|Martes, Octubre 15, 2019
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Ecos de la visita Ad limina 

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Pocas informaciones tenemos de la visita ad limina. Habrá que culpar al secretismo que sigue la norma  vigente del Vaticano en todas estas reflexiones y diálogos que celebran los participantes de este tipo de encuentros.

La escueta declaración del comité permanente del episcopado celebra el sentido de este encuentro y tiene razón porque la gran mayoría de los católicos perciben este evento como un nexo con las raíces de nuestro cristianismo y agradece a Dios por nuestra cohesión católica en torno al Papa.

En la entrevista que dio  el presidente de la conferencia episcopal chilena al L’ Osservatore Romano, Mgr Santiago Silva comenta su agrado de haber encontrado un ambiente novedoso en esta visita que antes era muy formal. Habla de “conversaciones libres” de “espíritu fraterno” para el diálogo. Esta información  alegra a muchos cristianos que esperan ver cambiar a su Institución eclesial en esta dirección, un cambio prometedor que inició  el Papa Francisco. La nota discordante fue la foto oficial de la visita que muestra a todos los obispos en un orden perfecto con sus atuendos tradicionales.

El comunicado del Comité permanente nos recuerda que en todas las diócesis y en la conferencia episcopal, hubo muchos trabajos preparativos para este encuentro para llevar informaciones actualizadas a Roma. Pero no se tuvo ninguna información al respecto. Se habría esperado que los obispos pudieran haber dado un tipo de “cuentas públicas” de sus cinco años de gestión como lo hacen los gobernantes,  un análisis de los problemas de la Iglesia en Chile y también las percepciones de la situación del país. Estos trabajos habrían interesado a muchos católicos deseosos de ver una evaluación eclesial. Pero nada de esto pasó antes de su viaje.

Después de la visita ad limina, se habría esperado un reportaje de las conversaciones que tuvieron con el Papa, de los temas que se abrieron y de las ponencias de cada uno de los obispos. Faltaron unas informaciones  de los encuentros  con los organismos visitados, los Dicasterios vaticanos,  pero nada de esto se hizo. Debemos contentarnos con los decires del Comité permanente que dice que el Papa ha “confirmado “e “estimulado”  a los obispos chilenos para “continuar” su misión.

Acerca de las prioridades pastorales, el Comité permanente, en su comunicado, se escuda atrás de las palabras del Papa  para repetir las prioridades pastorales: las mismas de siempre pero invertidas: la juventud, los ancianos, la religiosidad popular, los indígenas y los pobres. El comunicado señala particularmente la insistencia del Papa en la piedad popular de “evidente corte mariano”, que  cita como “siendo fundamental”… No se olvidan recordar, al paso,  la estructura eclesiástica: sacerdotes, diáconos, religiosos(as) y laicos(as).

Este comunicado deja la sensación de que no ha pasado nada especial en Roma. Felizmente la entrevista de Mgr Silva da otra impresión. Ha sido elegido recientemente en la presidencia de la Conferencia  y esto da algunas esperanzas para una mejor gestión de la Iglesia. Su insistencia en la evangelización como desafío de la Iglesia chilena es mucho más motivador que el conservatismo de la devoción popular.

Mgr Silva relata que el Papa les pidió  a los obispos “comunión  y sinodalidad” pero sin dar mucha explicación de esto. Recuerda los decires repetitivos del Papa sobre la necesidad de que la Iglesia debe “salir a las periferias”. Luego, hablará  más bien personalmente de una”evangelización más pertinente”, un “evangelio que es camino de humanización”.

En el comunicado como en las palabras de Mgr Silva  se nota una reserva mancomunada.  La falta de transparencia de los líderes de la Iglesia para la conducción de la Iglesia  nos escandaliza sobre todo cuando se la reclama a todos las instancias civiles. ¿Qué temor tienen los Obispos? ¿De quienes tienen miedo?

¿Qué habría esperado el pueblo cristiano?  Primero un análisis autocrítico de la gestión episcopal y principalmente por las nominaciones de los obispos, unas pistas de reforma del clero y no solamente preventiva o correctiva de abusos sexuales, unas inquietudes para reformar comunitariamente las parroquias, una evaluación seria de la educación católica… pero sobre todo una promoción de iniciativas para una nueva evangelización, la tarea pendiente.

En cuanto a lo que se pudo haber conversado de la situación de la sociedad chilena, se puede descubrir entre líneas, que el Papa habló de “gran orfandad paterna” en la cultura, de divisiones entre los hombres, de superficialidad, de intelectualismo (¿)…estas afirmaciones tan poco desarrolladas no permiten entender lo que se planteó allí realmente.

En las respuestas libres de Mgr Silva, llama la atención  que éste no abandonó el pesimismo  que manifiestan a menudo los eclesiásticos hablando de la sociedad actual, (“mundo cada vez más inhóspito”). Pero en contraparte entrega una visión del Evangelio que puede influir positivamente en la sociedad.  No puede evitar de recoger  la bandera “contra el aborto”, pero no aborda el tema de la familia como se le había solicitado. Le preocupó mayormente hablar del evento internacional que va a movilizar a la Iglesia en el futuro próximo: otra edición del sínodo internacional de la juventud a celebrarse en Panamá.

Respecto a esta prioridad de la juventud, hay que preguntarse por qué no se ha hecho alguna vez prioridad de los adultos (las personas: mujeres y hombres). ¿Será que la Iglesia considera la población adulta fuera de su alcance y que solo se podrá “recuperar” a la gente en su vejez.  Interesarían también unas evaluaciones de la convocatoria anterior de la juventud y sus repercusiones en la vida eclesial.

Para terminar, hace falta decir aquí que se están haciendo todas estas consideraciones no a modo de críticas, sino para testimoniar una sincera inquietud: una necesidad de reflexiones serias, también una necesidad de expresión y de participación del pueblo cristiano. ¿ De qué otra manera podría haber realmente “comunión y sinodalidad”?

Paul Buchet  –  Freire

 

 

 

 

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