|Miércoles, Febrero 26, 2020
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El Adviento de la ecología integral 

enciclica

El tercer domingo de Adviento, llamado “domingo de la alegría” por las palabras con las que inicia la liturgia al comunicarnos que estamos muy próximos a la Navidad, tiene un eje central: la referencia a la naturaleza. En las lecturas proclamadas por la Iglesia para este domingo, aparece alguna referencia a lo natural, a la creación, a la vivencia del hombre con ella y a la renovación cósmica que acontecerá en la vuelta del Mesías. Es por ello que he querido llamar a esta reflexión “El Adviento de la ecología integral”.

 En la perspectiva de Laudato Si’

 Anteriormente señalaba que los textos del tercer domingo Adviento están marcados por referencias a la naturaleza y a la relación de los seres humanos con ella. Así encontramos referencias tales como: “que el desierto y el sequedal se alegren, regocíjese la estepa y la florezca como flor; estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo” (Is 35,1-2), se narra cómo Dios hizo los cielos, la tierra y el mar y cuanto en ellos se contiene (Cf. Sal 146), o cómo el labrador espera el fruto de la tierra que sembró (Cf. St 5,7).

Quisiera situarme en la perspectiva de Laudato Si’ y de la reflexión que Papa Francisco ha formulado sobre la ecología integral y la ecología humana (Capítulo IV de LS). Francisco comenta que el desafío ecológico actual debe responderse desde una perspectiva que integre tanto lo ambiental, lo económico y lo social. La creación es don de Dios y tarea del género humano. Estamos en el mundo para convivir armónicamente con y en la casa común. Por ello el Papa sostiene que “así como los distintos componentes del planeta están relacionados entre sí, también las especies vivas conforman una red que nunca terminaremos de reconocer y comprender” (LS 138).

En la creación reconocemos la presencia de Dios y del Evangelio (Cf. LS Cap II). El Dios que viene a nuestro encuentro en la persona de Jesús, es el Dios que estará consumando al final de los tiempos lo creado. En palabras del Papa “el fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado, eje de la maduración universal” (Ls 83). Cristo es el fruto que esperamos. Cristo es el don que Dios ha dado a la creación entera. Es quien “abraza e ilumina todo” (LS 83). El Adviento en la perspectiva de Laudato Si’ nos invita a preparar el corazón, a reparar las relaciones humanas rotas, a crear espacios de convivencia entre nosotros y el medio ambiente, entre nosotros mismos y entre nosotros y Dios. Esto es, finalmente, el proceso de conversión a Dios en perspectiva de una ecología integral.

 El desierto florece y se hace justicia a los últimos

Así como Isaías recuerda que el desierto florecerá en los tiempos del Mesías, Jesús anuncia que los tiempos mesiánicos se inauguran con la apertura de los ojos de los ciegos, de la rehabilitación de los cojos y de la sanación de los leprosos y sordos. A los últimos se les anuncia la Buena Nueva de la justicia. Dios hace justicia a aquellos que viven en la injusticia.  

Y siguiendo la pista de LS, ¿cómo permitir que el desierto florezca? ¿cómo posibilitar que la justicia reine sobre la tierra, sobre nuestras comunidades, sobre nuestro país? Francisco nos proporciona una clave interesante, a saber, “construir una ciudad habitable” (LS 143). Una ciudad habitable implica superar las lógicas consumistas del paradigma tecnocrático y apostar por la revalorización de la variedad cultural y de la vida de cada ser humano y del ambiente en el cual vivimos. Hemos de optar decididamente por la construcción de espacios habitables sustentables, de creación de prácticas cotidianas de bien-estar, de manera de lograr una vida fraterna y feliz.

El Adviento nos pone en la perspectiva de lograr lazos de pertenencia, redes de comunión, espacios bellos en los cuales haya calidad de vida, de encuentro y de ayuda mutua. El Adviento es renovación de nuestras prácticas de solidaridad las cuales hemos de construirlas por fidelidad a la esperanza que tenemos en el Reino de Dios (Cf. Gaudium et Spes 39). La capacidad de acoger al otro, de dejar que “los otros dejen de ser extraños y se los pueda sentir como parte de un nosotros que construimos juntos” (LS 151), nos ilumina en el camino de la preparación del corazón personal y social que quiere acoger al Mesías Jesús.

 Adviento, ecología y esperanza

 Francisco, en Laudato Si’, considera que a pesar del daño ecológico actual, igualmente existe la esperanza en un futuro renovado. Así sostiene: “pero basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común. La esperanza nos invita a reconocer que siempre hay una salida, que siempre podemos reorientar el rumbo, que siempre podemos hacer algo para resolver sus problemas” (LS 61). La esperanza que busca salidas, se puede articular desde las prácticas de ecología humana y de la vivencia del bien-estar como experiencia esperanza en el futuro. Reconocer la felicidad, la fraternidad, la armonía, la belleza, la gratuidad del encuentro, son instancias que humanamente nos hablan de que la esperanza es una armonía que puede y debe seguir interpretándose por las múltiples voces que formamos el mundo.  Con estas perspectivas estaremos viviendo el Adviento de la ecología integral, el Adviento de la esperanza en la comunión de la creación humana con la no humana, en la presencia renovadora de Dios en medio de nuestro medio ambiente, que es el suyo desde el momento en que el Verbo se hizo carne y quiso compartir la casa común.

 Juan Pablo Espinosa Arce

Profesor de Religión y Filosofía (UC del Maule)

Candidato a Magíster en Teología (P.U.C)

 

 

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