|Lunes, Enero 21, 2019
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Iniciativas en todo el mundo a un año de «Laudato si’» 

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Una semana de encuentros y acciones concretas para dar impulso al mensaje de la encíclica del Papa. Mientras tanto, se multiplican los conflictos medio-ambientales relacionados con la explotación de los recursos; el drama social de la extracción minera, la tutela de la biodiversidad, el reciente desastre marino en Chile y la palabra de la Iglesia.

Un año después de «Laudato si’»: del 12 al 19 de junio habrá iniciativas en todo el mundo para promover concretamente las enseñanzas contenidas en la encíclica «ambiental» de Papa Francisco publicada hace un año. Quien se ocupa de coordinar todo es el Movimiento católico mundial por el clima», en colaboración con diferentes instituciones católicas desperdigadas por el planeta. Y un papel central lo tiene América, de norte a sur, con sus diócesis, asociaciones y movimientos. La encíclica sigue produciendo experiencias y cambios, es un texto vivo y un punto de referencia para discusiones y acciones concretas. También el Celam (el Consejo Episcopal de América Latina) está participando en las iniciativas, al lado de la Confederación interamericana de la educación católica, del ente que engloba buena parte de las religiosas de los Estados Unidos, es decir la Leadership Conference of Women Religious (Lcwr), y otros órganos vinculados con las comisiones Justicia, Paz e Integridad de la Creación. Hasta ahora son más de mil las parroquias y comunidades que ya han propuesto una iniciativa para la «Semana de la Laudato si’»

Los temas de los que se ocupa la encíclica son de una actualidad dramática, como lo recordó el periódico de la Conferencia Episcopal Italiana, «Avvenire», que citó recientemente los datos del Atlas global para la justicia ambiental, hecho con la colaboración de 23 diferentes universidades. Según los datos difundidos por este organismo hay 1746 conflictos ambientales (pequeños y grandes) en el mundo. Muchos de ellos tienen que ver la explotación minera, desde Asia hasta América Latina, pero la cifra podría ser aproximativa por defecto, puesto que llegan noticias fragmentarias e inciertas al respecto de diferentes países (como México, Brasil o China) que normalmente ocultan estas realidades. Se ven involucrados grandes grupos industriales que se dedican a actividades de extracción y comunidades locales, campesinos, grupos indígenas, aldeas, comunidades. Pedacitos del sur del mundo que muchas veces sucumben frente a sujetos mucho más fuertes. Es lo que sucede, por ejemplo, en África, en Níger, en donde se produjeron 100 mil toneladas de uranio en siete años; o en Nigeria, país en el que se trabaja masiva e inversivamente para extraer petróleo sin medidas de seguridad adecuadas ni para las poblaciones ni para el medio ambiente. Los resultados, normalmente, son catastróficos o, peor, guerras endémicas.

América Latina, la región en la que nació el Papa, vive con particular sensibilidad y atención pastoral la propuesta de la «Laudado si’». Los temas, relacionados entre sí, de la biodiversidad, de la defensa de los territorios de la explotación industrial intensiva, de las culturas indígenas y populares, son muy importantes para las Iglesias latinoamericanas. Por este motivo nació la Repam, la Red Eclesial Panamazónica. Su objetivo es defender el medio ambiente y las comunidades locales. Se trata de un organismo que está construyendo, efectivamente, una red de experiencias diferentes entre sí, permitiendo un intercambio de información, acciones pastorales compartidas y una capacidad de sensibilización y denuncia muy consistente. Entre las diferentes cuestiones abiertas, entre otras, está la de la invasión de las industrias de extracción que no solo daña gravemente el territorio, sino que lleva consigo también formas extremas de explotación del trabajo infantil.

Hace poco lo recordó Andrea Iacomini, vocero de Unice Italia, hablando con la Radio Vaticana: «En algunos países —explicó— hacen horarios muy estresantes, viven durante días y días en las minas, horas y horas en los campos. Debemos distinguir el tipo de trabajo que hacen, porque a menudo en los países muy pobres (y recordemos que la pobreza es la principal causa de la explotación y de la esclavitud de menores) está claro que las familias necesitan brazos para actividades que a menudo no son tan pesadas». «Pero también es cierto —añadió— que son sometidos a grandes esfuerzos, especialmente en algunos países de Asia o América del Sur: cito el caso de Bolivia, ¡porque hace tiempo vimos que muchos niños eran explotados dentro de las minas y con horarios masacrantes! Todo esto va en contra de las normas de la Convención sobre los derechos de la infancia y la adolescencia, que prohibe este tipo de prácticas: fue aprobada en 1989 por todos los países del mundo (¡y esto hay que recordarlo!), y prohibe cualquier tipo de prácticas justamente en relación con los niños».

El tema de la estrecha relación entre la biodiversidad y las culturas indígenas fue afrontado en la Encíclica por el Papa, en el número 145, que dice: «Muchas formas altamente concentradas de explotación y degradación del medio ambiente no sólo pueden acabar con los recursos de subsistencia locales, sino también con capacidades sociales que han permitido un modo de vida que durante mucho tiempo ha otorgado identidad cultural y un sentido de la existencia y de la convivencia». «La desaparición de una cultura —continúa el texto— puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal. La imposición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de producción puede ser tan dañina como la alteración de los ecosistemas».

Para concluir, en los últimos meses la costa meridional de Chile sufrió una especia de marea roja debido a la proliferación de un alga de ese color; un fenómeno que se ha repetido en el tiempo pero que este año asumió dimensiones enormes, provocando la muerte de una cantidad enorme de salmones y de fauna marina. Por una parte, el fenómeno está relacionado son el evento climático conocido como El Niño, es decir el calentamiento del mar, pero se teme que sus dimensiones actuales estén relacionadas con un exceso de deshechos industriales derramados en el mar por las grandes multinacionales de la pesca del salmón, que operan intensivamente en la región. Por esta razón, además, las autoridades nombraron a una comisión que se ocupará de la investigación sobre lo que ha sucedido, puesto que la vida de enteras comunidades de la costa corre peligro.

«Hay dudas serias sobre la independencia de esta comisión», dijo el vicario apostólico de Aysen, mons. Luis Infanti de la Mora, localidad que se encuentra en el epicentro de la crisis ambiental, según lo que indicó la agencia Sir. «Desde hace treinta años —explicó el obispo— la política neoliberal ha favorecido la llegada a Chile de multinacionales para explotar los abundantes recursos presentes en nuestro territorio: minerales, peces, agua, energía». «En particular —prosiguió— nuestras regiones son las preferidas para la salmonicultura en jaulas marinas. La pesca industrial que, gracias a una ley, ha casi cancelado la pesca artesanal y ha entregado a cuatro grandes empresas noruegas y chilenas la industria de la pesca. La vigilancia del Estado es casi inexistente y el excesivo deseo de ganancias por parte de las empresas ha favorecido la depredación de las especies marinas y la contaminación de los mares».

Francesco Peloso  –  Ciudad del Vaticano

Vatican Insider  –  Reflexión y Liberación

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