|Domingo, Diciembre 15, 2019
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Retiro del Clero de Santiago, un momento profundo de conversión 

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Una semana entera dedicada a la escucha de la palabra de Dios, la meditación, la oración y la sanación interior, a cargo del abad del Monasterio de los Benedictinos de las Condes, el monje Benito Rodríguez. “Un retiro que hace años no calaba tan profundo en los sacerdotes, en el cual se dio la posibilidad de compartir y vivir un clima de fraternidad muy grande. A pesar de los tiempos que vivimos, el clero de Santiago está vivo y coleando”. La afirmación es del padre Jaime Ortíz de Lazcano, párroco de la parroquia Santos Apóstoles, de Recoleta, y Vicario Judicial de la arquidiócesis.

Mientras curas, obispos auxiliares y el abad caminan hacia la capilla para la misa, otro de los tocados por este retiro anual del clero y la novedosa dinámica que tuvo, el padre Jorge Orellana, párroco de la parroquia San Gregorio, de La Granja, da su testimonio: “Vine con mucho deseo de conversión, para ser más y mejor pastor. Me doy cuenta que la conversión es un proceso constante que no se consigue de un día para otro. Y los frutos que se me pide son cercanía al Pueblo de Dios, en especial a los pobres, ‘oler más a oveja’ y lograr una coherencia de vida. Espero que mi parroquia pueda también recibir los frutos de este retiro”.

Bajamos por los senderos de esta casa de ejercicios hacia la capilla con el abad, padre Benito, y nos detenemos en un patio interior. Explica que el tema central fue la misericordia, a partir del Evangelio de san Lucas, con un itinerario desde el texto de la Transfiguración hasta el episodio de Zaqueo. Cada día hubo dos meditaciones, dos largos momentos de reflexión personal, la Eucaristía y la Liturgia de las Horas. Silencio con lecturas durante la comidas. El miércoles, una liturgia penitencial. El jueves, una oración de sanación, en la que cada uno pensó en aquella situación de su vida que hoy siente urgente necesidad de ser sanada. Los obispos auxiliares, Pedro Ossandón y Galo Fernández, les impusieron las manos a cada uno, de rodillas, acompañados por la oración de liberación del abad, también de rodillas.

“La dinámica ha sido muy distinta y nos ha llegado a todos muy profundamente”, comenta el padre Jaime Ortíz de Lazcano.

La certeza de ser hijos muy amados por Dios

El monje benedictino destacó la receptividad y la apertura en todos los sacerdotes frente a esta palabra. “Los vi disponibles para acoger la palabra del Señor, dejarse sanar, liberarse, dejarse amar por el Señor”. También explica por qué los curas necesitan de estos momentos: “Antes de ser sacerdotes son discípulos del Señor y necesitan recibir el amor de Dios, dejarse querer por él para después comunicar eso. La experiencia de un retiro para sacerdotes es precisamente para eso, para que vuelvan a afirmarse en la certeza de que son hijos muy amados del Señor, y desde ahí ejercer su ministerio”.

Agrega: “Llegamos aquí mirando mucho hacia lo demás, hacia nosotros mismos. Necesitábamos redescubrir el rostro auténtico de Jesús, no el que nosotros vamos armando en el día a día. Fuimos redescubriendo la mirada de Jesús hacia nosotros, mirada de compasión, de benevolencia, de misericordia, de perdón. Así nos mira Jesús”.
El mar está un poco más agitado. Los sacerdotes se retiran alegres, renovados y en paz interior. Poco a poco el sol empieza a ganarle a las nubes.

   Comunicaciones Iglesia de Santiago

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