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La Iglesia verdadera siempre ha ganado al lado de los pobres y perdido al lado de los ricos 

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(P. Faustino Vilabrille).- Comentario Evangelio 2 de octubre 2016.-Lucas 17,5-10.

Los Apóstoles dijeron a Jesús: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a esa morera: arráncate de raíz y plántate en el mar, y os obedecería”.

  1. Los apóstoles le piden a Jesús que les aumente la fe. La verdad que andaban un poco flojos de fe en Jesús, que con cierta frecuencia les echa en cara su poca fe. Su mensaje era comprometedor.

Creer es comprometerse. Sin compromiso no hay fe. Creencias hoy, como en tiempos de Jesús hay muchas. Pero la fe sin compromiso es una fe muerta.

Se puede ir a misa; comulgar; hacer múltiples rezos; decirse ser muy católico; peregrinar a los “santos lugares”; hacer las rutas de San Pablo, crucero incluido, alojándose en hoteles de 4 estrellas, pagando 1887 € por persona, como hace unos días un grupo de asturianos; y muchas personas venir desde muy lejos a hacer el camino de Santiago; acudir a novenas; y mil cosas más, pero la fe es mucho más que eso. Es más, muchas veces todo eso, como el caso de las rutas, es totalmente contradictorio con a la verdadera fe. Hasta se puede ser muy celoso de la religión y ser a la vez contrario y hostil a Jesucristo, como lo eran los fariseos y letrados de Jerusalén que le pidieron a Pilatos su muerte en la cruz, el “más bárbaro y horrible de los castigos”, como dice Cicerón. Gastarse tanto dinero en esa “excursión”, mientras más de 57.000 seres humanos están muriendo de hambre cada día, o cada cinco segundos se muere un niño de hambre o de sed, o ahogados en el mismo mar del crucero huyendo de la guerra y el hambre de Siria, es radicalmente contrario al mensaje de Jesús. No decimos esto en contra de ninguna persona concreta, sino en contra de un sistema de entender la religión que dista infinitamente de la fe y la religiosidad de Jesús de Nazaret, que poseía una conciencia muy clara y nítida de que su fe era comprometerse con la liberación integral del ser humano y la creación, inmanente (para este mundo) y trascendente (para el más allá de este mundo), en oposición abierta a todos los elementos que la impiden, limitan o coartan.

La muerte violenta que le sobrevino a Jesús fue consecuencia directa de su predicación y su mensaje, en defensa de los oprimidos y denuncia de los opresores, los políticos y aun más los religiosos. De esta idea hablaron los profetas de Israel y el mismo Platón en la República cuando dice: “el justo será flagelado, desollado, arrancado y cegado con fuego, y cuando haya soportado todos los dolores será clavado en la cruz” (República 2,5). Seguro que Jesús no leyó a Platón, pero tenía muy claro que creer es comprometerse contra toda situación injusta que oprime al ser humano, y que asumir este compromiso liberador lo iba a pagar con la muerte. Jesús, como extraordinario creyente, había hecho de la liberación del hombre el compromiso y el objetivo de su vida.

Para Jesús el primer sacramento es el sacramento del hermano, es decir, el sacramento del hambriento, del sediento, del enfermo, del desnudo, del encarcelado, del oprimido, del maltratado… Este sacramento del hermano es el más y absolutamente necesario para entrar en la salvación. Quien niega a estos hermanos más necesitados, niega a Jesucristo aunque reciba todos los sacramentos una y mil veces, pero quien afirma a esos hermanos afirma a Jesucristo, aunque no lo conozca, aunque sea ateo, agnóstico, librepensador… Aquí está la clave y la prueba de toda religión verdadera (Ver Mateo 25,31-46). El compromiso con el hombre y la Madre Tierra que lo sostiene, es la esencia de la fe.

El que no vive en compromiso permanente con los oprimidos de la tierra para hacerles justicia, que es el más elemental grado de amor, no vive en cristiano. La misa, la oración, la comunión son actos para celebrar el compromiso de la fe y al mismo tiempo decirle a Dios qué estamos dispuestos a hacer para construir el Reino de Dios a favor del hombre y de la creación, pero sin este compromiso están vacíos. Podemos tener iglesias, celebraciones y santuarios llenos de gente, (aunque cada vez menos) pero vacíos de fe porque no hay compromiso con las liberación de los oprimidos del mundo: ejemplo evidente es el mal trato que la Europa cristiana, llena de catedrales, monasterios, iglesias, capillas y santuarios por todas partes, está dando a los emigrantes y refugiados. Hoy a muchas jerarquías parece que les preocupa todo aquello más que la fe verdadera. Dime como tratas a los pobres y te diré quién es tu Dios.

La Iglesia verdadera siempre ha ganado al lado de los pobres y perdido al lado de los ricos, una Iglesia que el Papa Francisco quiere renovar desde la raíz. Pero, ¿le ayudan TODOS los Cardenales? ¿Le ayudan TODOS los Obispos? ¿Le ayudan TODOS los curas? ¿Le ayudamos TODOS los cristianos?

P. Faustino Vilabrille Linares

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