|Miércoles, Octubre 16, 2019
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San Pablo: modelo de liderazgo cristiano 

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Propósito de nuestras reflexiones

 El propósito de estas reflexiones es presentar a San Pablo como modelo de liderazgo cristiano. Vivimos en una época donde la confianza hacia las instituciones y sus líderes ha bajado estadísticamente. Y por ello, volver sobre la experiencia personal y comunitaria de Pablo de Tarso, puede aportarnos algunas luces para repensar nuestro quehacer pastoral y cotidiano. Pablo es el gran evangelizador. El Papa Benedicto XVI, con ocasión del Año Paulino, dijo de él: “Él brilla como estrella de primera magnitud en la historia de la Iglesia, y no sólo de la Iglesia de los orígenes” (2008). Por ello, Pablo no es solo un personaje del pasado, sino que su actualidad evangelizadora y de liderazgo llega hasta nuestro presente.

Breves anotaciones sobre el liderazgo

 Uno de los gritos que hoy más resuenan es ¡necesitamos líderes! Nuestras comunidades, países, el mundo exige una renovación en cuanto al liderazgo. Pero ¿qué significa ser líder? ¿Es una vocación, una imposición? ¿Qué técnicas existen para favorecer un buen liderazgo, participativo, inclusivo, eficiente? En breves palabras, el liderazgo nace como una vocación, y en clave cristiana, este llamado proviene siempre de Dios. Él es quien toma la iniciativa de suscitar en algunos de nosotros la semilla de la conducción de una comunidad. Charles Keating (1982) define el liderazgo como actitud de servicio, como quien trata de satisfacer las necesidades del grupo con el que trabaja apelando a las funciones designadas. Al inicio, cuando la comunidad no funciona del todo bien, se hace necesario un liderazgo “de dirección u orientación”. En cambio, cuando la comunidad ya ha recorrido un camino de maduración, aparece el liderazgo de tipo “no directivo” o “participativo”. Esta discriminación de los tipos de liderazgos nace de otra característica del buen líder: la capacidad de mirar, escuchar y comprender el contexto en el cual se ubica.

El líder es aquel que acepta las ideas y las sugerencias de los otros, no el que solo escucha su propio ideario. Es quien inspira confianza y que deposita la confianza en los que lo rodean. De esta manera logra la construcción de una comunidad adulta y corresponsable. Es capaz de aprovechar los talentos y las capacidades de todos, y de igual manera es quien provoca la inclusión. El líder es un buen comunicador, es alguien que motiva e inspira. Es también aquella persona que hace sentir importante al resto y refuerza positivamente los pequeños logros. Y es también el que es capaz de criticar constructivamente, porque sabemos que el liderazgo tiene de dulce y de agraz, momentos de profunda alegría pero también de profunda incomprensión. Y algo similar le ocurrió a San Pablo. Será lo que revisemos a continuación.

 Cinco claves para entender el liderazgo cristiano de Pablo

 Conversión personal y pastoral

 La vida de Pablo comienza ubicándolo como perseguidor de la comunidad cristiana de Jerusalén y Samaria (Cf. Hech 8,1-3). Aparece su celo por la Ley de Moisés, la cual la cumplía de manera extricta, fiel a su educación y orientación farisea. Y es camino hacia Damasco, en medio de la misión de capturar a los seguidores de Jesús, en donde el Cristo Resucitado aparece con fuerza cambiando su vida para siempre. En palabras de Benedicto XVI, el encuentro con Cristo, “ha revolucionado su vida (la de Pablo) para siempre” (2008). Es gracias a este encuentro que Pablo experimenta la “noche oscura” de la conversión personal y pastoral (Cf. Hech 9,8-9). Pablo, en su ceguera, experimentó la necesidad de rectificar su propósito y dar así una nueva orientación a su vida. Con esto, el liderazgo cristiano pasa por un proceso de conversión personal y pastoral-comunitario de carácter constante. En otras palabras, el líder ha de repensar constantemente sus prácticas, métodos, orientaciones y servicios comunitarios. Si el líder se queda en las estructuras caducas, no puede avanzar en el seguimiento de Jesucristo.

 Centralidad en Jesucristo

 La segunda característica de Pablo y de su liderazgo es la centralidad en Jesucristo. Pablo no solo explicitó su doctrina teológica sobre Jesucristo, sino que vivió la experiencia de encontrarse con Él y de invitar a otros a que se encontraran con el Hijo de Dios (Cf. Rm 1,5). Vivir centrados en Jesucristo significa dejarnos amoldar por Él de manera de configurar nuestra vida en clave de servicio, donación, vivencia del Reino de Dios y solidaridad con los marginados. Y un segundo nivel lo presenta Sergio Silva cuando sostiene que “el llamado recibido de Dios y esta forma concreta de recibirlo mediante la experiencia del Resucitado hacen que para Pablo el apostolado sea ante todo gracia, don gratuito de Dios hacia él” (2012). El líder cristiano sabe que su acción remite en primera y en última instancia a la Persona de Jesucristo, primer líder y modelo de acción evangelizadora.

 Sentido de Iglesia

 En tercer lugar, el sentido de Iglesia. Pablo, luego del encuentro con Jesucristo, cuenta que va al desierto – suponemos a un retiro espiritual – y luego sube a Jerusalén para conocer a Pedro con quien permanece escuchando la enseñanza del primado de la Iglesia (Cf. Gal 1,18 ss). Pablo reconoce por tanto la autoridad apostólica, aún cuando él se entiende a sí mismo como Apóstol a causa del encuentro con el resucitado. La permanencia con Pedro, implica a su vez la dinámica de la recepción de la fe y de su posterior transmisión. Es el ejercicio de la memoria eclesial (Cf. 1 Cor 11,13). La fe nunca ha sido un proceso innato, sino que siempre se adquiere por comunicación, por tradición. Es la tradición de la Iglesia la que permite que Pablo, como sostiene Hernán Cardona (2009), pueda ser reconocido como “apóstol vivo, capaz de suscitar en nosotros el diálogo fraterno y constructivo”. El liderazgo cristiano ha de vivir la dinámica de la pertenencia y de la identidad con la comunidad creyente a la cual sirve, y también el sentido de pueblo, es decir, la presencia encarnada en la comunidad humana en la cual se encuentra. No puede ser un sujeto autosuficiente, sino que debe recrear continuamente los vínculos de coparticipación.

 Cristianismo intercultural

 Quizás el acontecimiento fundamental para entender el querer evangelizador de Pablo es el Concilio de Jerusalén el año 50 y que es narrado por Hechos 15. Pablo apuesta sus fichas por los paganos, por los cuales aboga la no necesidad de ser convertidos al judaísmo y a sus prácticas para comenzar el proceso de seguimiento de Jesucristo. Pablo, con esto, comienza a vivir una profunda dinámica intercultural. Es capaz de dialogar con los centros de la cultura de su tiempo, por ejemplo el areópago de Atenas (Cf. Hech 17,16-22). Pablo es capaz de aprovechar las categorías culturales, filosóficas y teológicas de su tiempo, para poder explicitar la doctrina cristiana. Y también esta interculturalidad la encontramos en la misma biografía de Pablo: proviene del judaísmo fariseo, es ciudadano romano, recorre la cuenca del mediterráneo y llega hasta el fin de la tierra (Roma) en donde entrega su vida por el testimonio de Jesús. El liderazgo cristiano también ha de favorecer este acercamiento a las nuevas culturas, no demonizándolas sino aprovechando de ellas sus elementos positivos, purificando los negativos y logrando un diálogo renovado.

 Dinamismo evangelizador

 Finalmente, la categoría y la práctica de la evangelización dinámica. Pablo es reconocido por sus viajes misioneros. Es la “columna que expande la Iglesia”. En Pablo se funda también el llamado misionero de Francisco de vivir la Iglesia en salida. La fundación de las comunidades y la puesta en ella de líderes  carismáticos es un signo distintivo del liderazgo misionero de Pablo. Pero esta evangelización también conoce momentos de desánimo, de incomprensión y de dolor (Cf. 1 Ts 2,2.5). Pero es justamente en esos momentos donde el líder cristiano debe pedir la ayuda del Espíritu Santo, lo cual marca la fisionomía espiritual y la mística del enviado. El líder cristiano, con esto, también debe comprenderse como un hombre o una mujer de oración, de vivencia íntima con Jesucristo, vivencia que provoca vivir el dinamismo de la misión.

Juan Pablo Espinosa Arce

Profesor de Religión y Filosofía (UC del Maule)

Candidato a Magíster en Teología Fundamental (PUC Chile)

 

 

 

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