|Sábado, Julio 22, 2017
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“Francisco: Palabra Profética y Misión” 

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Prólogo del Padre Ángel al libro “Palabra Profética y Misión” que en 250 páginas nos ofrece 12 excepcionales discursos y homilías de Papa Francisco, junto a variados comentarios y testimonios de personalidades cristianas de España y Chile. La obra se presentará este Jueves 20 en la Iglesia de San Antón en el centro de Madrid.

 

Como Don Quijote, hay personas que aceptan pasar por muchos peligros para hacer el bien; para mejorar el mundo. Heroico, aunque cercano, el Papa Francisco es un ejemplo de ello. Absolutamente entregado a los demás, en especial a los que sufren, ha supuesto una primavera para el Vaticano. Y los riesgos que está asumiendo nos salvan de muchos naufragios a los que somos sacerdotes sencillamente porque creemos en Dios y en los hombres.

Cuando era pequeño y en mi pueblo de Asturias moría un minero en la mina, o mataban a alguien en el monte -eran tiempos de guerra y miseria en España-, recuerdo que nos volcábamos en ayudar a quienes quedaban huérfanos. Ese comportamiento, que solemos llamar solidaridad o tal vez misericordia, hacía crecer mi fe en las personas. Había hambre, pero el vecino te abría su casa.

Por eso fundé Mensajeros de la Paz. Para defender la misericordia a veces incluso por encima de la justicia. Para luchar por la gente más desfavorecida. Para querer a los demás como quiero que me quieran.

54 años después, en el mundo siguen existiendo orfanatos como aquel que recuerdo en medio de una guerra civil. Sigue habiendo niños que crecen sin el cariño necesario para su felicidad. Y no sólo la infancia no está lo atendida que cabría esperar dentro del mundo global y moderno del siglo XXI, sino que muchas personas adultas o ancianas malviven en las calles de las grandes ciudades. Sin hogar, sin compañía, víctimas del olvido. Se trata de una tragedia que Francisco ha señalado con fuerza: la cultura del descarte.

Sin embargo, el Santo Padre demuestra con su ejemplo que muchos problemas siguen solucionándose con una sonrisa. Contra la cultura del descarte, propone el encuentro como medicina. El encuentro preside todos sus discursos. Los que ha dirigido a los jóvenes. Los que ha dirigido a los periodistas. Los que ha dirigido a los Movimientos Populares o a los miembros de las Naciones Unidas. También preside la praxis de su Iglesia para los pobres, que sale al encuentro de los pobres.

Siguiendo su ejemplo de humanidad y misericordia, su espíritu acogedor y su “revolución de la ternura”, en cuanto me cedieron la Iglesia de San Antón (una pequeña parroquia en el centro de Madrid), abrí sus puertas las 24 horas del día.

En San Antón, Mensajeros de la Paz trabaja acompañando a personas en situación de calle, en su proceso de inclusión social. Empezamos queriendo proporcionarles los requerimientos básicos, en pos de tejer esa red que les incluya. Y nos dimos cuenta, de inmediato, de que lo que primero necesitan es un abrazo.

Desayunan, dentro del templo, con mantel y vajilla. Se llevan la cena antes de irse al albergue, y hasta el papel higiénico a veces. Todo lo que tenemos en San Antón (de la wifi al café) es para que quien lo necesite lo tome, a cambio de nada. Pero es cierto que muchas veces, más que el café, lo que les hace falta es ese alguien con quien tomarlo.

La soledad es la enfermedad más difícil de curar… Por eso la misericordia ha de ser la nueva razón de la Iglesia, que lo que quiere es curar. Y por eso tenemos un Papa que hace lo que dice. Que abraza. Porque uno sale adelante cuando se siente querido y respetado.

Me sumo gozosamente a la publicación de “Francisco: Palabra Profética y Misión”, convencido de que divulgar el mensaje revolucionario de nuestro actual Papa da visibilidad, de por sí, a los que han sido invisibilizados en la sociedad. Y por supuesto a la Iglesia Católica de doctrina social, que defiende los derechos humanos y es ejemplo de compasión.

Gracias, Papa Francisco, por habernos dicho en voz alta que es una vergüenza que estemos permitiendo esta tercera guerra mundial a trozos. Esta desigualdad, la exclusión de muchos, la tristeza de los niños y la soledad de los mayores. Pero gracias, sobre todo, por recordarnos, al mismo tiempo, que es la misericordia lo que nos separa de lo mecánico. Que es la cultura del cuidado la que nos hace humanos.

 

Padre Ángel García

Fundador y Presidente de Mensajeros de la Paz

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