|Domingo, Noviembre 19, 2017
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Del fútbol, del juego y del placer 

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Con el resultado de 3-0  en Brasil, la selección chilena esta eliminada de la copa mundial  de Rusia 2018.

Después de un periodo de decepciones y/o de críticas al fútbol nacional, los medios de comunicaciones y el interés público tendrán otros acontecimientos u otros eventos  para entretener el público. ¿Será la preparación de las próximas elecciones y  los preparativos de la venida del Papa u otros acontecimientos que podrán remplazar la pasión futbolística? La pasión por el fútbol la globaliza la FIFA y los grandes consorcios económicos involucrados pero a pesar de todo el futbol sigue el fútbol para mucha gente, por esto conviene rescatar valores que pueden perderse en  los grandes eventos deportivos como en los grandes eventos musicales y en  todas las actividades que entusiasman a la gente. Hay materia para la reflexión y se debe comprender en profundidad lo que nos está pasando en nuestra  sociedad humana con esta cultura nuestra que tanto le apasionan los juegos. Las generaciones anteriores a la nuestra no tuvieron tantas posibilidades de “entretenerse” o de jugar. Tuvieron una vida más sacrificada con más trabajos cansadores y menos diversiones.  Quizás hoy día  por vivir una época que provoca menos fatiga pero mucho estrés requerimos más entretenciones. El interés deportivo y lo espectacular del futbol  es un buen ejemplo y nos puede llamar la atención para  preguntarnos lo que significa en realidad este  juego y todos los demás juegos para nosotros. Aclaremos enseguida que no tomaremos la postura moralista tradicional que se apresura a prevenir y a criticar las desviaciones del deporte, su  rivalidad,  su propensión a despertar pasiones excesivas, iras, violencias y también, con mucha razón el aprovechamiento económico que incluye el trato de personas a alto nivel (los campeones tan efímeros), las corrupciones de los directivos y de la publicidad… Iremos mejor en búsqueda de una comprensión de los valores y del sentido  que  tiene y que no acostumbramos a subrayar, hasta, nos preguntaremos si se puede “cristianizar” no solamente el futbol sino también todos los juegos humanos.

De juegos, los hay por montones. Basta pensar en los juegos de azar, los juegos deportivos,  los juegos musicales, los juegos de entretenciones, solitarios, grupales o colectivos, los juegos de los niños, los juegos de los mayores, los Bingos, el circo, el humor, los artes,  los juegos religiosos (la liturgia, las peregrinaciones…), los juegos afectivos y sensuales, sin olvidar los viajes turísticos y los juegos que las técnicas postmodernas nos crearon últimamente como lo videos juegos…

Los juegos son las actividades físicas o mentales que otorgan placer al ejecutarlas. Y  buscarle sentido al juego es buscarle sentido al placer humano. Muchos filósofos, antropólogos y sociólogos  han estudiado los fenómenos de los placeres para encontrarles  su  importancia creciente en la vida humana.

Se ha podido descubrir la gran variedad de juegos placenteros que existen en todos los tiempos y en todos los lugares. El juego de la chueca de los mapuches  es competitivo de equipo pero bien poco se puede comparar al fútbol del estadio nacional. El juego de azar del Casino que conocemos  requirió el invento del dinero y de las apuestas, antes existía recurrir al azar para algunos repartos o elecciones (los soldados que reparten las ropas de Jesús crucificado o el remplazo de Judas en el grupo de los doce apóstoles, tirando a la suerte entre dos candidatos). Los videos-juegos, ellos son muy novedosos porque crean una ficción prefabricada imposible anteriormente con la simple imaginación propia. Los juegos afectivos y sensuales, los juegos artísticos, culinarios, los juegos de vestuarios, los juegos de la música de quienes tocan instrumentos y de quienes los escuchan, todos los juegos tienen sus propias expresiones en cada cultura y en cada época. Esta diversidad revela una búsqueda constante de placeres de los seres humanos, una búsqueda apasionada de la humanidad. Y es de pensar que, la técnica ayudando con la robótica, disminuirá en el futuro la necesidad de tanto trabajo humano abriendo las perspectiva de una cultura del ocio.

La existencia de los  juegos de los niños  se explica fácilmente porque son un medio de aprendizaje y los pedagogos modernos, en su difícil tarea, se esfuerzan de crear una educación más placentera. Las crías de los animales también juegan para ejercerse a encontrar su alimento  llegando a ser adultos. El perro juega y mueve la cola cuando  se lo acaricia porque le conviene  mantener una buena relación con su amo. Hay animales que llaman la atención porque juegan sin necesidad de hacerlo: los pájaros cantan  más de lo que le permite Darwin (la evolución por necesidad). Se han descubiertos algunos monos que practican juegos y que esto les pone menos agresivos que otros. Pero los juegos humanos son más complejos  que los de los animales porque implican una búsqueda de placer más desarrollada que debemos descubrir.  Los juegos humanos han sido promotores  a veces anónimos  del progreso cultural de la humanidad  como lo fue el amor cortés en la edad media.

El  juego es entretención, diversión, pasatiempo, esparcimiento. Uno no puede estar serio todo el tiempo y necesita reír de vez en cuando como lo reconocía el mismo Santo Tomas. Una fiesta, un concierto, una película, un paseo, unas relaciones amorosas alivian las tensiones de la vida. El sentido de alivio en el juego y el placer que otorga  puede verse  como una puerta de escape por una vida agobiante  pero esta interpretación aun cuando puede ser la más urgente y necesaria para muchos, es muy limitada. El juego tiene mucho más perspectivas que valen la pena indagar. Descartemos de nuevo los juegos engañadores que  pueden ser utilizados por los poderosos de todos los tiempos para someter a los débiles. Los emperadores romanos que inventaron la política del “Pan y circo (juegos)” sometieron las  poblaciones para dominarlas. Los  jugadores  compulsivos, los drogadictos, los hedonistas de todo tipo cayeron en la misma trampa  de los juegos engañadores de los señores del dinero y quedémonos en buscar de lo positivo de los juegos humanos

El primer valor del juego es la predisposición del jugador a la creatividad. El juego hace salir de la vida rutinaria, lo indica por ejemplo  la significación etimológica de la palabra “de-porte”( salir fuera). El niño debe aprender por el juego no solamente a hacer las cosas y ser un adulto “útil “a la sociedad, debe también aprender a hacer cosas  “nuevas”. Debe aprender a ser inventivo, ser artista, novedoso, ser mejor. Muchos juegos tienen este secreto afán de hacer algo nuevo. El niño juega  porque quiere ser “campeón”.  El joven con su video juego se ensaya en un mundo irreal porque muchas cosas de nuestra post-modernidad  le parecen ficción y no quiere quedar en menos. Si uno se pone la camiseta de la selección es porque quiere soñar un tiempo con un país “ganador”. Esto lo alienta en su vida ciudadana aun cuando la política lo decepciona.

¿Qué busca quien va a un evento musical,  que busca quien va a bailar apasionamente, quien va de vacaciones al mar o a la cordillera? Quiere vivir porque vivir no es solamente trabajar, la vida es  respirar, disfrutar con todos sus sentidos, existir, ser uno mismo  contemplando el cielo estrellado con el placer de sus propios ojos. La vida  es más que  la suma de todos nuestros problemas. En todos los juegos hay declaraciones de querer vivir.

El que participa de un juego expresa también su libertad. Los negros espirituales de los antiguos esclavos negros norteamericanos  eran expresiones de libertad. En los video-juegos, los jóvenes se dan momentos de imaginación para escapar del encierro social que viven. El jubilado que va a las torres de Paine busca vivir unos días libres . Hay una verdad en esta necesidad de darse unos momentos de libertad.

Otra dimensión de los  juegos y de algunos juegos más que de otros  es su gratuidad. Aun cuando se han introducido el afán de ganancia de dinero en muchos  juegos, el juego auténtico mantiene la convicción que hay cosas que se pueden lograr como por azar. La suerte de ganar, aunque sea poca cosa  da un placer  simpático sobretodo si se juega con amigos. El juego es así un ejercicio para mantener la convicción que muchas cosas se logran sin merecimiento, sin gran esfuerzo. No es falso pensar en la existencia de una benevolencia anónima que nos puede resultar.

El juego puede unir, asociar y socializarse. Los clubes de naipes o de baile son los ejemplos sencillos de la sociabilidad de los juegos. Los juegos de naipes “solitarios” son pasatiempos que pueden aislar las personas, por lo contrario,  los juegos masivos como los juegos olímpicos han sido inventados para la unión de los pueblos. ¡Qué decir de los placeres afectivos y sexuales! Su importancia en las vidas de parejas o de familias es  evidente y es una lástima que largos discurso sobre el matrimonio no desarrollan su importancia.

Creatividad, gratuidad, libertad y sociabilidad son algunos de los valores que podemos descubrir en los juegos y sus placeres. Importa mucho reencontrar esos valores. Hemos sido educados demasiado prevenidos de los peligros de los placeres y tan poco enseñados a descubrirlos que se  perdieron muchos de estos recursos humanos. Extraviados en la superficialidad de los  juegos y de los placeres no pocos hoy día caen  en el hedonismo de sus vicios enfermizos.

¿Y qué hay de “cristiano” en esta apología de los juegos y de sus placeres?

En el evangelio de Mateo 11,17ss, tenemos una de las pocas referencias del Nuevo Testamento que nos hablan del juego. En esta referencia, Jesús compara su generación a unos chiquillos que juegan en la plaza y convidan a sus amigos a bailar tocándoles flauta y ellos no empezaron  a bailar, entonces,  le tocaron música como para funeral y tampoco ellos  jugaron a llorar y lamentarse… Siguió Jesús diciendo: Juan (Bautista) vino  que no comía ni bebía  dijeron que tenía demonio, vino Uno comiendo y bebiendo y dicen que es un comilón y un borracho, amigo de los pecadores pero, para el sabio, las cosas se valoran por sí solas sentenció Jesús.

Si se quiere pensarlo bien se puede descubrir el   profundo sentir humano que tenía Jesús. Sus sentimientos encuentran fácilmente resonancias en nuestra propia vida. Porque la vida con sus propios gustos y placeres es la invitación a  un gran juego. Estos niños no se deciden a entrar en el juego que se les propone. Nosotros  podemos caer en la misma y perder la oportunidad de  valorar las cosas de la vida  Es sabio e inteligente  quien busca en la vida este tesoro escondido, la perla de gran precio. Jesús nos invita a vivir como niños “Si no cambian y se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos (Mat. 182ss). Para Jesús hay que tomar la vida como un gran juego de ser amado y de amar. El amor es creativo, gratuito, libre, el amor de Dios  es  una suerte única y la felicidad de comunicarlo a los demás lo es igualmente.

Un argumento más para rehabilitar al juego y el placer autentico es descubrir que el juego es algo de Dios. Si hay alguna razón por la que Dios creó el mundo y nos dio la existencia es porque Dios lo hizo “por juego”. Esta idea no es nueva. La tradición cristiana siempre citó un texto del Antiguo Testamento, precisamente un texto de la sabiduría popular de la Biblia, los Proverbios (8,30) para explicar las razones que tuvo Dios para crear el mundo.  Hablaron del juego de la creación, de la complacencia de Dios que “juega”  en toda la tierra y que tiene particularmente “sus delicias jugando  con los hijos de los hombres” Dios creó el mundo dejando su marca de gratuidad, de creatividad, de libertad y en definitiva de amor con esta propensión humana al juego. El mismo relato mitológico de la creación nos muestra a Dios satisfecho el sexto día de haberlo todo bien hecho. (Gen 1,31)… ¡Tan bien hecho…que se dio “feriado” el séptimo día ¡.

Con esta apología del juego y del placer, algunos cristianos  y moralistas podrían sentirse un poco molestos pero se debe recordar que el evangelio es buena noticia y que si se quiere evangelizar se debe enseñar cómo “gozar” de la  vida  y de la religión.

Paul Buchet  –  Temuco

 

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