|Martes, Diciembre 7, 2021
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Campañas políticas y apatía pública 

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(Paul Buchet).-

Los que han pasado por momentos de desaliento, de ahogo o de cansancio mental, si consultan profesionales por su malestar de vivir, se verán interrogados  por lo que puede haber sucedido en su vida, le preguntarán si tienen trabajo estresado, si tienen problemas familiares…Pero raras veces se buscará explicaciones de su malestar en el ambiente social del país. Sin embargo, por más individualistas que somos hoy día, el peso de lo que pasa en la sociedad y, particularmente, lo que vemos  a través de esas ventanas de los canales de televisión nos impacta anímicamente y mucho más de que lo que creemos.

Empecemos por las campañas electorales. Desde hace varios meses, los políticos llenan los noticieros con sus declaraciones para conseguir dividendos para su carrera personal o partidista. Sus discusiones  no buscan entusiasmar el electorado con programas alentadores y optimistas sino que se autoproclaman los “salvadores” del país y se critican uno a otro.  Los opinólogos  que se proclaman independientes  no lo hacen mejor,  tienen la misma actitud cuestionadora y negativa. Utilizan principalmente las demandas sociales: “Tienen una pensión ridícula”,” tienen que hacer la cola en el consultorio”, “las grandes empresas ensucian el aire, el agua, fíjense en la corrupción en todas partes…” Estas discusiones pesimistas cansan y desalientan  la gran mayoría de la población que las escucha a diario.

Dejando la política de lado, existe otra percepción que fastidia y son los noticieros que se las ingenian para destapar nuevos escándalos, nuevos problemas, nuevos conflictos. El público necesita ser informado pero cuando los comentarios  repetitivos y alargados se transforman en “realities show” pasan a ser morbosos. Para rivalizar en audiencia  y por ende lograr mejor financiamiento por su canal, los Medios incitan a un voyerismo malsano subrayando lo dramático y lo escandaloso. Las selecciones de los programas y de las películas televisivas, ellas, compiten con  el erotismo y/o el terror,  se aprovechan perniciosamente de su  “cuarto poder” para secuestrar a la gente en sus fantasías  que no aportan otra cosa que frustraciones, inseguridades y, a la larga,  pasividad  e indiferencia. Se desgastan las emociones de la gente y esto lleva progresivamente a perdida de sensibilidad en la vida real.

El colmo de esta anti-cultura nuestra son las publicidades comerciales que cuentan con un espacio increíble, tanto en la televisión como en las calles y carreteras. No se escuchan parlamentarios que busquen limitar a estos vendedores de ilusiones y de mentiras. La publicidad dice: “Ustedes no están vestidos a la moda, no tienen el último modelo de celular, ustedes no han comido todavía estos platos suculentos, no han conocido todavía estos paisajes, es fácil endeudarse y todo el mundo lo hace, con las tarjetas pueden comprar lo que quieren…”.  Esto no puede llevar a un progreso, es sencillamente el afán de lucro a cualquier precio, es vender el veneno de un consumismo exagerado. Lo dramático de la situación es el consenso general por encontrar normal las agresiones  publicitarias que traen desengaños, frustraciones y la envidia anarquista de las delincuencias.

Dejemos de lado los sentimientos o resentimientos que crean las instituciones públicas. Su funcionamiento  problemático y las sorpresivas corrupciones que tienen dan para otra reflexión.

Pero,  en este Portal particular, no podemos dejar de enjuiciar las instituciones religiosas.  Tradicionalmente éstas aportaban sosiego a los cristianos frente a los malestares de la sociedad  pero  ellas también se involucraron en  situaciones  irremediables como la misma decadencia de la feligresía católica, los curas pedófilos, el autoritarismo  de los jerarcas… Los devotos se buscan afirmar en sus mandas, los tradicionalistas en sus prácticas sacramentales, los progresistas en la figura innovadora  del Papa Francisco, pero ni una ni otra postura dinamiza la evangelización que pregona el mismo Papa. El panorama general de la Iglesia es de un bajón de actividades pastorales y de presencia eficaz en la sociedad. La imagen del Papa en los Medios de comunicaciones sociales puede dar unas pocas esperanzas, pero la estructura  que se cree inconmovible del poder vaticano, los nombramientos controlados de los obispos y las debilidades del clero, la ineficiencia de la educación católica, la parálisis de las organizaciones parroquiales inciden en la desmovilización de los cristianos.

Existen, por cierto, excepciones a esta crítica de la Iglesia pero es el estado de ánimo general de los católicos lo que impresiona y nos invita a reflexionar. “Si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la salará?”(Mateo 5,13ss). Estamos obligados a idear una salida de nuestra apatía cristiana.

La primera invitación es la recuperación del sentido de  la profundidad de nuestra vida. La superficialidad, el desinterés,  la insensibilidad nos paraliza. En la profundidad de nuestra vida, allí está Jesucristo y su evangelio.

La fe cristiana es la sola instancia que puede dar el coraje de entregarse sin reserva a la tarea relativa, compleja e inconclusa de levantar el futuro de la humanidad. Creer que Cristo nos tiene para construir su Reino en la tierra, esa es la idea. Esta esperanza  puede movilizar a los cristianos no primordialmente para una salvación particular sino para el futuro y la salvación de la humanidad entera.

En esta época de elecciones, se espera escuchar a grupos cristianos proclamar su esperanza para Chile, un optimismo lúcido pero tan necesario en tantas revueltas políticas.

Otra perspectiva importante para superar la apatía ambiental es la participación. La sociedad y también la Iglesia sufren de desintegración. La dispersión de intereses parciales y de actividades competitivas hace perder la idea del Bien común. Falta  interés por la convergencia de intereses, una preocupación por la colaboración a todos los niveles.

Una última perspectiva para superar la apatía es desengañarse personalmente de los falsos valores de la riqueza y del dinero y enriquecerse de emociones por los más pobres y sufridos. Este es el camino auténtico y creíble hacia  la caridad cristiana.  

Paul Buchet  –  Freire

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”

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