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Acción temeraria y ¿silencios cómplices? 

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Hace solo unos días se reunió en el Vaticano el presidente Donald Trump con el Papa Francisco. En la reunión oficial que duró un poco más de treinta minutos, el Papa le comentó una serie de inquietudes, entre ellas las graves consecuencias del cambio climático en el mundo. Además, le entregó su encíclica Laudato si sobre el cuidado de la casa común.

Por esta importante razón cuando se comunicaba, desde la Casa Blanca, la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de restar a su país del Acuerdo de París (2015) relativo al cambio climático, se auguraba que no sólo tendrá efectos políticos, sino que podría afectar el futuro del planeta. Esta acción radical y temeraria del presidente causó desconcierto y una enorme interrogante en la Santa Sede, algunos prelados cercanos al Papa Francisco ya hablan de una verdadera ”bofetada” a los intentos de Roma por potenciar los cuidados a la madre tierra y mitigar los efectos del calentamiento global.

“He cumplido una tras otra mis promesas. La economía ha crecido y esto solo ha empezado. No vamos a perder empleos. Por la gente de este país salimos del acuerdo. Estoy dispuesto a renegociar otro favorable para Estados Unidos, pero que sea justo para sus trabajadores, contribuyentes y empresas. Es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de París”, vociferó desafiante Trump en la conferencia de prensa.

Sin duda que la salida del Acuerdo de París representa un triunfo del Trump más reaccionario y del núcleo más duro de sus asesores directos, son los soldados de la doctrina del mal llamado “patriotismo económico”. En esta lastimosa ocasión, el estratega jefe, Steve Bannon, el consejero de Comercio, Peter Navarro, y Scott Pruitt, han derrotado a los que no querían tal despropósito: a Ivanka Trump; a su marido, Jared Kushner; al secretario de Energía, Rick Perry, y al propio secretario de Estado, Rex Tillerson, ex director de Exxon, una compañía transnacional que pidió -junto a General Electric y Chevron- insistentemente al Presidente que no se saliera del Acuerdo de París.

En este breve escrito queremos llamar la atención sobre el silencio de la poderosa Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos (USCCB), no solo en este delicado tema del cambio climático y la decisión de Trump, sino por la nula opinión pública sobre otros candentes episodios expresados por el locuaz presidente; la paz, la guerra, los derechos humanos, la energía nuclear,  la tortura, etc. Sí, han levantado la voz los obispos en medio de la cuestión inmigración y  denunciado la expulsión de ciudadanos residentes no norteamericanos.

Curioso este silencio a pesar de lo que ha dicho Papa Francisco en Laudato si y en otras importantes oportunidades, como por ejemplo cuando visitó la Casa Blanca en 2015, siendo recibido por el presidente Obama y 1.500 invitados: “Señor Presidente, considero alentador que esté proponiendo una iniciativa contra la polución ambiental. Aceptando la urgencia, me parece claro que el cambio climático es un problema que no podemos relegar a la próxima generación”. Y citando a Martin Luther King, agregó: “Podemos decir que hemos incumplido algunos compromisos, pero ahora es el momento de honrarlos”.

Es cierto que el mismo día del retiro del Acuerdo de París, salió una declaración oficial del Comité de Obispos para la Justicia y la Paz, presidida monseñor Oscar Cantú de la Diócesis de Las Cruces, en que señala: “La Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos (USCCB), junto con Francisco y de toda la Iglesia Católica, han mantenido sistemáticamente el Acuerdo de París como un importante mecanismo internacional para promover el cuidado del medio ambiente y fomentar la mitigación del cambio climático. La decisión del Presidente de no cumplir con el compromiso de Estados Unidos con el Acuerdo de París es muy preocupante.
Las Escrituras afirman el valor del cuidado de la creación y el cuidado de uno al otro en la solidaridad. El Acuerdo de París es un pacto internacional que promueve estos valores. La decisión del presidente Trump perjudicaría a la población de los Estados Unidos y el mundo, especialmente los más vulnerables, las comunidades más pobres. Los impactos del cambio climático se están experimentando en el aumento del nivel del mar, se derriten glaciares, tormentas intensas y sequías más frecuentes. Sólo esperamos que el Presidente propondrá medidas concretas para abordar el cambio climático global y promover el cuidado del medio ambiente”.

Pero, considerando el impacto mundial y las graves consecuencias que traerá la negativa de Trump de permanecer en el Acuerdo de París; ¿no será la ocasión para que la voz de los obispos norteamericanos se escuche fuerte y clara en sintonía a lo que propone Laudato si y clama, constantemente, el Papa Francisco cuando señala?: “El clima es un bien común, de todos y para todos. A nivel global, es un sistema complejo relacionado con muchas condiciones esenciales para la vida humana. Hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático (23)…Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos (52)…Mientras tanto, los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas…”(56).

Ante la dramática situación actual y las desequilibradas decisiones que está tomando el presidente de la potencia económica y militar más poderosa de la tierra, se hace indispensable escuchar la voz de la Iglesia Católica de los Estados Unidos, es la hora de anteponer el “Evangelio de la Creación” por sobre cualquier otra consideración de carácter político, financiero o de poder. Además, no es sano ni correcto dejar solo al Santo Padre en su heroico afán de pedir a los poderosos que reaccionen y que, efectivamente, tomen medidas para disminuir los efectos mortales que traerá el cambio climático y el calentamiento global. Allí, en Laudato si, hay una hermosa  batería de elementos serios e irrefutables para detener la demencial carrera economicista, bélica y de destrucción de la especie humana. No hay otro camino.

Finalmente, sería altamente recomendable que cardenales  sabios, prudentes y poderosos, como lo son Timothy Dolan, Daniel Di Nardo, Seán O’Malley o Blase Cupich, no callen e influyan en el Episcopado de los EEUU y digan libremente al mundo, en clara sintonía con Francisco, que: “El cuidado de los ecosistemas supone una mirada que vaya más allá de lo inmediato, porque cuando solo se busca un rédito económico rápido y fácil, a nadie le interesa realmente su preservación. Pero el costo de los daños que se ocasionan por el descuido egoísta es muchísimo más alto que el beneficio económico que se pueda obtener” (Laudato si, n° 36).

Jaime Escobar Martínez

Consejo Editorial de revista “Reflexión y Liberación”

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