|Miércoles, Octubre 18, 2017
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Quinientos años separados es demasiado 

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Quinientos años de división  a partir de la Reforma de Lutero y 1000 años si se cuenta la separación del cisma de oriente son muchos, demasiados años.

Estas divisiones, en el curso de la historia crearon rivalidades y hasta guerras. Asistimos hoy a un desparrame y una disolución de la cristiandad que nos lleva a una dramática decadencia religiosa actual  que algunos quieren disimular.  La pérdida de la fe en Jesucristo empezó por los países que fueron ayer grandes evangelizadores. Hoy día, por más desarrollado que es un país, más crece el desinterés para Dios de parte de las nuevas generaciones.  A demás, las serias dificultades que surgen con las religiones no cristianas como el Islam hoy día provienen del debilitamiento creciente de la cristiandad.

Las divisiones entre cristianos se multiplicaron por los desacuerdos doctrinales  y morales sostenidos por los dirigentes religiosos. El dirigismo religioso exacerbó las posturas opositaras de parte y otras creando unos bastiones institucionales aparentemente irreconciliables. De haber sido  estas divisiones solo  una “diversidad” de sensibilidades se podría haber llegado  poco a poco a un enriquecimiento mutuo pero las discusiones dogmáticas y casuísticas han confinados los cristianos en un narcisismo espantoso, cada uno en lo suyo.

Uno se puede preguntar: si Cristo rogó tan intensamente a su Padre para la unidad de todos los que creerán en él, ¿cómo se puede postergar en tantos siglos los esfuerzos de reconciliación entre las religiones cristianas? Si Cristo estimó esta unión de los cristianos como la mejor manera para evangelizar cuando urge la unión entre cristianos  diciendo: “para que el mundo crea, para que el mundo conozca que los has amado (Padre) a ellos como me has amado a mi” Juan 17, 20ss. ¿Cómo se puede entender todos los frenos que existen para no derrumbar las murallas religiosas?

Las claves para desentrampar las divisiones cristianas son en primer lugar un cambio  en las autoridades religiosas pero hay otra clave importante que es devolver al corazón sus prerrogativas. La fe no es solo una inteligencia, un conocimiento intelectual. La fe es “corazón” y sensibilidad. Vale la pena recordar   el mayor mandamiento es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu  alma y con toda tu mente… y al prójimo como a ti mismo· Mat 22, 17ss. Lo que les faltó a los cristianos es ponerle “corazón” a su fe. Gandhi decía que quien está en el corazón de su religión está en el corazón de todas las religiones. Es difícil de pensar el ecumenismo sin ponerle “amor”( Para los que temen perder lo propio yendo hacia los demás cristianos, Gandhi decía también: “Amo a todos las religiones pero estoy enamorado de la mía”).

Los más optimistas del ecumenismo se felicitan de las pocas tentativas de acercamiento ecuménicas que existen. Sin embargo estas son insuficientes porque operan a un nivel cupular. Es necesario  lograr contagiar las distintas comunidades. Lo comunitario puede lograr lo que no pueden las instituciones. Los cristianos de las bancas no entran en discusiones, no debaten, pueden buscar conocerse amicalmente y compartir testimonios de fe.  Quizás los católicos pueden expandir sus sentimientos de fraternidad cristiana paralizados por su formalismo y los evangélicos pueden salir de su autonomía de un creer arrinconado. Que cada comunidad analice sus resistencias para compartir, colaborar, comulgar … para que el mundo crea en el Hijo de Dios.

No hay disculpas que valgan, tampoco hay que buscar evasivas de oraciones para la unión de los cristianos si  en la práctica no se hace nada  de acercamiento.

Duelen los entierros en que el sacerdote y el pastor hablan cada uno a su turno, duelen los “Te Deum” en los que  predica el que se cree superior. Duele ver una capilla y en  la otra cuadra un templo con grupos de cristianos que se ignoran. Duele escuchar las críticas reciprocas. Pero sobretodo duele ver que numerosos hijos y nietos nuestros por mas curso de religión que hayan tenido a veces, no están ni allí con todo eso de Dios, de Jesucristo …

Si usted es practicante, un fin de semana, vaya a otra iglesia o templo, dese la ocasión de asistir a un culto distinto al suyo acostumbrado. Si usted no practica, que abre el tema religioso con otra persona expresando sus sentimientos en la materia.

Si Usted participa activamente de una comunidad, plantee a los demás la posibilidad de invitar  algunos de otras confesiones religiosas para venir a testimoniar de su fe personal (que sea fuera de liturgia y evitando debates de doctrinas o de moral) pídales de poder devolverle la mano para ir a dar sus propios testimonios en sus comunidades. Abrir así espacios de intercambios para conocerse es empezar a hacer algo ecuménico.

También, porque no imaginar una acción  ecuménica en nuestros colegios, ayudados con los profesores de religión, se podría organizar unos foros  entre jóvenes invitando algunos alumnos de otros colegios, de otros cursos de religión,  a venir  testimoniar de su propia fe.  Alternar eventos de este tipo  devolvería el interés por la  causa de Dios. Los jóvenes de mañana  no podrán enfrentar exitosamente los grandes problemas del futuro sin  el recurso de la fe y a nuestra generación, se le pedirá cuenta de un  abandono de la causa de Dios  por la mezquindad de todas nuestras separaciones.

Paul Buchet  –  Freire

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”

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