|Sábado, Julio 29, 2017
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Ante la cruz destruida, guardemos silencio / Felipe Navarrete 

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Algunos aspectos para la reflexión tras el hecho ocurrido en Santiago el día jueves 09 de junio dónde han ingresado a un templo y destruido una imagen de Cristo Crucificado. Ante esos restos, guardemos silencio para escuchar.

  1. Como cristiano, me duele profundamente el ingreso a un templo para saquear, dañar y destruir una imagen de Cristo. El hecho es doloroso y ante los trozos destruidos, nos debe hacer reflexionar.
  2. Recordemos la historia de Moisés cuando sube al monte Sinaí y se encuentra con YHWH quien le entregó las tablas de la ley. Moisés al descender encuentro al pueblo bailando y danzando en torno a una imagen hecha de un dios que no es quién los libró de Egipto; y enojado destruyó ese ídolo y llamó la atención al pueblo para que recuerden que Dios los quiere libres.
  3. ¿Por qué nos llama tanto la atención que se destruya una imagen y no condenamos ni cuestionamos el daño a los Cristos vivos en medio de nuestro pueblo, marcados por las realidades de dolor y exclusión a las que los hemos condenado como sociedad? ¿Por qué no nos escandalizamos de la actitud hipócrita cuando en cultos vacíos no practicamos la justicia con nuestros hermanos?
  4. Ese mismo día, se destruye un templo evangélico en la Araucanía por medio de un incendio. Nuevamente un conflicto que interpela. Hoy hablan con fuerza de respetar las creencias de las personas, de cuidar el alma de Chile y que este tipo de actos dañan la fe de una comunidad. Lo mismo sucedió y sucede hoy con otros lugares religiosos de las comunidades indígenas.
  5. Frente a estos hechos, ¿podemos guardar silencio? ¿o es tiempo de alzar la voz? Sin justificar y validar lo ocurrido fuera del templo de la Gratitud Nacional ¿Dios estárá hablando?, y si habló, ¿qué nos quiere decir a los cristianos que adoloridos vemos esta situación? Es tiempo de escuchar. Quizás un nuevo Moisés nos llama la atención para que pongamos los ojos en lo esencial y asumamos nuestro compromiso buscando la justicia para los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
  6. Como cristiano católico no comparto el actuar de encapuchados; como ciudadano no valido su actuar. Tampoco acepto la generalización que es todo el movimiento estudiantil, menos que esto se escapó de las manos o, incluso cuando se les trata de violentos, cuando hipócritamente no se denuncia la violencia estructural. Si ocurrió un hecho así que repudiamos, ¿por qué no hacemos lo propio con el daño a los templos vivos donde habita el Espíritu?
  7. Así como Moisés destruyó un dios falso, opresor, lleno de mentiras, y puso en alto las tablas de la Alianza; es hora de levantar los ojos a los crucificados de hoy –signos de la alianza definitiva entre Dios y los hombres- y emprender la marcha. Es el tiempo oportuno de volver al Evangelio y escandalizarnos por el daño que hacemos a la tierra, a las mujeres, niños, indígenas, jubilados, trabajadores, homosexuales, migrantes, a los presos que viven hacinados, a los pobladores, a los enfermos, a las comunidades que no quieren escuchar; por qué él nos dirá; “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. (Mt. 25, 40).                                                                                                                                                                                 

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