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Tiempo de Cuaresma 

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Una sintética retrospectiva histórica nos permite comprender mejor el sentido profundo y la evolución de las prácticas que conciernen a este período.

Claves
-La Cuaresma comprende los 40 días de preparación para celebrar la Resurrección de Jesús.
-Durante este tiempo los cristianos tratan de profundizar la necesidad de una vida cada vez más coherente con el mensaje evangélico.
-Es un tiempo de penitencia, en griego metanoia, es decir: “cambio de mentalidad”.

Poco sabemos sobre el origen de la Cuaresma, su nacimiento y su desarrollo. Las primeras alusiones a una preparación de la fiesta de Pascua se remontan al siglo IV, al principio en Oriente y finalmente en Occidente. Al finalizar este siglo, ya consiste en un período de 40 días, aunque la preparación para la celebración pascual ya existía (por menos tiempo) desde el siglo II. La Cuaresma, en todo caso, fue instituida después del reconocimiento del cristianismo por el emperador Constantino (Edicto de Milán, 313). En esa época, los paganos recibían el Bautismo en masa. Pero el fervor de los primeros tiempos, donde las persecuciones exigían una fe muy fuerte, se fue atenuando poco a poco.
Los cristianos eligieron entonces huir del mundo y refugiarse en el desierto, para poder llevar una vida de oración y de renuncia. Se los llamaba los “Padres del desierto” (ver recuadro). En la misma época comienza a aparecer el catecumenado de los adultos que quieren recibir el Bautismo, y la práctica de la penitencia pública para los cristianos culpables de muerte, de adulterio o de apostasía. De esta manera, la Cuaresma fue tomando forma.

Tiempo de reconciliación
Desde el siglo III, se pone en práctica la formación de adultos que desean recibir el Bautismo; sus últimas lecciones se efectuaban en la época de la Cuaresma: en ese tiempo ellos finalizaban su preparación y vivían así las etapas preliminares del Bautismo que se les administraba en la Vigilia Pascual.
El catecumenado se redujo rápidamente, sobre todo en la medida en que se comenzó a bautizar a los niños: ya no había lugar para una formación especializada para los adultos, por lo tanto, todo el pueblo era bautizado.
Desde los años 1950 y sobre todo después del Concilio Vaticano II, la Iglesia restituyó un catecumenado para los adultos que querían recibir el Bautismo. La preparación duraba al menos dos años, y la última Cuaresma antes del bautismo era su momento más intenso.
Los penitentes públicos estaban excluidos de la comunión eucarística y eran asimilados a los catecúmenos. Durante mucho tiempo, los pecadores públicos recibían la reconciliación sólo antes de morir, luego de pasar años de penitencia. Más adelante, la disciplina penitencial se fue suavizando un poco, y las personas comenzaron a poder reconciliarse una vez cumplido el tiempo penitencial (que casi siempre duraba algunos años). La reconciliación de los pecadores se hacía como resultante de su última Cuaresma (un período de penitencia muy exigente) dentro de la celebración del Jueves Santo, para que pudiesen participar de la Eucaristía pascual.

Hacerse cargo
Los cristianos, conscientes de sus pecados y de sus miserias, en un deseo de purificación eligieron unirse a los penitentes públicos para acompañarlos en su Cuaresma de penitencia.
Es así como la Cuaresma se fue extendiendo por toda la Iglesia, y las reglas de la penitencia fueron retomadas pero con algunos cambios: las prácticas impuestas a los penitentes públicos eran de ayuno, tiempo de oración y abstención de relaciones conyugales. Tampoco se celebraba ningún casamiento durante la Cuaresma. Además, se imponía el ayuno a todas las personas de 20 a 60 años: éste consistía en hacer una sola comida al día y más tarde una colación por la noche. A veces se ayunaba “a pan y agua”, especialmente el Viernes y el Sábado Santos. La abstinencia de carne, de manteca y de huevos, que era la regla para todos los viernes del año, también se extendía a los miércoles de Cuaresma.
A partir de la Segunda Guerra, estas prácticas comenzaron a ser reducidas de una manera importante y hoy, después del Concilio Vaticano II, el ayuno es reservado al Miércoles de Ceniza y al Viernes Santo. Pero si las reglas propuestas por la Iglesia fueron suavizadas, no es porque la Cuaresma corra riesgo de desaparecer para los cristianos, sino que a través de esta flexibilización, la Iglesia nos muestra su deseo de responsabilizar verdaderamente a los cristianos, en lugar de someterlos a prácticas obligatorias y universales. En efecto, en este tiempo que invita a la conversión, cada uno está invitado a “hacerse cargo” de sus actos, a profundizar en la fe, a compartir con el hermano.

Cuarenta días
Cuaresma proviene del latín cuadragesima, es decir, “cuarentena”. Designa los 40 días en los cuales los cristianos se preparan para celebrar la Resurrección de Cristo en el día de Pascua. Originalmente comenzaba un domingo, 40 días antes de Pascua. Pero como no se ayunaba los domingos, porque es el día del Señor, se agregaron algunos días para que hubiera cuarenta días de ayuno. Desde entonces, la Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza.

Los Padres del desierto
Se retiraron del mundo para vivir el llamado evangélico a la pobreza y a la oración continua. El más célebre entre los Padres del desierto fue San Antonio, el primero en partir hacia Tebaida, Egipto. Poco a poco se le sumaron otros. Los llamaban “abba” (padre), que luego derivó en “abad”. Monasterios como el de San Basilio, en Oriente, y sobre todo el de San Benito, en Occidente (en el siglo VII), nacieron de estas experiencias.

Pierre Gulbert

Buenos Aires  –  Santiago

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