|Viernes, Diciembre 14, 2018
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Oramos por Usted y sus Reformas 

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En este día tan especial para Jorge Mario Bergoglio Sívori, hoy Obispo de Roma y con su nuevo nombre pontificio; Francisco, es justo repasar algunos aspectos de su personalidad y carisma que lo han llevado a ser a sus 79 años una voz reconocida, escuchada y respetada por todos líderes del mundo.
Toda su vida, Jorge Mario Bergoglio, ha sido un hombre sencillo, estudioso y de profunda oración, así se le recuerda desde los tiempos de su ingreso al Seminario de Villa Devoto como novicio de la Compañía de Jesús, así también le recuerdan sus compañeros de Seminario en Chile, pues allí concluyó parte de su formación religiosa.
En los tiempos de arzobispo de Buenos Aires, era común verle de a pie, pues no usaba coche para movilizarse. Visitaba a menudo las villas miseria de la periferia de la ciudad capital argentina y clamaba porque su clero y religiosas estuvieran con los más pobres e indigentes. Esa era su praxis pastoral cotidiana antes de llegar a Roma.
Para los que siguen con atención los acontecimientos de la curia romana, el nombre del cardenal Bergoglio no era desconocido. Ya en el Cónclave de 2005, su nombre fue propuesto por un pequeño grupo de cardenales sin importarles algunos puntos en contra, como por ejemplo, su salud poco robusta y que venía del otro extremo del mundo, de los confines del sur. Además de ser jesuita…
Sin embargo, años más tarde, de nuevo entre en escena el cardenal Bergoglio cuando retorna a Roma para el Cónclave que se convoca ante la sorpresiva renuncia del Papa Benedicto XVI. En esta oportunidad, el cardenal argentino sorprende a la audiencia cardenalicia con un sólido y descarnado discurso en que resalta los puntos débiles de una Iglesia con poca irradiación misionera y que es en demasía autorreferente y castigadora. Este sincero diagnóstico de Bergoglio sorprendió a la mayoría de los cardenales europeos y norteamericanos. En ese momento, se selló la nominación del nuevo Papa, Francisco.
Todos los estudiosos del ministerio petrino y vaticanistas bien informados, coinciden en señalar que ya ungido como Francisco Papa y, sale al balcón central de la Basílica de San Pedro a saludar a la muchedumbre, se produce el acontecimiento que marcará su labor de pastor universal de la Iglesia Católica: “Cómo quisiera una Iglesia pobre para los pobres”. En ese momento histórico, quedaría abierta la ruta que marcará todo el devenir de este hombre providencial que le habló al pueblo no como Papa, sino como Obispo de Roma. Todos en S. Pedro y en el mundo percibieron, al escuchar esas novedosas palabras, que algo nuevo había comenzado…
Francisco, está cumpliendo algunos aspectos de los conversatorios del Cónclave anterior a su elección como nuevo Papa. Con sus gestos y palabras ha retomado lo mejor de la tradición de la Iglesia, lo sustantivo y postergado del Concilio Vaticano II. También el mundo le reconoce sus palabras de denuncia sobre la mundanidad y privilegios de cierto clero que prefiere el poder a la belleza y resplandor del Evangelio que proclamó -desde la pobreza- Jesús.
Es alentador percibir que Francisco interpela a toda persona creyente o no, su palabra libre y a veces provocadora no deja indiferente, al contrario, invita a tomar una posición frente a los grandes problemas del mundo y a lo que nos indica con claridad el Evangelio. Prueba de este momento que vive la Iglesia, son sus homilías en las misas celebradas en la capillita de Santa Marta, donde reside, estudia, descansa y ora sencilla e intensamente nuestro Papa Francisco. Y, por cierto sus magníficos escritos plasmados en Evangelii gaudium y Laudato Si’.
Finalmente, una pequeña infidencia: el día 11 de noviembre recién pasado, una reducida comitiva de laicos chilenos pudimos dialogar, sin prisa, con este hombre providencial que cautiva por su sencillez, acogida y alegría. Nos saludó como si fuéramos grandes amigos, escuchó con atención cada una de las intervenciones nuestras y nos animó a seguir construyendo desde la base, a hablar sin temor y a mirar el mundo con mucha esperanza… Estuvimos en esos largos minutos de diálogo fraterno y luminoso ante un hombre bueno, cercano, consecuente con lo que dice y por sobre todo dispuesto a seguir en su plan de reformas a una Iglesia que por mucho tiempo se resistió a las sorpresas de Dios y a los necesarios cambios que expuso, con la ayuda del Espíritu, el Concilio Vaticano II.
Felicidades y gracias Papa Francisco, desde Chile, por esta revolución del amor teñida por la belleza interpelante del Evangelio.
Breve reseña histórica de Jorge Mario Bergolio Sívori
Jorge Mario Bergoglio nació en el seno de una familia católica el 17 de diciembre de 1936, en el barrio porteño de Flores, siendo el mayor de los cinco hijos del matrimonio formado por Mario José Bergoglio y Regina María Sívori, inmigrantes italianos.

Fue bautizado el día de Navidad de 1936 en la Basílica María Auxiliadora y San Carlos del barrio de Almagro en Buenos Aires. Durante su infancia fue alumno del Colegio Salesiano Wilfrid Barón de los Santos Ángeles y estudió en la Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 27 Hipólito Yrigoyen en la que se graduó como técnico químico. Luego trabajó en el laboratorio Hickethier-Bachmann.

Durante su juventud, sufrió una enfermedad a los pulmones por lo que fue sometido a una operación quirúrgica en la que le fue extirpada una porción de pulmón, lo que no le impidió desarrollar sus actividades con normalidad.

El 11 de marzo de 1958 ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús en el Seminario de Villa Devoto. Como novicio de la Compañía de Jesús terminó sus estudios en el Seminario Jesuita de Santiago de Chile.

Entre 1967 y 1070 cursó estudios de teología en la Facultad de Teología del Colegio Máximo de San José. Fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969, casi a los 33 años de edad.

Continuó sus estudios de 1970 a 1971 en la Universidad de Alcalá Henares (España) y el 22 de abril de 1973 realizó su profesión de jesuita. De regreso a Argentina fue maestro de novicios en la Villa Barilari; profesor en la Facultad de Teología de San Miguel; consultor provincial de la Compañía de Jesús, cargo que ocupó hasta 1979; y rector del Colegio Máximo de la Facultad.

Fue nombrado Obispo Auxiliar de Buenos Aires por el Papa Juan Pablo II el 20 de mayo de 1992. Cuando la salud del entonces Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Antonio Quarracino, empezó a debilitarse, Mons. Bergoglio fue designado Arzobispo Coadjutor el 3 de junio de 1997. Al fallecer el Cardenal Quarracino lo sucedió en el cargo de Arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998.

Durante el consistorio del 21 de febrero de 2001, el Papa Juan Pablo II lo creó Cardenal.

Como Purpurado formó parte de la Comisión para América Latina; la Congregación para el Clero; el Pontificio Consejo para la Familia; la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos; el Consejo Ordinario de la Secretaría General para el Sínodo de los Obispos y la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

Fue Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, en dos períodos consecutivos desde noviembre de 2005 hasta noviembre de 2011. Integró también el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

El Cardenal Bergoglio siempre tuvo un estilo de vida sencillo y austero. Vivía en un apartamento pequeño en vez de la residencia episcopal, renunció a su limosina y a su chofer, se movilizaba en transporte público y preparaba su comida.

El Cardenal Bergoglio disfrutaba de la ópera, el tango y el fútbol, cuya pasión aún disfruta al ser socio activo del Club Atlético San Lorenzo de Almagro.

Al cumplir los 75 años, de acuerdo al derecho canónico el Cardenal presentó su renuncia ante el entonces Papa Benedicto XVI. Tenía previsto retirarse a un hogar para sacerdotes mayores o enfermos para después llevar una vida de oración y de dirección espiritual, alejada del gobierno eclesiástico.

Jaime Escobar M.
Consejo Editorial de revista Reflexión y Liberación – Chile.

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