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El Obispo de Osorno no quiere diálogo 

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La palabra diálogo proviene del latín dialŏgus, que significa discurso racional o ciencia (logos) del discurso. En filosofía, Platón es sin duda el primero que usó este método, la dialéctica o arte del diálogo.

El diálogo es una conversación entre dos o más personas, que manifiestan sus ideas o afectos de forma alternativa. En ese sentido, es también una discusión o trato en busca de avenencia. El diálogo es el arte de concertar, entre dos o más personas, las contradicciones que manifiestan sus ideas y sentimientos, cuidando de respetar la diversidad de sus criterios, para concordar las semejanzas y diferencias entre sus ideas o estados de ánimo, con la explícita intención de comprender y ajustar sus diferencias, para lograr la comunicación interpersonal.

Esto es, precisamente, lo que hemos buscado como Laicado organizado de Osorno con intensidad en este último tiempo. Pero, como es sabido, no se ha producido ese necesario intercambio de ideas para buscar una salida justa y en paz al grave impasse eclesial que supuso la nominación de don Juan Barros Madrid en nuestra Diócesis.

Esta larga oposición que hemos mantenido desde que se supo el nombramiento –inconsulto- de don Juan Barros, se conoce en Roma, es más, la prensa especializada acreditada en la Santa Sede, tampoco entiende por qué el Obispo en cuestión se ha negado sistemáticamente a dialogar, a enfrentar las graves acusaciones de complicidad en casos de pedofilia y efebofilia reiterados cometidos por Fernando Karadima ya condenado por la Santa Sede en el 2011 por este grave delito de carácter criminal.

No sabemos si este llamado “caso Barros” será tema durante la visita Ad limina de los obispos chilenos que ya se encuentran en Roma. Lo que sí sabemos es que hay expectación por la presencia, nuevamente, del Obispo cuestionado en la sede de Pedro. Sería gratificante que el Obispo, por fin, se animara a conversar con la prensa local y exponga sus puntos de vista al respecto. Sería recomendable que en esa gestión, comunicacional y aclaratoria, lo acompañara el Cardenal F J Errázuriz, sería lo justo y lo que corresponde por ser, este cardenal, uno de los artífices de este lamentable nombramiento impuesto. No son pocos en Chile los que pensamos que todavía, tanto el cardenal Errázuriiz como el Nuncio Scapolo, le deben una explicación a los católicos de Chile por esta acción episcopal de tan negativas consecuencias para los creyentes y personas de buena voluntad.

De la misma forma, es del todo legítimo y pertinente que el Laicado osornino que no acepta tal status quo impuesto por el Nuncio Ivo Scapolo, exprese también sus apreciaciones y contenidos de fondo por mantener esta oposición de diversas formas. Todas estas expresiones públicas no han tenido una intención ni temeraria ni descalificatoria, solo exponer puntos de vista para comprobar que don Juan Barros no reúne los requisitos esenciales para ejercer el ministerio y liderazgo pastoral en una Diócesis que tiene un caminar ejemplar desde los tiempos en que ejerció su praxis misionera nuestro Hermano Obispo, don Francisco Valdés.

Ahora con nuestros obispos en Roma, hemos de reflexionar seriamente el sentido que tendrá esta visita para la Diócesis de Osorno. Tanto por lo que dirá el Obispo en los Dicasterios vaticanos cuando se le consulte: ¿Cómo va y está su Diócesis? Cómo por el diálogo que tendrá con el Papa Francisco. Todos sabemos que el pontífice pide una y otra vez a todos los episcopados que estén junto a la feligresía, que se les escuche y mantengan siempre un dialogo sincero y permanente con todos, especialmente con aquellos sectores laicales que trabajan y aportan –desde el Evangelio-  en las periferias existenciales.

En Osorno, sabemos que el Obispo Barros no tiene ni la credibilidad ni la razón suficiente para persistir en su alto cargo. Porque hay muchos otros aspectos esenciales y de justicia a tener en cuenta. Pero cualquier diálogo, si él quiere que haya diálogo, no puede prescindir de la razón de los hechos que se vivieron en la Parroquia del Sagrado Corazón de El Bosque dirigida maliciosamente por décadas por Karadima, ni tampoco sería prudente aferrarse a posiciones adoptadas que condicionen cualquier acuerdo de salida a la actual grave crisis en la Diócesis. Porque entonces -en aras de la credibilidad de la Iglesia-  ya no deberíamos hablar de diálogo, sino de monólogo. Y sabemos bien que no hay peor sordo que el que no quiere escuchar.

Para concluir, les comento que esta contundente cita siguiente, pensé enviarla a los obispos chilenos que participarán de la visita Ad linmina en Roma, no pudo ser, y ahora la comparto con todos ustedes para un mejor discernimiento sobre la compleja situación actual de la Iglesia y pueblo de Dios de esta querida ciudad de Osorno que no se merece estas contradictorias y dolorosas circunstancias eclesiales y pastorales.

La Iglesia católica ha estado sacudida durante varios meses por la revelación de escándalos de pedofilia. ¿Es todo esto una sorpresa? Quisiera antes que nada precisar una cosa: para que exista pedofilia son necesarias dos condiciones: una perversión profunda y un poder. Esto quiere decir que todo sistema cerrado, idealizado y sacralizado es un peligro. Cuando una institución, incluida la Iglesia, se fundamenta en una posición de derecho privado, y se afirma en una posición de fuerza, las desviaciones financieras y sexuales llegan a ser posibles”.

 Albert Rouet, Arzobispo de Poitiers en su libro:

 “J’aimerais vous dire” (Bayard, 2009).

Danilo Andrade Barrientos (Laico Ignaciano).

Osorno – Chile

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