|Miércoles, Octubre 18, 2017
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“El Padre Ángel es cura desde abajo” 

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Un libro que huele a café.

La vida y las obras del Padre Ángel, fundador y presidente de Mensajeros de la Paz, que se encarnan en rostros de personas rotas y sanadas, muchas veces en torno a una taza de café o a una mesa camilla de la iglesia de San Antón. Ésta es la esencia del libro ‘Padre Ángel, la humildad y la rebeldía‘ (Planeta), escrito por Lucía López Alonso, que presentó ayer Ana Rosa Quintana, en el ‘Espacio Mujer Madrid’ de la Fundación José María de Llanos.

Desayunos, cafés, confidencias, llantos y alegrías pueblan un libro tejido con historias personales de caída, lucha y superación de personas que tuvieron la suerte de toparse en su vida con el Padre Ángel, el cura que rompe tabúes, que sólo se arrodilla ante Dios, los niños y los ancianos, y que prefiere pedir perdón a pedir permiso.

Porque, como dijo la popular periodista, Ana Rosa Quintana, “Ángel es irrepetible, un revolucionario de los de verdad, de los que hacen cosas por los demás, que con su llavero de la santina en la mano y su sonrisa siempre puesta, se pasa la vida rompiendo las barreras de la desigualdad”.

Más de 300 personas casi llenaron el salón de actos de la Fundación Padre Llanos de Madrid. En un clima de recuerdos emocionados, la presentadora de Telecinco fue desgranando sus vivencias con el Padre Ángel a lo largo de los últimos años: “Desde que nos conocimos en el terremoto de El Salvador somos una especie de pareja de hecho”.

Ana Rosa aseguró que el fundador de Mensajeros de la Paz “hace milagros”. Como el de San Antón, una iglesia abandonada a la que convirtió “en un refugio y en una casa de acogida de los pobres, de los sintecho y de los que buscan algo en la vida”. Porque, según la periodista, el Padre Ángel es “como el Espíritu Santo, que está en todas partes a la vez, y trata tanto a Reyes como a mendigos, en aras de su revolución, la revolución de la igualdad”.

La joven autora, Lucía López Alonso, desgranó, ante el auditorio, algunas de las historias que cuenta en el libro. Como la de Fausto, un sintecho al que “el Padre Ángel encontró muriendo en la calle y lo salvó, y yo lo vi”. O la de Almudena, mujer sin hogar, que aprendió en la calle “que la vida no siempre duele e, incluso a veces, es bonita, cuando conoces a personas como el Padre Ángel”.

O la de Leandro, que pasó casi toda su vida en la cárcel y no se acostumbraba a vivir en libertad. Y así tantos otros que, como dijo Lucía López Alonso, “tuvieron la suerte de conectar con el Padre Ángel y con su República fraterna de San Antón”.

Para la autora, una de las claves de su libro es la “visibilización de la desigualdad” que hace el Padre Ángel y que se plasma en la humildad y la rebeldía del título. “Gestos rebeldes que llaman la atención, denunciando la desigualdad, pero siempre desde la humildad, desde su vocación radical de cura desde abajo, que se ocupa de la soledad de los demás”.

Pero siempre en clave positiva. Porque, “la belleza siempre se impone a la pesadilla“. Y, por eso, “su denuncia siempre ha sido constructiva”, concluyó la autora.

Cuando le llegó su turno, el Padre Ángel, abrumado por tantas muestras de cariño, casi no podía articular palabra. Y eso que es un cura “acostumbrado a querer y a dejarse querer”.

Sólo quiso dar las gracias a Ana Rosa por su presencia, a Lucía López Alonso por su “precioso libro, que no versa sólo sobre mí, sino sobre historias de amor que tuve la suerte de acompañar”, al tiempo que tenía un recuerdo emocionado a los jesuitas que marcaron su vida: El Padre Llanos, el padre Garralda, el padre Bergoglio (al que conoció cuando era obispo auxiliar de Buenos Aires) y a Vicente Ferrer, uno de sus santos (sin canonizar) favoritos.

También dijo el Padre Ángel que el libro recoge “historias de lágrimas, pero con un final feliz y de ternura” y emocionaba a los presentes con el recuerdo de las más de 200 cartas que le escribió su madre, que ahora tendría 100 años. “Cartas con una letra preciosa y con unas preciosas faltas de ortografía” en las que le decía a su joven hijo cura, por ejemplo, que no podía comprarle una sotana, porque no tenía dinero: Cartas que siempre terminaba con un “te quiero mucho, tu madre, Amalia”.

Y una sonora ovación de toda la sala vino a sacar del trance a la voz entrecortada por la emoción del Padre Ángel. Una ovación para reconocer toda una vida sembrada en el altar de los más desfavorecidos, que se repasa en un libro, del que ya se han vendido 8.000 ejemplares de la primera edición, y ya se ha lanzado la segunda (Los derechos de autor van a Mensajeros de la Paz). Prueba de que hay iconos de la solidaridad, como el Padre Ángel, que son muy queridos.

José Manuel Vidal – Director de Religión Digital / Madrid

 

 

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