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Cuatro años de pontificado: ¿Continuidad y/o cambio? 

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El 13 de marzo se cumplieron cuatro años de la elección del Papa Francisco. Por primera vez en la historia, los cardenales votaron mayoritariamente por el primer pontífice del continente americano y primer pontífice de la Compañía de Jesús. Por estas y por otras razones se abría un periodo nuevo, probablemente de cambio, en la historia de la Iglesia.

No por casualidad, el papa eligió como nombre Francisco, en recuerdo del santo de Asís y patrono de Italia. En sus primeras palabras desde el balcón de la fachada de san Pedro se definió como el nuevo obispo de Roma y el papa venido «del fin del mundo», y se atrevió a mendigar oraciones por su persona.

 Se podría decir que el nuevo papa recoge la herencia de los papas del siglo XX. De Benedicto XV, que padeció la Primera Guerra Mundial, mantiene las continuas llamadas a la paz en los conflictos armados. De los largos pontificados de Pío XI y Pío XII, que sufrieron la crisis del 29 y la crisis de la segunda posguerra mundial, conserva la búsqueda de soluciones a la profunda crisis económica, que también repercute en la vida política y cultural. De Juan XXIII, que convocó el Concilio Vaticano II, recuerda la bondad, el buen humor y el anhelo por reformar la Iglesia. De Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, que defendieron la civilización del amor, tomó la opción del diálogo con los creyentes y también con los no creyentes. Como todos los papas del siglo XX, Francisco sigue preocupado por el matrimonio y la familia, tal como ha dejado por escrito en la exhortación apostólica Amoris laetitia. Por tanto, se aprecia una continuidad en los temas tratados.
 Además de ser fiel al legado pontificio reciente, Francisco presenta una cierta novedad respecto a los papas del siglo XX. Si todos los papas recién mencionados vivieron en el apartamento pontificio del tercer piso del Palacio Apostólico, el papa actual prefiere vivir en la Residencia de Santa Marta en un aposento modesto, formado por un pequeño salón, un despacho y una habitación con baño. Se trata de algo más que un cambio de estilo, ya que pretende predicar con su propio ejemplo una vida austera en sintonía con la reforma que ansía para sí mismo, para la Iglesia y para el mundo. El afán de renovación y el amor a la virtud de la pobreza recuerdan, de nuevo, a san Francisco de Asís. Por consiguiente, se detecta aquí un cambio.

Entre sus mensajes cabe detenerse en la insistencia en que la Iglesia debe salir de sí misma e ir a las periferias, es decir, construir puentes para dialogar, compartir y ayudar, especialmente con los más desfavorecidos de la sociedad. Esto se puede ver en su primera exhortación apostólica Evangelii gaudium.

Esta idea y otras ideas de Francisco han sido acogidas e incluso aplaudidas por la opinión pública mundial. Sin duda, el nuevo pontífice ha sido escuchado por personas que dificilmente habían sintonizado anteriormente con la Iglesia. Es el caso del historiador francés Jacques Le Goff, precisamente biógrafo de Francisco de Asís, que se reconoció no creyente, pero emocionado con las primeras palabras del papa.

Así las cosas, a mi modo de ver la elección del cardenal Bergoglio ha sido providencial, tanto por el momento de crisis económica prolongada en el que fue elegido, como por las primeras medidas tomadas como pontífice para sacar a la Iglesia de su crisis interna (caso Vatileaks, actuación contra la pedofilia, etcétera) y mejorar su imagen externa a través de reformas en la administración vaticana.

Hace tiempo, Francisco comentó que su pontificado sería breve, incluso se atrevió a decir de cuatro o cinco años. Ahora que se han cumplido cuatro años de papado, y espero que no se le ocurra renunciar como hizo Benedicto XVI, aunque esto no lo descarto que pueda ocurrir en el futuro. Los historiadores no somos profetas, y sabemos que la historia no está escrita, pero deseo que pueda hacer una reforma como la impulsada por san Francisco de Asís hace muchos siglos.

Onésimo Díaz  –  Historiador

Las Provincias  –  Reflexión y Liberación

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