|Lunes, Diciembre 16, 2019
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Matrimonios Nulos / Paul Buchet 

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El jueves último en la Basílica del San Juan de Letrán, el Papa dijo que pensaba que  la mayoría de los matrimonios sacramentales son nulos.

Enseguida, los servicios de prensa del  Vaticano rectificaron la expresión y reportaron los dichos del Papa cambiando “la mayoría” por “una parte” de los matrimonios son nulos. Se sabe que el Papa desea que se simplifique los trámites de nulidades.  El Papa dijo que los jóvenes no saben lo que hacen, tienen otra cultura; cumplen una  convención social, de manera precipitada, sin preparación, por el vestido blanco, la fiesta o porque está embarazada la novia. Su evaluación  de la práctica  de las celebraciones matrimoniales de la Iglesia corresponde a la experiencia que muchos tienen en la Iglesia.

Se puede demostrar la invalidez de un  matrimonio con el argumento de unos vicios de forma como un error sobre las personas,  la falta de  idoneidad del celebrante o un vicio de fondo como la insuficiente  disposición de los novios, la  presión del entorno (incluida la amenaza del infierno si se vive en pecado). La tramitación de la nulidad era engorrosa y costosa. Y después del último sínodo de los obispos, la Iglesia se compromete a agilizar estas tramitaciones.

La validez del sacramento de matrimonio y de los demás sacramento en general plantea más de un problema teológico.

¿Qué significa eso de la “validez” ? Ningún teólogo podría afirmar  que  unas  formas de hacer ciertas cosas amaran a Dios. Nadie puede obligarlo a conferir o no un don especial (una gracia) en unas formas determinadas.  Dos novios en una isla remota donde no llega ningún misionero, si son cristianos, su celebración tradicional   valida su matrimonio y  pueden convivir “sin cometer pecado mortal”!!

La validez no es tampoco la autorización de la autoridad eclesiástica para cumplir un rito. En caso excepcional, por ejemplo, cualquier puede bautizar, normalmente  está autorizado a hacerlo un sacerdote o un diácono.

La “validez”, en realidad,  radica en el reconocimiento de la mediación de la Iglesia  entre Dios y los hombres. Pero es una mediación que se debe precisar porque las declaraciones de  que “fuera de la Iglesia, no hay salvación” dan para serias aberraciones.  Evitemos de confundir   la “Iglesia” con su institución eclesiástica. Una es “santa” (la de la fe y de la esperanza)  y la otra es “pecadora” con limitaciones, valideces e invalideces.

Si un matrimonio puede resultar no valida o nulo también los otros sacramentos pueden resultas también no válidos y nulos cuando son realizados inadecuadamente o cuando se administran con propósitos distorsionados.

¿Qué debemos pensar de la práctica  del bautismo de los niños?  El propósito  confuso de los padres de mantenerlos “católicos”,  de hacerle el gusto a los abuelos, de poder matricularlos en colegio religioso… no incidirá eso para la validez de esos bautismos?

La práctica del sacramento de la confesión y la reconciliación de Dios plantea también un cuestionamiento de la validez de su ejercicio.  Mantenerla en la esfera de la conciencia individual  crea problemas de escrupulosidad o  de encubrimiento fácil. ¿No ganaría la validez de este sacramento una disciplina y celebración comunitaria de la reconciliación con Dios?

Las ordenaciones sacerdotales o las consagraciones  de  obispos también presentan problemas de validez. Unos  jóvenes entran en los seminarios buscando una promoción social (ayer más que hoy), la homosexualidad ha influido en su vocación, no tienen la madurez  para un compromiso de toda la vida… ¿No habrán ordenaciones nulas?  Y los episcopables, ¿será siempre válidas las maneras de  seleccionarlos, nombrarlos, consagrarlos  para  imponerlos a una feligresía  nada tomada en cuenta?

En la institución eclesial, existe el peligro de presumir de Dios.  La mediación divina y la representación de Jesucristo son necesarias para la salvación del mundo, es una persuasión profunda de nuestra fe católica,  pero que bueno que el Papa Francisco nos recuerde las invalideces que podemos tener  en nuestras prácticas sacramentales.  

Paul Buchet

Consejo Editorial de “Reflexión y Liberación”.

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