|Domingo, Julio 22, 2018
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Una Iglesia de la misericordia en salida / José Manuel Vidal 

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“¡Abrid las puertas a Cristo!”. Francisco aprovechó esta conocida frase de Juan Pablo II, para pedir y exigir al episcopado y al clero polaco que se sumen a su hoja de ruta: una Iglesia de la misericordia en salida. Una primavera eclesial, que lleve de nuevo a la institución hacia los más pobres, los preferidos del Nazareno.

Bergoglio quiso ganarse a su santo predecesor para su causa. Amado y venerado, especialmente en su patria,Wojtyla es más que un Papa para la jerarquía polaca. Es un icono, en el que se miran. Francisco lo sabe, como también sabe que el clero polaco es uno de los más resistentes a sus reformas. No las ven claras y acusan a Francisco (unos en privado y otros en público) de sembrar confusión doctrinal y de escorar demasiado la Iglesia hacia los pobres y los débiles.

Consciente de todo ello, Francisco aprovechó la ocasión de la celebración de una misa en el santuario dedicado a la memoria de Juan Pablo II en Cracovia. Con todo el episcopado y más de mil sacerdotes y seminaristas reunidos. En un centro que lleva el nombre de otra de las frases memorables de Wojtyla: “¡No tengáis miedo!”.

Y Francisco se agarró al ‘no tengáis miedo’ y al ‘abrid las puertas’, para exigir a la Iglesia polaca un cambio de rumbo. Se trata, según el Papa, de “evitar la tentación de encerrarse por miedo o por comodidad” y salir. Por un camino “de sentido único”, no de ida y vuelta, “un viaje sin billete de retorno”, que lleve al clero de la dinámica del poder y del funcionariado a la del servicio y la de la entrega incondicional.

Con tono sereno, como de confidencia y oración, en el santuario decorado con las célebres pinturas del jesuita Rupnik, Francisco le va concretando al clero polaco en qué consiste su Iglesia en salida. Quiere decir, por ejemplo, que los curas tienen que “renunciar a su propia seguridad”. Quiere decir no al pedestal del poder para ejercer el ministerio. Ni a la comodidad. No a una vida acomodada ni a “un futuro seguro y bien retribuido”.

En definitiva, Francisco no quiere para su Iglesia en salida al típico cura funcionario, que se dedica exclusivamente a sacramentalizar, que se convierte en dueño, amo y señor de su parroquia, que se encierra en ella y no comparte ni la vida de sus fieles ni pisa el barro de su pueblo o de su barrio.

Sacerdotes que no sean funcionarios, que, como se decía antes, dejen de ‘vivir como curas’, y abandonen una vida mediocre, para dedicarse a “meter la humanidad en contacto con la carne de Cristo“. Curas que arriesguen, que actúen con discernimiento, que repartan ternura a los débiles. Curas sin cálculos ni resistencias ni reticencias, que vuelvan a recordar el día en que Cristo los llamó a seguirle y dejarlo todo, sin volver la vista atrás.

Francisco pide otro clero, otros curas y otros seminaristas diferentes a los que, hasta ahora, estaban (y siguen) saliendo de los seminarios: seminaristas formateados para ser curas funcionarios. El Papa quiere que seminaristas y curas cambien de chip, se reseteen y se coloquen de nuevo en la casilla de salida. Con ganas y con ilusión de comerse el mundo para Dios. Sin ‘perder los Cristos’ en aras de una vida cómoda y fácil, en la que tienen el trabajo y el sustento asegurado.

Con estos nuevos curas formateados, el Papa pretende edificar una nueva Iglesia, dedicada no al poder, sino al servicio. Una Iglesia entregada en cuerpo y alma a seguir escribiendo “las páginas en blanco del Evangelio con obras de misericordia y con el mismo estilo de Jesús”. Porque “sólo sirviendo al que sufre se honra la carne de Cristo”.

La petición papal no deja lugar a dudas. Pero el episcopado y el clero funcionarial no lo tienen tan claro. Para conectar con la primavera de Francisco, lo que más les cuesta no es el cambio doctrinal, que no lo hay, sino el cambio vital. A los obispos, dejar de ser príncipes con palacios. Y a los curas, dejar de ser funcionarios. En la conversión de obispos y curas se juega Francisco gran parte de su primavera.

José Manuel Vidal  –  Director de Religión Digital.


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