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Francisco abraza a las mujeres separadas 

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Detalles de un encuentro íntimo entre el Papa Francisco y un grupo de mujeres que han encontrado un lugar en la Iglesia pese a sus matrimonios rotos…

El abrazo de un pastor. Un encuentro íntimo, cercano. Francisco y ellas, separadas, divorciadas. Muchas madres de familia, todas mujeres en busca de una segunda vida luego de las crisis y los matrimonios rotos. Mujeres que han recuperado su estabilidad y un lugar en la Iglesia. El Papa las recibió en el Vaticano, les dedicó 95 minutos, escuchó sus historias y les dio consejos. Llegaron hasta Roma desde la Arquidiócesis de Toledo, en España, porque el pontífice mismo quiso conocerlas.

La noticia pasó casi desapercibida, ni siquiera apareció en las actividades papales del día. Se sabe, la agenda oficial vaticana de las citas de Jorge Mario Bergoglio nunca es completa. Siempre existen reuniones privadas que no se anuncian, pero se dan. Así fue el encuentro con unas 35 mujeres del Grupo Santa Teresa, la tarde del lunes 26 de junio. Un diálogo coloquial, en una sala contigua al Aula Pablo VI.

Sólo se supo del encuentro hasta después, por los testimonios de algunas de las participantes. Todo se originó en abril pasado, cuando el arzobispo de Toledo Braulio Rodríguez le entregó una carta al Papa en la cual ellas misma relataban la experiencia de esa peculiar comunidad de fieles. Le contaron, entre otras cosas, que se reúnen mensualmente en la parroquia San Juan de la Cruz, hacen adoración al santísimo y tocan temas de interés en un ambiente fraterno.

Francisco leyó la misiva y se interesó en la experiencia. Pidió verlas, y ellas acudieron. Primero se reunieron con Kevin Joseph Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida de la Santa Sede. Luego, con el Papa, hubo preguntas y respuestas.

“Se ha tratado de una experiencia genial donde hemos encontrado a un padre que nos ha escuchado con cariño y con una sencillez absoluta. Papa nos ha insistido en que desde el amor hemos de educar a nuestros hijos a amar y respetar a todo el mundo y que hemos de rezar por nuestros exmaridos”, contó Esperanza Gómez-Menor, una de las asistentes, según reportó la arquidiócesis española.

Madre de dos hijos, en su turno ella preguntó: “¿Cómo podemos educar a nuestros hijos sin desacreditar al padre?”. Francisco respondió “que nunca utilicemos a los niños como arma de combate. Que no intentemos barrer para casa poniendo a caldo al otro. Que había que predicar con el ejemplo y que todo hay que hacerlo con mucho amor”, explicó al semanario Alfa&Omega.

Por su parte, Isabel Díaz interrogó sobre el papel de las mujeres separadas y divorciadas en la Iglesia, y recibió como respuesta la invitación a ayudar a otras personas que han sufrido una separación y a los matrimonios en crisis, animándolos a tener paciencia para no pasar por la misma situación que ellas. “El santo padre nos ha insistido en que, con nuestra experiencia, podemos ayudar a los separados a vivir este sufrimiento y, sobre todo, nos ha remarcado insistentemente que la Iglesia nos arropa y abraza”, añadió.

Con el grupo estuvo también presente Miguel Garrigós, delegado de familia y vida de la diócesis de Toledo. Él sigue de cerca la iniciativa, que es parte del plan pastoral diocesano. “El Papa nos ha insistido en que no tenemos vocación (como humanos) de permanecer heridos. Hemos de acostumbrarnos a vivir con la cicatriz, ya que da dignidad porque ha habido un sufrimiento detrás y nos ha puesto el ejemplo de las arrugas de los ancianos que dignifican a quienes las poseen”, relató.

Contó además que Francisco les recomendó a todas leer su exhortación apostólica “Amoris Laetitia” (La alegría del amor). Paradójicamente no las invitó a repasar el capítulo ocho, que habla sobre los divorciados vueltos a casar y otras situaciones delicadas. Les pidió especialmente detenerse en el capítulo cuatro, donde realiza un análisis poético y realista del himno al amor. “El perdón es difícil, pero va a la herida y a quién hirió. Es un camino y es una gracia de Dios. Creo que no se puede perdonar sin una gracia de Dios”, añadió Garrigós.

Al final, las mujeres le regalaron al Papa una recopilación encuadernada de cartas de cada una de ellas y algunos dibujos de sus hijos. También le obsequiaron un cuadro de damasquino y dos libros. A cambio, cada una recibió un rosario. El arzobispo de Toledo apuntó: “el propio Papa nos ha agradecido el haber venido cuando se trata de todo lo contrario; somos nosotros los agradecidos porque fue algo impagable”. 

Andrés Beltramo  –   Ciudad del Vaticano

Vatican Insider   –   Reflexión y Liberación

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