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¿A qué va Francisco a Fátima? 

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¿A qué va Francisco a Fátima? A gritar, actualizar y purificar…

Fátima es un icono mundial con dos caras. Por un lado, visibiliza las ansias de paz que anidan en el corazón de las personas y de la humanidad. Por otro, evoca misterios ocultos, secretos apocalípticos, visiones terroríficas del infierno y anatemas a las revoluciones comunistas del siglo pasado, pero no a la iniquidad nazi. ¿Qué busca el Papa Francisco en este caleidoscopio religioso y arma de doble filo para la conversión pastoral que promueve?

A mi juicio, tres son los objetivos principales que Francisco persigue en su visita a Fátima. En primer lugar, lanzar un grito de paz desde ese rompeolas con ecos globales. Y es que el Papa está muy preocupado por la paz. Pero no con una preocupación retórica e intemporal, sino como algo concreto y amenazadoramente cercano.

Desde que llegó al solio pontificio, el Papa argentino consagró la expresión de “guerra a pedazos”, para referirse a los conflictos diseminados por todo el planeta, contra los que viene luchando con todas sus fuerzas, implicándose incluso personalmente. Con una oración mundial paró el bombardeo sobre Siria; ofició una oración en el Vaticano con el presidente palestino Abas y el entonces presidente israelí Peres; consiguió un acuerdo entre Raúl Castro y Obama; medió con éxito en Colombia; está haciendo lo propio en Venezuela; paró la guerra en Centroáfrica y hasta podría viajar a Sudán del Sur, para intentar lo mismo.

Pero, ahora, su preocupación no se refiere tanto a estos fuegos localizados, sino a una eventual guerra mundial, que podría hacer saltar por los aires al planeta. De ahí, su premura por rezar a la Virgen de la paz de Fátima. Y desde allí lanzar un grito por la paz, que resuene en los corazones de la gente y mueva a la reflexión a los traficantes de armas. Su autoridad moral mundial se lo permite. Su conciencia se lo impone. Y allí mismo le escucharán más de una docena de jefes de Estado y de Gobierno de diversos países del mundo.

En segundo lugar, Francisco pretende resituar y actualizar teológicamente las apariciones de Fátima. Porque más que de apariciones, en Fátima hay que hablar de visiones o interpretaciones místicas de los pastorcillos, en línea con lo que dijera el propio Benedicto XVI, al interpretar el tercer secreto y hacer una lectura teológica del mismo.

Y, por último, purificar uno de los pulmones de la religiosidad popular más importantes del mundo. Fátima, con sus 6 millones de peregrinos anuales, es, junto a Lourdes (otro 6) y Guadalupe en México (con 15 millones) uno de los santuarios católicos más visitados. Riadas de peregrinos, que acuden a suplicar a la Virgen suerte, fortuna, pero sobre todo curación de sus enfermedades o las de sus familiares más queridos. Un ancla de salvación y de esperanza.

En todos los santuarios y, quizás especialmente en Fátima, se produce esa mezcla de lo sagrado y lo profano. De lo religioso, con decenas de miles de conversiones y confesiones, y de lo comercial, con un negocio crematístico impresionante, que se mueve alrededor del santuario.

Francisco es partidario de la religiosidad popular, que alimenta al pueblo sencillo y lo mantiene cerca de Dios y de la Virgen. Pero también odia el mercantilismo del dios-dinero, asi como la utilización espuria de lo sagrado. Gritar, actualizar y purificar, la tríada de Francisco en Fátima, “peregrino de la esperanza” a los pies de la Virgen y con la ayuda de los tres pastorcillos, que pueblan el imaginario de medio mundo.

José Manuel Vidal  

Director de Religión Digital

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