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El magisterio de Francisco «es fuente de energía para los religiosos» 

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Habla el P.  David Kinnear Glenday, Comboniano, secretario de la Unión de Superiores Generales. La disminución de las vocaciones y los escándalos financieros han dejado huella, pero hay signos de esperanza. El magisterio de Francisco «es fuente de energía para los religiosos».

Padre Glenday, usted tiene orígenes escoceses y desde 2009 es secretario de la Unión de Superiores Generales (USG); parece que en Europa la vida religiosa sufre crónicamente una disminución constante de vocaciones. ¿Está de acuerdo?

Admitamos que en general en Europa hay una disminución de las vocaciones. Pero, antes que nada, esto no siempre es cierto; en segundo lugar, si hoy un joven francés decide seguir la vida religiosa, esto indica una elección muy radical. Y entonces, tal vez es cierto que no hay mucha cantidad, pero habrá un poco de calidad, porque este chico o esta chica debe tomar una decisión semejante sin muchos apoyos sociales o familiares, con una convicción extrema. Además, creo que los religiosos y las religiosas en Europa viven el fenómeno actual sin pánico, pensando que tal vez este es el momento para volver a las raíces, para volver a descubrir la esencia de la vida religiosa; además, existe la convicción de que en Europa la vida religiosa, que se ha renovado tantas veces en los siglos pasados, volverá a renovarse antes o después en el futuro. Y luego, numéricamente quién sabe: puede ser que (lo digo como broma), que tal vez antes había demasiados. Pero en el fondo no se trata de una broma, porque un aspecto de este fenómeno es que hoy existe la conciencia de poderse dedicar al Señor en muchos «estados», incluso como laicos, por ejemplo.

Extendiendo la mirada, más allá de Europa, la cosa cambia…

En lo personal, no me entusiasman los que se consuelan diciendo: «Beh, somos pocos en Europa, pero somos muchos en otras partes, en Asia o en África…». Porque se ve bastante claramente que factores que han influido negativamente en Europa comienzan a llegar a otras realidades y países. Pensemos, por ejemplo, en la urbanización: la Iglesia, en mi opinión, no ha resuelto el problema de la urbanización y creo que también la vida religiosa tiene este problema. Yo trabajé 11 años en Manila, y constaté que es mucho más difícil tener respuestas vocacionales con respecto al pasado, porque hay más disgregación, el ambiente y el contexto social no ayudan, no hay formación. En otras palabras, nos conviene afrontar las dificultades europeas porque esto nos ayudará a afrontar los mismos problemas en otras partes.

¿Cuál es la situación en África?

En algunas zonas se puede todavía tener una buena respuesta numérica, pero evidentemente se necesita un discernimiento atento para evitar que la atracción de la vida religiosa se deba a una falta de alternativas de vida. Sin embargo, nosotros los combonianos, por ejemplo, ahora no encontramos con casi todos los provinciales superiores de las provincias africanas que son de origen africano, entonces: hay una respuesta vocacional, incluso numérica, capaz de contener una respuesta de consagrados de valor.

¿Cómo ha sido recibido el magisterio de Papa Francisco por la vida religiosa, considerando que se orienta mucho hacia temas sociales, hacia la relación entre el norte y el sur del mundo?

La recepción en gran medida, diría, que ha sido entusiasta. Además hay que considerar que el Papa mismo es un “religioso”, y no solo en el papel, es religioso como persona, en su forma de concebir su ministerio, es decir un ministerio de reforma de la Iglesia, de renovación, que es la semilla de cualquier instituto, de cualquier fundador que quería renovar la Iglesia. Como consecuencia, nos encontramos muy en sintonía; y luego, nos entusiasma y nos desafía por el impulso misionero que promueve, la idea de la Iglesia en salida. Otra broma: estábamos acostumbrados, en relación con la Iglesia institucional, a pensarnos de vanguardia, pero ahora con Francisco nos vemos obligados a correr detrás de él; no se ahorra ni desafíos ni peticiones. Y también demuestra un interés vivo por la vida religiosa, se reúne con grupos de religiosos, siempre se ha encontrado con las dos uniones (de superiores y de superioras) cuando se lo han pedido, e incluso para diálogos de cierto espesor. Por ello digo que es fuente de energía para los religiosos y a veces también crea ese sano “malestar” que es un desafío.

En los últimos años han surgido problemas sobre una mala gestión financiera por parte de muchos Institutos. ¿Qué le parece lo que está pasando?

Los problemas que han surgido han sido una especia de alarma o de despertador; una lección que hemos aprendido es que hay que hacer que funcionen los “check and balances” que ya existen en nuestras constituciones. El superior general no puede actuar solo en ciertas cosas, debe contar con el voto de su consejo, el ecónomo se ve obligado a referir al general y al consejo. Cuando estos y otros mecanismos de garantía no funcionan o son ignorados, nacen los problemas. Porque algunas cosas habrían sido de fácil solución. Con respecto a otros casos que han surgido, la reacción de los Institutos involucrados ha sido fundamentalmente saludable, aunque difícil, han tratado de aprender de la experiencia. Incluso porque, si se trató de cosas muy graves, vivimos un momento de purificación.

Usted vive desde hace varios años en Italia, en donde han surgido varios de estos escándalos financieros, pero también es un país del que han salido muchísimos misioneros…

Los desafíos son grandes, así como las dificultades, y creo que puede haber una cierta resistencia a aprovechar el momento actual como oportunidad en lugar de declive o desastre. Y luego, no sé cuán positivo sea la relación entre la vida religiosa y la Iglesia local, creo que podría crecer el sentimiento de comunión con beneficio para todos. Pero todavía hay muchos recursos humanos para la vida religiosa, pienso, por ejemplo, en todas las familias franciscanas, que me parece que tienen todavía mucha vivacidad (también vocacional). Pero también es cierto: Italia tiene muchos misioneros en el mundo, por lo que la situación es de desafío, de oportunidad y, claro, hay algunas resistencias, pero hay muchas posibilidades para el futuro.

Hablemos sobre Irlanda. De gran nación católica a país que ha vivido una profunda crisis en su relación con la Iglesia y con los Institutos religiosos, debido principalmente a los escándalos de los abusos de menores. ¿Qué tal van las cosas ahora?

Tengo la impresión de que la situación todavía es dura tanto para la iglesia como para la vida religiosa. Pero en la base, en las parroquias, la práctica religiosa es todavía fuerte, algunas órdenes religiosas incluso están creciendo, pero esto no quiere decir que no sea un momento durísimo debido a los problemas que surgieron. Y esto está influyendo, pero la gente sabe distinguir, sabe decir: «Ha habido muchas cosas negativas, pero no todo era negativo». Partiendo de esta semilla positiva, madura también la práctica religiosa. Pero, claramente, se trata de un escenario completamente diferente frente al que había hace 50 años, cuando Irlanda mandaba a todo el mundo curas,monjas, hermanos y hermanas.

De cualquier manera, el Papa irá a Irlanda en ocasión del Encuentro mundial de las familias de 2018, un hecho relevante…

Sí, una cosa importantísima, según su estilo. Es evidente que él, se podría decir, entre más hostil es el lugar más quiere ir. Y luego hay que considerar que ha habido una renovación fuerte del episcopado irlandés, y también que en el pasado hubo relaciones difíciles entre la Santa Sede y el gobierno, pero que ahora han sido superadas.

Padre Glenday, en el mundo hay alrededor de 800 mil monjas y 200 mil religiosos. ¿Ustedes colaboran recíprocamente?

En el nivel de las dos uniones (la de los superiores y la de las superioras, ndr.), nos reunimos regularmente. Además hay algunas comisiones comunes en las que colaboramos: salud, educación, diálogo, justicia y paz. También hay una justa autonomía, porque los intereses son diferentes con otras cuestiones.

Francisco ha hablado de la hipótesis de los “viri probati”, pidió que se discutiera. ¿Qué papel pueden tener los laicos en la Iglesia?

Creo que todavía es un campo que hay que desarrollar; en cuanto al sacramento de la orden y así, el Papa ha dicho: «¡Discutámoslo!»; que significa que no está prohibido, entonces se puede también pensar que podría ser una cosa buena. Pero, claro, todo el tema de los laicos, de las laicas, puede ser desarrollado, hay mucho que hacer.

Ustedes, como USG, han declarado que en algunas zonas del mundo faltan misioneros. ¿Trabajan con áreas geográficas específicas?

Desgraciadamente falta una planificación misionera. Existe solo a nivel informal. La Iglesia en África habla de «solidaridad pastoral orgánica», pero nunca se ha hecho. Aquí, dentro de las dos uniones, nació una iniciativa de solidaridad con Sudán del Sur para llevar a cabo un trabajo en ese país, y es un pequeño ejemplo. Y después están los hermanos maristas y los lasallistas que se han unido por los refugiados sirios en el Líbano. Pero, desgraciadamente, falta una planificación mundial de este tipo. Somos lentos en estas cosas, y tenemos que trabajar al respecto, porque estamos hablando de un millón de personas (entre religiosos y religiosas, ndr.), un ejército muy presente en las fronteras, que podría estar un poco mejor organizado.

Francesco Peloso  –  Ciudad del Vaticano

Vatican Insider  –  Reflexión y Liberación

 

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