|Sábado, Noviembre 18, 2017
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“Sería distinto si los niños del SENAME marcharan” 

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El P. Felipe Berríos, habla de la crisis del Sename, emplaza a los universitarios a no marchar solo en función de sus propios intereses y cuestiona al llamado “Bus de la libertad”.

“Chile sangra por la herida” es el título de un texto publicado el domingo pasado en El Mercurio. Se trata de un llamado de atención por la crisis del Servicio Nacional de Menores (Sename), que se ha convertido en tema de debate y recriminaciones a partir del crudo informe final de la “Comisión Sename II”, rechazado en la Cámara tras un intenso lobby del gobierno.

En la carta se hace referencia a una misiva firmada hace un año por seis mil personas, en que se pedía que los temas de infancia fuesen prioritarios en la agenda pública. A juicio de los autores, esto no ha pasado.

“Basta, esto duele. El Sename es una herida por la que Chile sangra”, sostiene el texto. Uno de los firmantes es el sacerdote jesuita Felipe Berríos, quien hace casi tres años que vive en un campamento en Antofagasta, emplazado junto a un vertedero, en el que residen 102 familias: cuatro chilenas, dos colombianas y el resto se divide en partes iguales entre peruanos y bolivianos.

-Se habla hoy de educación, de impuestos, de aborto, de matrimonio igualitario. ¿Por qué, según sostienen en la carta, la clase política no ha priorizado los temas de la infancia?

Yo creo que hay muchas razones, pero hay una que a mí me llama la atención: vivimos en un sistema donde somos cada vez menos ciudadanos y más consumidores, y las personas valen, para la sociedad, si consumen o producen. Por eso que hay ciertos sectores que para la sociedad no tienen interés y cada cierto tiempo hacen noticia y nos sorprenden, como los presos, que no producen y entonces no valen; los viejos, las personas que están postradas o los más pobres. Y los niños, además, son niños pobres y muchas veces con problemas delictivos… Entonces hay algo… un poquito de hipocresía cuando se habla que tenemos que mejorar el sistema o ponerle más plata. Yo creo que eso es cierto, pero también es una sociedad que no presta atención o en la que no valen, digamos, las personas que no producen y no consumen.

-Hay políticas públicas que han surgido desde la calle. Los estudiantes se organizaron, hicieron ruido y metieron el tema de educación en la agenda; lo mismo pasó con la reforma de las pensiones. ¿Sería distinta la situación si los niños que están en el Sename pudieran marchar?

Claro, sería distinto si los niños del Sename votaran o pudieran marchar. Lo mismo los presos, o los de las pensiones bajas… Sería distinto también si los universitarios estuvieran no solo preocupados de su propios problemas, sino que también fueran ellos la voz de los que no tienen voz, que en este caso serían los niños del Sename, o los pensionados o los presos. Antiguamente los universitarios salían, por ejemplo, a marchar en apoyo a los mineros. Hoy día sería interesante que ellos también se preocuparan de estos otros sectores.

-¿Se miran mucho el ombligo los universitarios?

Creo que nunca antes en la historia habíamos tenido un grupo de universitarios, de jóvenes, con tantos privilegios. Estos jóvenes han nacido con un país creciendo económicamente, con más tecnología, mejor alimentación, más estudios. Tal vez por eso mismo los hemos acostumbrado más al consumo, a solucionar sus problemas, que a fijarse en los demás. Yo creo que ahí hay algo que falla. Siendo chiquillos generosos, capaces de salir a protestar y todo, lo hacen muy centrados en sus propias necesidades y no en las de todo un país (…) En  la reforma universitaria del 68 los universitarios pedían diversos cursos, pero también que la universidad tuviera un compromiso con los que estaban fuera. Y ahí nace, por ejemplo, el Departamento Obrero Campesino, para que los universitarios sintieran un compromiso con los obreros, con los postergados. Entonces eso es lo que uno echa de menos, que traducido al momento actual, los universitarios salgan a la calle para pedir más justicia para los niños del Sename, para los pensionados, para los que están sin jardín infantil, para los que están presos.

-En la carta ustedes dicen que “no podemos seguir con propuestas del tipo hagamos una mesa técnica o proyectos de ley”. ¿Qué espera de la autoridad?

Cuando Mario Waissbluth me llama para ver lo de la carta, para firmarla y todo, yo estaba aquí en una situación donde hay una familia que vende drogas, que no está mandando al niño de 9 años al colegio y el chiquillo está en ese ambiente de drogas, sin ir al colegio… ¿Y yo qué hago? Tengo dos posibilidades: lo dejo que siga así o lo denuncio, y lo más probable es que se lo lleven al Sename. Entonces yo estoy aquí, en este campamento, viviendo estas situaciones muy a menudo. Y no sé qué hacer, no sé qué será mejor para ese chiquillo. Entonces, cuando ves casos así, te das cuenta de lo tremendamente urgente que es esto. Por eso encuentro excelente esto que está haciendo la Presidenta de juntarse con los poderes del Estado, que no están indiferentes ante lo que está pasando, y creo que algo va a salir de eso.

-Volviendo al tema de las prioridades de la clase política. ¿Hoy es más importante o  urgente cambiar la Constitución o una reforma estructural al Sename?

Si tú lo planteas así, obviamente uno dice la constitución es puro “bla-blá” y vámonos a lo urgente, que son los niños que están muriendo. Pero justamente los niños se están muriendo en parte no solo por mala administración, falta de productos y todo esto que se ha conocido, sino también por una sociedad que está construida sobre esto de que “vale más el que consume más y el que produce más”. Mientras sigamos con este ideal de país, con este ideal de sociedad (…) los viejos van a valer menos, los presos no valen nada, los niños del Sename no van a valer… y así suma y sigue. Estas cosas no son simples, pero ahí está el juego de la política, donde uno tiene que ir viendo “ataquemos urgentemente lo del Sename, es urgente, hay muertes de niños”, pero no nos olvidemos de lo otro, porque es parte del problema también.

-Y esta concepción de sociedad, en que uno vale en función de lo que consume, ¿puede ser cambiada a través de una reforma constitucional?

Todos son parte importante de la solución, no es una sola cosa lo que va a cambiar. Durante años hemos ido viendo al país como una máquina dispensadora. No hay un sentido de comunidad, no me preocupo de barrer la calle, cuidar el paradero, el micro. Me importa un bledo lo que pasa en otros lados. O sea, a mí lo que me interesa es que esté bien mi familia, mi casa  y a lo más mi calle, mi barrio. Así vamos desintegrando el país. Pero cuando empiezo a opinar “no, a mí me gustaría que el Presidente no dure cuatro años, si no seis…, me gustaría que el alcalde se preocupe de esto también, me gustaría que de los viejos el Estado también se haga cargo, etc.”, no solo estoy dando una opinión, me estoy comprometiendo con el país, lo estoy sintiendo mío. Estoy sintiendo que vivo en una comunidad y que me tiene que preocupar el problema de los chilotes y el de los indígenas. Voy siendo parte de un país. Entonces la educación va ir enfocada a que yo me preparo como profesional no para ser más rico, sino que para servir a mi país. Ese cambio de mentalidad es tremendamente importante y por eso he apoyado tanto esto de la Constitución, que parece una cuestión abstracta y etérea, pero es sumamente importante porque nos hace sentir que vivimos en un país que nos pertenece, que no soy un lobo solitario, si no que vivo en una comunidad y me tengo que preocupar de los más débiles de esa comunidad.

“Es un crimen de Estado”.

-Está abierto el debate si en el caso del Sename hay o no una violación a los derechos humanos.

Creo que hay que hacer ciertos matices. Una vez me invitaron a una mesa sobre los DD.HH. y había algunos que representaban que querían un aire limpio; otros el derecho de tener ciclovías; había otro que era ciego y reclamaba el derecho de que todos los carteles tuvieran braille, y otro que hablaba de los derechos de los homosexuales. Entre medio, estaban unas señoras con los carteles de sus familiares, detenidos desaparecidos. Yo creo que hay que distinguir: una cosa es que yo tenga derechos humanos como persona, a un aire limpio, a la educación…, otra cosa son las violaciones a los derechos humanos que se entiende como una violación hecha por el Estado, sistemáticamente, con organismos. Creo que lo del Sename entra en una tercera categoría, porque es el Estado de Chile el que se hace cargo de los más vulnerables, que son los niños en situación irregular, y que no ha cumplido la tarea. Entonces se ha transformado no en el protector, sino que en quien también le provoca daño. Hay una diferencia, pero ahí hay una violación de los derechos humanos…

-Deber ser una situación difícil de aceptar para un gobierno…

Yo creo que esto no es el crimen de un gobierno, creo que es un crimen de Estado. Aquí todos hemos fallado. Aquí ha habido varios gobiernos, ha habido instituciones, ONG´s, ha fallado la justicia, han fallado las iglesias, los medios de comunicación. Aquí hay una cuestión con el Estado de Chile. Algunos tienen más responsabilidades que otros, pero todos nos hicimos los “cuchos” (…) Aquí hay cuestiones en las que tiene una responsabilidad mayor, obviamente, el que estaba a  cargo del Sename o el ministro de Justicia de estos siete gobiernos. Obviamente ellos tienen una responsabilidad mayor, pero también tenemos una responsabilidad nosotros como sociedad, porque estamos valorando más a quienes consumen y producen más, pero a los demás no les prestamos atención.

-¿Qué rol tienen que jugar en esta crisis el mundo privado, la élite del país?

Yo creo que todos en este momento tenemos que hacer presiones en el ámbito que a nosotros nos corresponde y ojalá también públicamente presionarlos, porque el miedo es que la noticia dura muy poco, dura máximo dos semanas y después se olvida. Entonces el miedo de que esta cuestión se vuelva a olvidar hasta que vuelva a salir a la luz una cosa tan horrenda como son más de mil niños muertos. Yo creo que cada uno en su cuota de poder tiene que usarla y los empresarios tienen una cuota de poder grande, ojalá que la usen. Todos, desde nuestro rincón, tenemos que presionar.

“Barros no está para ser Obispo en ningún lado”.

-Viene el Papa a Chile y en círculos políticos hay cierto resquemor por lo que pueda decir en temas como el conflicto mapuche y la demanda boliviana. ¿Hay razones para esta inquietud? 

Yo creo que estamos en una sociedad mucho más crítica en Chile, mucho más diversa y más democrática. Nos visitó el Presidente de Francia, nos visitó el Presidente de China, pero lamentablemente les tocó con el incendio y no les prestamos mucha atención. Ahora viene un líder de Estado, que también es un líder religioso, a un país mayoritariamente católico. Yo creo que no tenemos que tener miedo a lo que él nos plantee y que haya discusión con lo que nos diga. Y que nos enriquezca el debate. Ahora, yo creo que además de Morales y la Araucanía están el tema de los migrantes, de la brutal desigualdad social, del obispo de Osorno…

-¿Prevé que haya un respaldo al obispo Barros?

No sé. Ha sido una situación muy difícil para mí de comprender. Mi postura es que (Barros) es una persona que no está para ser obispo en ningún lado, y que en esa diócesis ha provocado mucho daño y que haría un bien enorme a la Iglesia Católica, a la sociedad en general y a la comunidad de Osorno en particular, si renuncia.

-Pero cuando Barros escucha que el Papa trata de “tonta y zurda” a la gente de Osorno, debe sentirse respaldado, ¿no?

A todos no ha pasado que a veces uno se va de madre, mete la pata y dice una tontera. Por eso es importante también la trayectoria de la vida de uno. Y la trayectoria del Papa y lo que ha dicho…, yo creo que queda demostrado que solo fue un exabrupto bastante poco feliz.

-¿Qué opina del llamado “Bus de la Libertad”?

Encuentro increíble que, para un sector, la libertad cabe dentro de un bus y que la puedan manejar llevando donde quieran. La libertad es mucho más amplia que eso. La libertad consiste en asumir, no tanto en elegir, realidades que hay en la vida y que antes por diversas circunstancias culturales estaban tapadas. No tenemos que mirarlas con miedo o con la sensación de que se nos derrumban todo los valores, sino que nos están ensanchando nuestra mentalidad. Yo crecí en una cultura en donde ni siquiera se hablaba el tema de la homosexualidad o no se hablaba del tema de los conflictos mapuches, y menos de que pudieran existir niños transgénero. Y yo agradezco que, ya viejo, me he tenido que abrir, darme cuenta que hay un abuso que se está haciendo con el pueblo mapuche de parte del Estado y darme cuenta que ser homosexual no es algo malo ni es un castigo ni es una enfermedad, sino que es una condición, por lo que me ensancha mi mentalidad. He podido descubrir que hay niños que son transgénero, que no podemos ocultarlos ni darles la espalda y tenemos que apoyar a esas familias. Yo creo que estas peleas que se producen a través de este bus, es porque tal vez nos falta mayor diálogo, más capacidad de apertura. No es que me estén agrediendo, sino que yo me estoy abriendo a realidades nuevas. Y en ese caso, el bus más bien provoca agresión que un diálogo más profundo y de apertura.

-¿No hay cierta intolerancia en quienes se manifiestan en contra de este bus?

Yo me acuerdo que en el 68, cuando se empezó todo el movimiento de la liberación femenina, se colgaban en las universidades europeas sostenes amarrados de un lado a otro. Y había una foto de una universitaria francesa alegando que en su baño no había urinarios. Se cometen exageraciones y cosas porque son grupos que han estado oprimidos por mucho tiempo, entonces siempre en la cuestión reivindicativa hay exageraciones y hay cosas como fuertes. Pero son reacciones de grupos que se han sentido y han estado postergados y reprimidos por años, como han sido las mujeres, como han sido los homosexuales o las familias que tienen un niño transgénero o alguna otra cosa. Entonces hay veces que hay reacciones que han sido poco cívicas, pero hay que entenderlas en un contexto.

Christián Rendic  – T13 Semanal

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