|Sábado, Septiembre 21, 2019
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El Laicado de Osorno y su demanda por un Obispo irreprochable 

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En junio del año pasado, concluía el Primer Encuentro de Laicos y Laicas en la ciudad de Osorno bajo la idea fuerza; “Dios habla desde el Sur” y señalaba en su declaración final: “Estamos convencidos de que el obispo Juan Barrros Madrid no cumple ni puede cumplir la condición de pastor que tiene que unir y no dividir el rebaño. Es impresentable e imprudente la imposición de un obispo por parte de la jerarquía de la Iglesia que fue incapaz de escuchar, acoger y responder a la comunidad de Osorno que le hizo ver, anticipadamente, su dolor y que se vio herida en su dignidad cuando la Iglesia está llamada a ser  experta en humanidad”.

Ahora, nuevamente la reconocida Organización cristiana nos convoca para este 21 de mayo al II Encuentro Laical. Volveremos a acompañarles y participaremos en esta necesaria jornada en que representantes de diversas comunidades y parroquias analicen  cómo ha sido todo este largo período  en que la Iglesia de Osorno sigue herida, dividida y no escuchada por una jerarquía cerrada y poco dialogante. El hecho determinante es que don Juan Barros sigue allí, impávido, a cargo de esa diócesis con una bella historia de servicio, acompañamiento y misión evangelizadora ejemplar y reconocida por todos.

Como revista “Reflexión y Liberación”, junto a otras comunidades, personalidades y medios de comunicación, hemos estado activamente y sin temor al lado de su justa causa desde el primer momento. También, hemos ayudado a difundir sus diversas y creativas acciones de oposición y no violentas a tal inoportuna y provocadora designación que vino desde Roma pero que se fraguó y consolidó bajo el influjo del secretismo y el sigilo de don Ivo Scapolo a cargo  de la Nunciatura Apostólica en Chile. Se repite el mismo modus operandi que tenía Fernando Karadima cuando era amo y señor en la Parroquia El Bosque y en la tenebrosa Pía Sociedad Sacerdotal, hoy felizmente ya disuelta.

Será interesante escuchar testimonios diversos de cómo el laicado y las comunidades ven este difícil proceso de la Iglesia en Osorno. Todos sabemos que la crisis que atraviesa a la Iglesia chilena, pasa en cierta medida por el “affaire Barros”. Tanto, porque no es solo parte importante de la feligresía la que protesta por la permanencia de Barros a cargo de la diócesis, sino porque hay un vasto sector de ciudadanos, organizaciones sociales, provinciales de congregaciones religiosas y hasta obispos que han clamado por una solución y que llegue un nuevo Pastor a esa porción eclesiástica sureña tan querida.

Interesante también, ha sido comprobar in situ que Roma sigue permanentemente el “caso Barros, prueba de ello es que en todas las visitas obispales a la Santa Sede, de una u otra forma sale el tema… También “el temita” estuvo presente cuando visitó Chile el poderoso cardenal Gerhard Müller, prefecto para la Congregación de la doctrina de la fe y uno de los personajes que más influyen con su palabra y acción en el quehacer y praxis de la curia romana después del Papa Francisco, por cierto.

Pero la realidad es que a pesar de todas las acciones del Laicado y ciudadanía de Osorno, la solidaridad internacional y una permanente información ad hoc en importantes medios de comunicación del mundo, el obispo titular impuesto en Osorno sigue allí, imperturbable -como bien le enseñó su otrora “padrecito Karadima”- participando, como si nada, en todas las asambleas plenarias del episcopado chileno. Este hecho objetivo nos debe hacer meditar seriamente lo que significa una imposición eclesiástica que solo se consolida a base de poder y sumisión disciplinaria mal entendida. Y es aquí donde encontramos uno de los puntos esenciales del origen de la crisis en la Iglesia, su pérdida de credibilidad -especialmente en el mundo juvenil- y el grito universal de que la Iglesia poder y clerical ya no la quiere más una sociedad que piensa, se informa y asume sus derechos en sus diversas expresiones humanas.

En este  II Encuentro Laical de Osorno, hemos de mantener nuestra Esperanza de que tarde o temprano, el Vaticano tendrá que asumir errores y costos para facilitar una salida justa al “caso Barros”, así lo dijimos hace unos meses en la reflexión “Sostener lo insostenible” que tuvo ecos positivos en Chile y Roma. De la misma forma lo decimos hoy, considerando que es el propio Papa Francisco -nuestro Hno. Obispo de Roma- quién en estos meses y en diversas ocasiones ha denunciado con insistencia “el clericalismo” que se esparce en la Iglesia como un reguero de pólvora. Y, para que no se diga que son palabras en el aire o slogans, con alegría les invitamos, desprejuiciadamente, a discernir estas palabras de Francisco dirigidas al cardenal Marc Ouellet, presidente de la pontificia comisión para América Latina y el Caribe:

“Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: ‘es la hora de los laicos’ pero pareciera que el reloj se ha parado…No podemos reflexionar el tema del laicado ignorando una de las deformaciones más fuertes que América Latina tiene que enfrentar  y a las que les pido una especial atención, el clericalismo. Esta actitud no sólo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente. El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como ‘mandaderos’, coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías necesarios para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos del quehacer social y especialmente político. El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes, propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos”. (Carta del Papa Francisco a la CAL – Roma, 28 abril de 2016).

Jaime Escobar M.

Consejo Editorial de revista “Reflexión y Liberación”

 

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