|Miércoles, Agosto 23, 2017
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Fiesta de Corpus. “Eso no sabe a nada” 

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Dime qué haces por los pobres y te diré quién es tu Dios

Nos echaron de la cárcel.

Las presencias de Jesús.

Juan 6, 51-58

Dijo Jesús a los judíos:Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. Discutían entonces los judíos entre sí: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?” Entonces Jesús les dijo: “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mi y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me come vivirá por mi. Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre”.

1.- Los cristianos celebramos la presencia de Jesús en la Eucaristía, a partir de que en la última Cena con los discípulos, Jesús tomó pan en sus manos, lo partió, se lo dio y les dijo: “Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo”. Después tomó la copa con vino y les dijo: Tomad y bebed todos de él porque este es el cáliz de mi sangre. Haced esto en memoria mía”.

Los discípulos de Jesús junto con los primeros cristianos vieron en esta celebración la presencia real de Jesús. La Eucaristía ha sido siempre y sigue siendo algo muy importante en la vida de la Iglesia.

En estas palabras de Jesús, la palabra cuerpo no se refiere tanto al cuerpo físico, como a la persona de Jesús, y la palabra sangre no se refiere precisamente a la sangre física de Jesús, sino a la vida de Jesús. Por eso cuando recibimos el pan de la Comunión significa que recibimos y aceptamos la persona de Jesús con todo lo que Jesús es y significa. Y cuando bebemos del cáliz significa que nos adherimos a la vida de Jesús para que nuestra vida sea lo más parecida a la suya hasta conformarnos lo más posible con El. Por eso comulgar es entrar en común unión con la persona y la vida de Jesús. De ahí que la Comunión sin compromiso con Jesús no signifique nada, y sea algo puramente ritual y vacío.

2.- “Eso no sabe a nada”: En una ocasión, a un niño que hizo la primera comunión a los ocho años, cuando ya tenía diez cumplidos le preguntamos si seguía comulgando. La respuesta fue así de dura y triste: “para qué, si eso no sabe a nada”. También nos dijo que desde entonces solo había vuelto una vez a misa. Detrás de este hecho, que fue tan real como lo contamos, podríamos hacernos muchas preguntas como estas: ¿Tiene sentido la primera comunión a tan corta edad? ¿Qué formación les damos a los niños sobre la Eucaristía? ¿A esta edad la pueden captar? ¿El mercado no ha secuestrado esta celebración, como otras muchas? ¿Qué responsabilidad tienen en todo ello la Iglesia y los padres?

3.- Las otras presencias de Jesús: Jesús, de la Eucaristía de la mesa en el cenáculo, pasó directamente a la Eucaristía del compromiso en el huerto de los olivos. Esta presencia eucarística de Jesús nos tiene que conducir inevitablemente a sus otras presencias, que son totalmente inseparables. ¿Cuáles son esas otras presencias?

A)La más importante de todas: la presencia de Jesús en los hambrientos, sedientos, desnudos, enfermos, emigrantes, encarcelados, pues Jesús dice: “lo que hacéis a estos más necesitados a Mi me lo hacéis” (Evangelio de Mateo 25, 31-46). Esta presencia es de tal importancia, que al final de nuestro paso por el mundo, Jesús no nos va a preguntar por otra cosa más que por esta: no nos va a preguntar si hemos comulgado una, dos o mil veces, ni a cuántas misas asistimos o celebramos. Solo nos va a preguntar qué hicimos con los hambrientos, sedientos, enfermos, desnudos, emigrantes, encarcelados, etc.

Por tanto, la Comunión de la Eucaristía tiene que llevarnos inevitablemente a la comunión con los más empobrecidos y necesitados de la tierra.
¿Dejamos, pues de ir a misa, comulgar, etc.? Claro que no, pero entrar en Comunión con Jesús en la Eucaristía es para entrar en Comunión con el mismo Jesús en los empobrecidos y necesitados del mundo. Por eso mismo, nunca entenderemos tantos gastos absurdos y ofensivos para Jesús como los invertidos en cálices de lujo, custodias, sagrarios, ornamentos, boatos, palios, retablos, procesiones de Corpus, etc., mientras El se está muriendo de hambre, de sed, de frío, de injusticia, de explotación, de violencia en los empobrecidos del mundo, particularmente en las mujeres y niñas de Africa, América del Sur, la India, Bangladés, etc. Jesús dice: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia…”. Nos ponemos en torno a una misma mesa del altar, para recibir un pan común que es Jesús, pero luego no hacemos de los bienes del mundo una misma mesa para todos los hombres y mujeres de la tierra: mientras unos pocos estamos hartos y hasta enfermos de tanto comer, la mayoría de la humanidad pasa hambre: eso no es sentarse en torno a una misma mesa y compartir un mismo pan.

B) La presencia de Jesús en los niños. Jesús dice: “Quien recibe a un niño como estos a mi me recibe”. Jesús dio una importancia extraordinaria a los niños, y por tanto asume como hecho a El lo que hacemos a los niños. ¿Cómo es posible que los cristianos que hacemos cada domingo millones de Comuniones a lo largo y ancho del planeta, seamos capaces de consentir que cada día se nos mueran de hambre más de 25.000 niños? Parece que comulgamos por comulgar, pero no comulgamos para comprometernos.

Y no solo eso, sino que ahí están los niños y niñas guerrilleros de Colombia, Mozambique, Uganda, Sierra Leona, y los muertos en el mar de muertos que es el Mediterráneo, o los campos de refugiados, etc., o las niñas convertidas en esclavas sexuales, o la pederastia, nefanda, ejercida hasta por “educadores”, e incluso por clérigos y algunos obispos de la iglesia católica, y que no se luchó decididamente contra ella hasta que vino Francisco, y parece que algunos aún no están muy decididamente por la labor…, y memos por la renovación en profundidad de la Iglesia.

C) La presencia en la Comunidad: Está también la presencia de Jesús en la Comunidad de quienes se reúnen en su nombre. Jesús dice: “Donde hay dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. La fe no es para ser vivida de forma individual y privada, sino en Comunidad, en unión, en fraternidad. Toda relación con Dios que no tienen como referencia la relación con los demás, carece de lo más esencial, porque Dios como tal no necesita nada de nosotros para El, pues todo lo que necesita El de nosotros es para nosotros y para los demás. Por tanto aunque tengamos, como las tenía Jesús, nuestras conversaciones con Dios, han de estar siempre referidas a todas las realidades de este mundo: las personas y la creación, y la conclusión final de las mismas tiene que ser siempre qué estamos dispuestos a hacer por todos los seres humanos y por toda la creación. El compromiso ecológico integral es también parte esencial de nuestra fe.

D) Finalmente, aquella primera Eucaristía de Jesús, no fue solo con con los Discipulos, sino también con LAS DISCÍPULAS, pues cómo no iba a invitar también Jesús a aquella memorable Cena a todas aquellas mujeres que, ya desde Galilea, lo habían seguido, acompañado, escuchado y servido durante los mismos años en que lo hicieron los discípulos, y a veces con más fidelidad, más compromiso y más riesgo que ellos, con toda la marginación, el desprecio y la discriminación de que eran víctimas las mujeres en aquella sociedad machista. Aún hoy sigue existiendo mucho de aquel machismo en el mundo, en las religiones y no menos en la iglesia católica, que a ejemplo de Jesús que siempre las aceptó, defendió y nunca rechazó, la Iglesia debería ser la primera en dar a la mujer la misma dignidad que al hombre en la estructura jerárquica de la Iglesia, pero no en una Iglesia como la actual, sino retornada a sus orígenes, a su raíz, a su coherencia con los hechos y las palabras de Jesús. Una iglesia androcéntrica nunca puede ser la verdadera iglesia de Jesús. Por eso, por ejemplo, en las palabras de la consagración deberíamos decir: “Tomad y comed todos y TODAS de él… y tomad y bebed todos y TODAS de él”. Hace tiempo que algunos ya lo hacemos así, pero ¿cuándo lo podrán hacer por lo menos ALGUNAS? Ahora los “sabios” liturgistas nos acaban de cambiar “todos”, por “muchos”, en una fidelidad absurda a la literalidad de las palabras y no al significado real de las mismas. Y, ¿qué pasa, por tanto, con los otros? ¿Acaso Jesús no vino a salvar a todos?

P.D: Pastoral Penitenciaria: Está haciendo año y medio que 35 voluntarios de Pastoral Penitenciaria fuimos fulminantemente privados de permiso por las autoridades religiosas de la Diócesis de Asturias para entrar en la Cárcel de Villabona a donde acudíamos semanalmente, algunos desde hacía casi 20 años, a ver y acompañar a los más de mil encarcelados de la prisión, incluida la celebración de la Eucaristía: “estuve en la cárcel y fuisteis a verme… estuve en la cárcel y NO fuisteis a verme”. A buenos entendedores…

P. Faustino Vilabrille Linares – A s t u r i a s

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