|Sábado, Septiembre 21, 2019
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Jornada de Oración por el Cuidado de la Creación 

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Texto del mensaje de la III Jornada de  Oración por  el Cuidado de la Creación escrito conjuntamente, por primera vez, por el Papa Francisco  y  por el Patriarca Ecuménico Bartolomé I.

La historia de la creación nos presenta una vista panorámica del mundo. La Escritura revela que,   «en el principio»,   Dios  quiso  que  la  humanidad cooperara en la preservación  y  protección del medio ambiente.   En un primer momento,  como se lee en el Génesis,   «no había aún matorrales en la tierra,  ni brotaba hierba en el campo,  porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el suelo» (2,5). La tierra nos fue confiada como un don y un legado sublime, del que todos somos responsables hasta que,  «al final»,  todas  las  cosas  en  el  cielo  y en la tierra serán recapituladas en Cristo  (cf. Ef 1,10).   Nuestra dignidad y bienestar humano están profundamente conectados con nuestro cuidado por toda la creación.

Sin embargo,   «mientras tanto»,   la historia del mundo presenta un contexto muy diferente.   Revela un escenario moralmente decadente donde nuestra actitud  y  comportamiento hacia la creación oscurece nuestra vocación como cooperadores de Dios.   Nuestra propensión a interrumpir los delicados y equilibrados ecosistemas del mundo,  nuestro deseo insaciable de manipular y controlar los recursos limitados del planeta,  y  nuestra codicia ilimitada de ganancias en los mercados,  todo esto  nos  ha  alejado  del  sentido  original  de la creación.   No respetamos ya  la  naturaleza  como  un  regalo  compartido;   por  el  contrario,  la consideramos una posesión privada.   Ya  no  nos  relacionamos  con  la naturaleza para sostenerla,  sino que la dominamos para sostener nuestras propias invenciones.

Las  consecuencias  de  esta  cosmovisión  alternativa  son  trágicas  y duraderas.   El  medioambiente  humano  y  el  de  la  naturaleza  se  están deteriorando  juntos,  y  este  deterioro  del  planeta  recae  sobre  las personas más vulnerables.   El impacto del cambio climático afecta,  ante todo  y  más que nada,  a los que viven en la pobreza en todos los rincones del  mundo.   Nuestra  obligación  de  usar  los  bienes  de  la  tierra  con responsabilidad  implica  el  reconocimiento  y  el  respeto  de  todas  las personas  y  de todos los seres vivos.   La urgente llamada  y  el  desafío de cuidar la creación son una invitación dirigida a toda la humanidad para que trabaje en favor de un desarrollo sostenible e integral.

Por  tanto,  unidos  en  un  mismo  interés  por  la  creación  de  Dios  y reconociendo  la  tierra  como  un  bien  a  compartir,   invitamos fervientemente  a  todas  las  personas  de  buena  voluntad  a  que  el        1  de septiembre dediquen un tiempo de oración por el medio ambiente.

Con este motivo, queremos dar las gracias al Creador amoroso por el gran don de la creación y comprometernos en su cuidado y preservación por el bien de las generaciones futuras.   Después de todo, sabemos que nuestro trabajo es en vano si el Señor no está a nuestro lado (cf. Sal 126-127), si la oración no está en el centro de nuestra reflexión y celebración.   En efecto, un objetivo de nuestra oración es cambiar el modo en que percibimos el mundo para modificar la manera de cómo nos relacionamos con él.   El objetivo de nuestro compromiso es el de empeñarnos en alcanzar una mayor simplicidad  y  solidaridad en nuestras vidas.

Hacemos  un  llamamiento  urgente  a  quienes  ocupan  puestos  de responsabilidad social  y  económica,  así como política y cultural, para que escuchen el grito de la tierra y atiendan las necesidades de los marginados pero sobre todo para que respondan a la súplica de millones de personas y apoyen el consenso del mundo por el cuidado de la creación herida.

Estamos convencidos de  que  no  puede  haber  una  solución  sincera  y duradera al desafío de la  crisis  ecológica  y  del  cambio  climático  si no se da  una  respuesta  concordada  y  colectiva,   si  la  responsabilidad  no  es compartida y responsable,  si no damos prioridad a la solidaridad  y  al servicio.

Radio Vaticano   –   R o m a

 

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