|Viernes, Septiembre 22, 2017
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A los Obispos de Chile reunidos en Asamblea Plenaria – 2016 

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La Organización/Comunidad Laicos y Laicas de Osorno entregaron a los obispos de Chile el siguiente Documento (N de la R):

Nullus invitis detur episcopus

El Papa S.  Celestino pedía: “Nadie sea dado como obispo a quienes no lo quieran. Búsquese el deseo y el consentimiento del clero, del pueblo y de los hombres públicos. Y solo se elija a alguien de otra Iglesia cuando en la ciudad para la cual se busca el Obispo no se encuentre a nadie digno para ser consagrado”. (S. Celestino a los obispos de Vienne, PL, 434).

Estimados Obispos reunidos en Asamblea Plenaria en Punta de Tralca.

Desde hace casi dos años, ejerciendo nuestro derecho a expresarnos como pueblo de Dios, nuestra Organización/Comunidad de laicas y laicos con participación activa en diferentes instancias pastorales de nuestra Iglesia Católica de Osorno, hemos estado denunciando, clamando, buscando el diálogo y orando para que se busque una salida a la grave crisis que se vive en la Diócesis, como consecuencia de la inoportuna y desconcertante  nominación del Obispo, don Juan Barros Madrid, como titular en esta porción eclesiástica de Chile.

En esta perspectiva de no aceptar el nombramiento y llegada de don Juan Barros a nuestra ciudad, como evidente resultado de su clara afinidad, defensa y complicidad -por años- con los graves actos de abusos sexuales reiterados de Fernando Karadima, hoy, felizmente condenado canónicamente por la Santa Sede, el país y el mundo conoció las conclusiones del primer encuentro nacional de laicas y laicos de Chile, celebrado en Osorno el 14 de junio de 2015, allí señalábamos con claridad y convicción que nace de nuestro compromiso cristiano:

“Estamos convencidos de que el obispo Juan Barros Madrid no cumple ni puede cumplir la condición de pastor que tiene que unir y no dividir el rebaño. Es impresentable e imprudente la imposición de un obispo por parte de la jerarquía de la Iglesia que fue incapaz de escuchar, acoger y responder a la comunidad de Osorno que le hizo ver, anticipadamente, su dolor y que se vio herida en su dignidad cuando la Iglesia está llamada a ser  experta en humanidad”.

En este último tiempo, hemos continuado en nuestro afán de denuncia activa y orante en Osorno, también hemos seguido emitiendo declaraciones, realizando velatones, caminatas y encuentros, desde una perspectiva no violenta, sin dañar a la institución religiosa, solo para motivar a toda persona de conciencia recta a que apoye esta causa digna; cual es que don Juan Barros no continúe su ministerio episcopal en la diócesis  ya que no cumple los requisitos que se le pide a una persona consagrada para cumplir el rol de buen Pastor.

Una mayoría de católicos, cristianos y no pocas personas de buena voluntad, valoran altamente que casi toda la directiva del Comité Permanente del Episcopado, no asistiera al solemne acto de toma de posesión de la Diócesis en la Catedral  por parte del Obispo Juan Barros. Esa actitud concreta, teñida de valentía y libertad de conciencia, fue una decisión que comprueba que las “gestiones para el nombramiento no se hicieron bien” en las consultas y posterior designación de don Juan Barros para Osorno. En este signo no podemos dejar de reconocer y valorar lo que nos indica la propia tradición de la Iglesia: “Elegid obispos dignos del Señor, mansos, sinceros y probados…” (Didaché – c 15).

Pero, hemos de reconocer que todas las gestiones, protestas y solicitudes para que don Juan Barros sea removido de nuestra Diócesis han sido, hasta ahora, en vano. Sigue en el obispado y hoy es claro a los ojos de quién quiera ver que la Iglesia de Osorno y su gobierno eclesial se encuentran dolorosamente divididos, existen recelos mutuos y falta de credibilidad, no hay planes de evangelización efectivos y es altamente notoria la falta de liderazgo en la conducción pastoral y administrativa. Esto lo sabemos todos nosotros, la Nunciatura Apostólica y, seguramente, ustedes obispos  de Chile.

Les entregamos esta reflexión con respeto y con el único afán de exponerles lo que sinceramente sentimos respecto al “caso Barros” y lo “insostenible” de su permanencia en el cargo que se le otorgó desde Roma, al parecer, no conociendo lo suficiente su pasado anterior en otras diócesis y en la Vicaría castrense…

Estimados pastores, les solicitamos humildemente su sabia intervención para buscar una sana solución a esta escandalosa y lamentable situación que vivimos, se percibe que nuestra Iglesia local se cae a pedazos; “misericordia para Osorno”.

Finalmente, nos parece de suma importancia recordar lo que dice la tradición apostólica de Hipólito, en su obra del s. III respecto al nombramiento de obispos:

Que se ordene como obispo a aquel que, siendo irreprochable, haya sido elegido por todo el pueblo. Cuando se pronuncie su nombre y haya sido aceptado, se reunirán un domingo el pueblo con el presbiterio y los obispos que estén presentes. Y todos guarden silencio rezando en su corazón para que descienda el Espíritu…”. (SourcesChrétiennes 11, pp 40-42).

 Mario Vargas V.        Marisol Marty M.       Danilo Andrade B.        Felipe Navarrete M.

Organización/Comunidad de Laicos y Laicas de OSORNO.

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