|Martes, Octubre 16, 2018
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El Papa desatanudos / J M Vidal 

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Tras dos sínodos, el Papa quiere pasar de la Iglesia aduana a la iglesia hospital de campaña. Con una palanca fundamental: laintegración misericordiosa. Ésa es, a mi juicio, la clave de la Amoris laetitia y de la vida pastoral de Francisco, simbolizada en la Virgen Desatanudos. Vestida de rojo, con manto azul y rodeada de pequeños angelitos que parecen susurrarle soluciones. Porque María, con rostro serio y preocupado, mira a sus manos, donde tiene una cinta blanca llena de nudos y sostenida por dos querubines. A sus pies, la luna, la serpiente diabólica y Adán y Eva, expulsados del paraíso. El pecado original, raíz de todos los males y fuente de todos los nudos.

La Virgen Desatanudos la descubrió en Alemania, en la década de los 80 el joven jesuita Bergoglio. Y se quedó prendado de su simbolismo: una Virgen que desata los nudos de las personas y de la humanidad entera. La gente lo entendería nada más verlo.

Con su exhortación postsinodal, el papa quiere comenzar a desatar el nudo que la familia actual plantea a la rígida concepción doctrinal de la iglesia. No se trata de desatar de golpe y porrazo todos los nudos. Su dinámica, como la de María, es discernir los problemas, examinarlos, abordarlos y ponerse en proceso, para poder irlos solucionando poco a poco y con tiempo.

Es la dinámica del proceso. O lo que nuestro Machado reflejó en sus versos: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

No hay soluciones mágicas ni recetas milagrosas. No se cambia la doctrina en lo que se refiere a los homosexuales o a los divorciados vueltos a casar. Pero se abre un boquete pastoral en el cemento armado de los hasta ahora intocables principios innegociables. Un boquete que, con el tiempo, se irá ensanchando.

La iglesia cambia de actitud y de postura. Ya no dice a todo que no de entrada. Abre horizontes, deja vías de salida, apunta a la acogida de las familias heridas sin ocasionar más heridos entre los rigoristas.

Se pone en marcha un proceso. El proceso de la integración en las filas eclesiales de todos los hasta ahora considerados irregulares. Se les abre los brazos y se les invita a integrarse de pleno derecho. En cada caso, el obispo y el cura verán si se restañan sus heridas con la comunión sacramental o no.

El Papa pasa de la iglesia del no a la del abrazo en acto. Porque, como dice un cura amigo mío, la ternura no tiene patas. Los creyentes somos sus patas. Es la iglesia la encargada de “acompañar, discernir e integrar la fragilidad”, como dice Francisco en un bellísimo capítulo octavo de la exhortación.

En resumen, por encima de casuísticas, el Papa invita a la “lógica de la misericordia pastoral”, que es la del amor incondicional de Dios. Sin prisas y sin pausas. Sin caer en la “estéril contraposición entre la ansiedad del cambio”, que provocaría conflictos y divisiones en el seno de la comunidad, y “la aplicación pura y simple de normas abstractas”.

Iniciar un nuevo camino sin correr demasiado. Progresistas y conservadores tendrán que acompasar el paso al de una iglesia con entrañas de misericordia y con la “alegría del amor” del papa desatanudos.

José Manuel Vidal

Director de Religión Digital  –  Madrid

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