|Martes, Octubre 16, 2018
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Cama Matrimonial para Todos / P. Tom McMichael 

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                                                                      A los curas que la necesiten.

Imagínense ustedes a los feligreses de Santa Engracia de Zaragoza, parroquia con una historia milenaria, baluarte de la fe, conservadora de todas las tradiciones y devociones cristianas y servida por sacerdotes célibes y celosos, imagínense que mañana se les asigna un nuevo párroco que se les presenta con estas palabras: “I am a catholic priest and I am married”. “Soy un sacerdote católico, estoy casado y esta, Karin, es mi mujer”.

Miradas furtivas, cuchicheos, vámonos, nos han cambiado la Iglesia. Ni los de Podemos se atreverían a tanto.

Esto no es ficción, ni ocurrencia malvada, esto acaba de suceder en la parroquia de St. Mary en Marysville, Washington, USA.

El P. Tom McMichael, sacerdote luterano, casado con Karin McMichael y padre de dos hijos, en su camino de Damasco vio una gran luz y fue invitado, en gloriosa visión, a salir de la cada vez más densa niebla luterana y abrazar la ortodoxia católica.

Este Reverendo Luterano, antes de recibir su segunda ordenación sacerdotal en la catedral católica de Seattle, fue dispensado del voto del celibato, dispensa que el Vaticano le concedió puntual y graciosamente. Podía seguir durmiendo en la cama matrimonial y celebrando misa. Sólo se le pedía obediencia a su nuevo obispo y a Roma.

En Estados Unidos más de dos cientos curas casados ejercen su ministerio en parroquias católicas. A estos conversos, luteranos o episcopalianos, la Iglesia, dadas sus entrañas de misericordia, no les pide que renuncien al sexo matrimonial, les pide que sean modelos de vida familiar y cristiana para sus feligreses.

Lo que es sabio, bueno y digno de elogio para este grupo de sacerdotes, ¿por qué no es bueno para los demás sacerdotes? ¿Por qué no permite la Iglesia dormir en la cama matrimonial a todos los curas que lo necesiten? ¿Dónde empiezan y dónde terminan sus entrañas de misericordia?

La Iglesia de Roma durante siglos, a sabiendas, ha cerrado los ojos a la violación del voto del celibato bajo la excusa de la debilidad humana. Hoy vivimos bajo el signo de la pedofilia, volcán que sigue escupiendo lava, aireada desde todos los tejados del mundo y pagada con el escándalo y millones de dólares.

Son muchos los curas, la Iglesia lo sabe y yo he conocido algunos, que llevan una doble vida, curas ejemplares y fieles a su ministerio, pero que, clandestinamente, duermen en la cama matrimonial.

Más que vivir en pecado, viven en una contradicción agónica y a pesar de liberarse del sentido de culpabilidad, su situación es trágica.

La Iglesia prefiere el pecado en lugar de enfrentar el problema y solucionarlo humanamente.

Ahora que las boca-ciones se han acabado y las vocaciones agonizan, ¿tendrá la parroquia de Santa Engracia un cura casado en el futuro?

P. Félix Jiménez Tutor, Escolapio.

  • Foto del Matrimonio Mc Michael: Kevin Clark – AP en Washington.

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