|Miércoles, Agosto 23, 2017
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Trump cara a cara con el Papa que quiere derribar muros 

Pope Francis poses with U.S. President Donald Trump during a private audience at the Vatican May 24. (CNS photo/Paul Haring) See POPE-TRUMP-MEET May 24, 2017.

A las 8.17 hrs. de hoy, 24 de mayo de 2017, Donald Trump entró al estado más pequeño del mundo. Atravesó la Puerta del Perugino y desde allí se dirigió al Patio de San Dámaso, a donde llegó tres minutos después.

Sobre el arco de entrada del Palacio Apostólico estaba la bandera de los Estados Unidos, como sucede en cada visita de estado. La Primera Dama llevaba un vestido negro con el velo, como indica el protocolo tradicional, que se sigue cada vez menos (a excepción de las reinas católicas, que pueden vestir de blanco). El Prefecto de la Casa Pontificia, el arzobispo Georg Gänswein recibió al presidente y su séquito. Después Trump estrechó la mano de los Gentilhombres de Su Santidad, formados en el tapete rojo. El presidente y su séquito subieron con el elevador y después se dirigieron a las salas del Palacio Apostólico. Trump levantó en varias veces los ojos para ver los frescos del techo.

Fuera del estudio privado, el primer encuentro entre Francisco y Trump. El Papa salió de la Biblioteca para recibir al huésped, a quien dio la mano. Era evidente una cierta tensión entre ambos. Dentro del estudio, los dos líderes juntos se sometieron a las fotos de rito. Trump sonrió y Bergoglio un poco menos. «Muchas gracias, este es un gran honor», dijo el presidente al Papa.  «Es el protocolo», dijo Francisco a su huésped, casi queriendo pedir disculpas, para quien el ritual de las fotos no es ninguna novedad.

El Papa y Trump después se sentaron uno frente al otro, separados por el gran escritorio de madera oscura. A las 8.33 el coloquio comenzó. «You are welcome», dijo el Papa. «I speak spanish», advirtió Bergoglio al principio del encuentro, mientras se sentaba a su lado el intérprete, monseñor Mark Miles. El cara a cara a puertas cerradas concluyó un minuto después de las nueve, y duró 28 minutos. La audiencia, con el intercambio de regalos y el saludo de la delegación, duró, en conjunto, 40 minutos.

Entre los temas afrontados, según indicó una nota de la Sala de Prensa vaticana, «las buenas relaciones bilaterales que existen entre la Santa Sede y Estados Unidos de América, además del común compromiso a favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia». Ambas partes expresaron el deseo de «una serena colaboración entre el Estado y la Iglesia católica en Estados Unidos, comprometida al servicio de las poblaciones en los campos de la salud, de la educación y de la asistencia a los migrantes».

La nota informó que después el Papa y Trump «se permitieron un intercambio de visiones sobre algunos temas de actualidad internacional y sobre la promoción de la paz en el mundo mediante la negociación política y el diálogo interreligioso, con particular referencia a la situación en el Medio Oriente y a la tutela de las comunidades cristianas».

La Primera Dama, Melania, fue la primera en ser presentada al Papa. Le pidió que bendijera un objeto que llevaba en las manos. Durante el intercambio de regalos, Francisco le dio a Trump un bajorelieve en bronce que representa el símbolo del olivo, y le explicó su significado: hay una fractura que indica «la división de la guerra», dijo Bergoglio, y toda la imagen representa «mi deseo por la paz». Después le pidió al presidente que contribuyera en la construcción de un mundo de paz. El Papa después le regaló a Trump el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2017 («La firmé personalmente para usted», dijo Bergoglio), además de los tres principales documentos de su Pontificado, encuadernados en cuero rojo: la exhortación apostólica «Evangelii gaudium», la encíclica «Laudato si’» dedicada a la defensa de la creación, y la exhortación sobre el matrimonio y la familia «Amoris laetitia». Francisco le explicó de qué trataban los tres volúmenes y el presidente estadounidense dijo: «Bien, los leeré». Donald Trump, en cambio, le regaló al Papa los libros de Marthin Luther King, y dijo: «Espero que los disfrute». El clima un poco tenso del principio desapareció, y, como sucede a menudo en el momento final del encuentro, hubo sonrisas y algunas bromas.

Cuando se despidieron, Melania le dijo al Papa: «Gracias, voy a visitar el hospital». La Primera Dama, de hecho, irá a las 11.15 al Bambino Gesù. Trump, por su parte, afirmó: «Good luck. Buena suerte, gracias y no olvidaré lo que dijo».

Trump no llegó al Vaticano en la limosina blindada llamada “The Beast”, un vehículo militar de 13 centímetros de espesor compuestos por acero templado, aluminio, titanio y cerámica anti-balas. Llegó con una camioneta blindada, un poco más maniobrable.

Cuando la Casa Blanca, a principios de este mes de mayo, indicó la fecha para la audiencia, recibió como respuesta dos posibles horarios: a las 8.30 de la mañana, como sucedió, o por la tarde, a las 15. Esto se debe a que el Papa, todos los miércoles por la mañana, está ocupado con la Audiencia general con los fieles en la Plaza San Pedro. El gran flujo de fieles que había en la Vía de la Conciliación y en las zonas cercanas, que se suma a la presencia de los más de 200 obispos italianos presentes en el Aula Pablo VI, reunidos en su asamblea general, obligaron a la Santa Sede y a la administración estadounidense a estudiar un recorrido que no provocara interferencias, debido a la imposibilidad de recorrer el acostumbrado camino de las visitas de Estado, mediante la Vía de la Conciliación y entrando por el Arco de las Campanas.

Se descartó la hipótesis, que se consideraba al principio, de que el presidente llegara en helicóptero (la seguridad de Trump habría previsto por lo menos la llegada de tres o cuatro aeronaves), se estudió un recorrido que contempló la entrada por la Puerta del Perugino, en la zona del Vaticano que da hacia la Vía Gregorio VII, y desde allí la comitiva se entró sin problemas al Estado más pequeño del mundo. Al llegar al Patio de San Dámaso, los recibieron un puñado de Guardias Suizos y el Prefecto de la Casa Pontificia.

En el séquito que acompañaba al presidente de Estados Unidos, además de la Primera Dama, su hija, Ivanka y su yerno Jared Kushner, estaban el Secretario de Estado Rex Tillerson, el asistente para la Seguridad Nacional, H.R. McMaster, la directora de comunicaciones estratégicas Hope Hicks, el director de Redes sociales Daniel Scavino, el director del National Economic Council Gary Cohn, el encargado “ad interim”de asuntos de la embajada estadounidense ante la Santa Sede Louis Bono, la vice-asistente del presidente para la Seguridad Nacional Dina Powell, el director de las operaciones de la Sala Oval Keith Schiller y al final la intérprete Alessandra Bonatti. Todas las mujeres que estaban presentes llevaban el velo.

Después del encuentro con el Papa, la delegación estadounidense se reunió con el Secretario de Estado Pietro Parolin y con el “Ministro del Exterior” vaticano, el arzobispo Paul Richard Gallagher.

Andrea Tornielli  –  Salvatore Cernuzio

Vatican Insider   –   Reflexión y Liberación 

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