|Martes, Abril 25, 2017
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Horror por la masacre de Idlib en Siria 

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«Asistimos horrorizados a los últimos eventos en Siria. Expreso mi firme repulsa por la inaceptable masacre perpetrada ayer en la provincia de Idlib», exhortando a «cuantos tienen responsabilidades políticas, a nivel local e internacional, para que cese esta tragedia y se lleve alivio a esa querida población, desde hace demasiado tiempo extenuada por la guerra».

Hoy, Papa Francisco pronunció estas duras palabras al final de la Audiencia general en la Plaza San Pedro, recordando particularmente el «grave atentado de los días pasados en el metro de San Petersburgo, que ha causado víctimas y desolación en la población». Durante la catequesis, Francisco subrayó que «los mafiosos creen que el mal se puede vencer con el mal», porque «no tienen esperanza».

Prosiguiendo con el ciclo de catequesis sobre la experiencia cristiana, Jorge Mario Bergoglio dedicó la de hoy al concepto de «dar razones de la esperanza que habita en nuestros corazones», que aparece en la Primera Lectura del Apóstol Pedro, un texto que «hunde sus raíces directamente en la Pascua». «Nuestra esperanza no es un concepto –insistió Papa Bergoglio–, no es un sentimiento, no es un teléfono celular, no es un montón de riquezas: ¡no! Nuestra esperanza es una Persona, es el Señor Jesús que lo reconocemos vivo y presente en nosotros y en nuestros hermanos, porque Cristo ha resucitado. Los pueblos eslavos se saludan, en vez de decir “buenos días”, “buenas tardes”, en los días de Pascua se saludan con esto “¡Cristo ha resucitado!”, “¡Christos voskrese!”, lo dicen entre ellos; y son felices al decirlo. Y este es el “buenos días” y las “buenas tardes” que nos dan: “¡Cristo ha resucitado!”». Y la «esperanza que habita en nosotros, por tanto, no puede permanecer escondida dentro de nosotros, en nuestro corazón: sino, sería una esperanza débil, que no tiene la valentía de salir fuera y hacerse ver; sino nuestra esperanza, como se ve en el Salmo 33 citado por Pedro, debe necesariamente difundirse fuera, tomando la forma exquisita e inconfundible de la dulzura, del respeto, de la benevolencia hacia el prójimo, llegando incluso a perdonar a quien nos hace el mal. Una persona que no tiene esperanza no logra perdonar, no logra dar la consolación del perdón y tener la consolación de perdonar. Sí, porque así ha hecho Jesús, y así continúa haciendo por medio de quienes le hacen espacio en sus corazones y en sus vidas, con la conciencia de que el mal no se vence con el mal, sino con la humildad, la misericordia y la mansedumbre».

Por el contrario, «los mafiosos piensan que el mal se puede vencer con el mal, y así realizan la venganza y hacen muchas cosas que todos nosotros sabemos. Pero no conocen que cosa es la humildad, la misericordia y la mansedumbre. ¿Y por qué? Porque los mafiosos no tienen esperanza. ¡Eh! Piensen en esto. Es por esto que San Pedro afirma que “es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la voluntad de Dios, que haciendo el mal”: no quiere decir que es bueno sufrir, sino que, cuando sufrimos por el bien, estamos en comunión con el Señor, quien ha aceptado sufrir y ser crucificado por nuestra salvación».

En este sentido, concluyó, «cada vez que nosotros tomamos parte a favor de los últimos y de los marginados o que no respondemos al mal con el mal, sino perdonando, sin venganza, perdonando y bendiciendo, cada vez que hacemos esto nosotros resplandecemos como signos vivos y luminosos de esperanza, convirtiéndonos así en instrumentos de consolación y de paz, según el corazón de Dios. Así, adelante con la dulzura, la mansedumbre, siendo amables y haciendo el bien incluso a aquellos que no nos quieren, o nos hacen del mal. ¡Adelante!». 

Iacopo Scaramuzzi  –  Ciudad del Vaticano

Vatican Insider  –  Reflexión y Liberación

 

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