|Viernes, Septiembre 22, 2017
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La inhumana indiferencia 

Pobreza-3

La indiferencia es inhumana. La dignidad humana se manifiesta cuando otro me reconoce. Es inhumana la indiferencia frente a lo injusto, la indiferencia frente al abuso, la indiferencia frente a la marginalidad y exclusión. Cada vez somos más indiferentes a las situaciones de inhumanidad que otros sufren, y eso nos convierte en una sociedad anestesiada, tristemente alejada de lo humano.

Nos hemos distanciado de la preocupación por la dignidad y la solidaridad con nuestros hermanos. Hemos hecho normal aquello que nos debería indignar profundamente. Nos hemos dormido en la comodidad del consumo, el éxito y la producción. Nos hemos encerrado en las cuatro paredes de nuestro individualismo. Somos incapaces de alzar nuestras miradas porque el imán de nuestros celulares es más fuerte que la propia humanidad de nuestras conciencias. El amor por uno mismo está haciendo desaparecer el amor por los otros.

Sin embargo, ¿qué está pasando mientras todo eso nos ocurre? Muchas cosas, miles de niños mueren en el Sename, hombres abusadores rebajan sus penas, y también llegamos a la inhumana condición de que 40.500 familias viven en campamentos. 40.500 familias que hemos excluido y desplazado con nuestra indiferencia. 40.500 familias invisibilizadas y de las que no nos importa que se duchen con baldes de agua en las frías mañanas de invierno. Que ninguno de sus miembros llegue a la universidad nos parece normal. Simplemente, así son las cosas. La obviedad de la situación nos estanca y aletarga. ¿Para qué cambiar?

Este último año en Chile, 4.600 familias llegaron a vivir a un campamento. Cada día, decenas de familias viven situaciones de tal angustia que se ven obligadas a trasladarse a un lugar sin luz, agua potable ni alcantarillado. Obligadas al barro y a las plagas de ratones. Obligadas a la discriminación y estigmatización de otros. En definitiva, obligadas a marginarse de una sociedad que las expulsa. No es algo voluntario: vivían tan mal antes, que el campamento les parece algo mejor.

Ya es tiempo de que nuestra sociedad chilena se vuelva a humanizar, volvamos a preocuparnos por los más necesitados, por los pobres de la ciudad, por los que no tienen acceso al suelo, por los oprimidos. ¿Qué estamos esperando? ¿Qué tiene que pasar? ¿A qué nivel de inhumanidad tenemos que llegar para despertar y querer ser más humanos?

Juan Cristóbal Beytía, SJ

Capellán TECHO-Chile

Agencias Noticiosas  –  El Mercurio  –  Reflexión y Liberación

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