tareas se ha propuesto hacer la Iglesia para revertir este escenario?
Ser una iglesia que escucha, anuncia y sirve. Estar atentos a lo que ocurre con esta sociedad que cambia constantemente, porque la Iglesia está para servir a las personas en la vida real de hoy.
Pedro Kortmann – Escuela de Periodismo U. Alberto Hurtado
Puroperiodismo / Escuela de Periodismo de la U A H

 

Related posts:

Add a Comment

You must be logged in to post a comment.