|Miércoles, Noviembre 20, 2019
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Venezuela; el día del cambio 

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Luis Badilla.-

Cuando ayer, 24 de octubre, poco antes de las 19 horas un «tuit» del ministro venezolano informó sobre un encuentro entre el Papa y el presidente Nicolás Maduro, las reacciones «en caliente» fueron de incredulidad; parecía otro paso en la guerra que en ámbito mediático separa y enfrenta al gobierno de Caracas y a las oposiciones.

Pero, una hora después, el comunicado de la Sala de Prensa confirmó oficialmente y con detalles, la verdad del evento: sorprendente e inesperado, más que una sorpresa, puesto que los hechos se llevaron a cabo con modalidades nunca antes vistas. Nicolás Maduro llegó a la salita que se encuentra al lado del Aula Pablo VI sin que nadie se hubiera dado cuenta, casi de incógnito, a pesar de que su séquito y el aparato de seguridad fueran bastante vistosos. A pesar de la irregularidad, por decirlo así, del encuentro, no faltó ninguna de las normas tradicionales del protocolo que caracterizan las visitas de los jefes de Estado. Algunos de los testigos indicaron que hubo un clima tenso pero cordial y, sobre todo, un aura que envuelve los momentos históricos. Maduro se mostraba seguro pero rígido, tal vez por el cansancio del viaje. En poco menos de 10 horas su avión recorrió 8.355 kilómetros, de Caracas a Roma. «Parecía un peregrino», dijo un periodista de la agencia de noticias estatal venezolana, recordando que el gobernante pidió al Papa, como se suele hacer en Venezuela entre los hijos y los padres, una «bendición». Francisco, levantando con determinación la mano derecha, dibujó sobre la frente de Maduro el signo de la cruz, mientras él respondía: «Amén, gracias Santidad».

El Presidente habló con el Papa durante poco más de media hora. Estaban solos, cara a cara. Declaró a la prensa de su país: «Fue un encuentro profundo, muy espiritual y humano. Nos ha dado muchas indicaciones, mucha información y hemos compartido criterios». El gobernante precisó que había agradecido calurosamente al Santo Padre y que le dio una noticia desde hace años esperada: el diálogo de su gobierno con las oposiciones comenzará el 30 de octubre, en el estado insular de Nueva Esparta, en el Caribe (cuya capital es La Asunción, en la isla de Margarita).

Maduro, además, dijo: «Yo llamo a toda Venezuela a dar su apoyo a esta mesa de diálogo por la paz, la soberanía y el desarrollo» del país. Palabras oportunas, necesarias y sabias, que reflejan todo lo que se afirmaba en el comunicado vaticano de ayer: «Emprender con valentía la vía del diálogo sincero y constructivo, para aliviar el sufrimiento de la gente, de los pobres en primer lugar, y promover un clima de renovada cohesión social, que permita ver con esperanza el futuro de la Nación».

El presidente, dirigiéndose a la agencia estatal ANV y visiblemente emocionado, se despidió diciendo: «Fue una reunión excelente. Una reunión privada organizada en tiempos récord. Agradezco mucho al Papa».

Poco después, desde Caracas, llegaron otras noticias positivas y de esperanza para el pueblo venezolano. El enviado especial del Pontífice, el nuncio apostólico en Argentina, monseñor Emil Paul Tscherrig, que se encuentra en Venezuela desde el sábado pasado, confirmó (con una declaración escrita) que se han puesto en marcha los primeros contactos oficiales entre las partes para organizar el diálogo. En concreto, Tscherrig ofreció las mismas noticias que había dado el presidente Maduro sobre la fecha y el lugar: el 30 de octubre comenzarán las negociaciones con la intemediación de Unasur (Unión de las Naciones Sudamericanas, guiada por el ex presidente colombiano Ernesto Samper) y que conducen desde hace meses el ex primer ministro español, José Luis Rodríguez Zapatero, y los ex presidentes de Panamá, Martín Torrijos, y de la República Dominicana.

El nuncio también indicó que se entregó a las partes una propuesta que incluye los temas, la metodología y el cronograma para poner en marcha este diálogo, con todos los encuentros preliminares que sean necesarios para crear un clima de confianza y de respeto recíproco que permita afrontar exitosamente el gran desafío que deben afrontar todos.

Parecería que ambas partes, el gobierno y gran parte de la oposición, hubieran superado el obstáculo del referéndum revocatorio que frenaba cualquier posible acuerdo preliminar. Si esta «suspensión» sobre la cuestión, tan delicada, se mantiene, las perspectivas para el diálogo son prometedoras, pero hay que esperar el desarrollo de los eventos. Y sobre esta buena noticia de ayer pesa el rechazo, por una parte pequeña de las oposiciones guiada por el movimiento «La salida», a participar en las conversaciones, porque considera que de esta manera se haría «un favor a Maduro» y se daría la impresión de que «la oposición es débil».

Luis Badilla / Director de Il Sismografo – ROMA.

Vatican Insider  –  Reflexión y Liberacion

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