|Martes, Octubre 26, 2021
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Reflexión de J A Pagola… 

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Todos experimentamos que la vida está sembrada de problemas y conflictos que en cualquier momento nos pueden hacer sufrir. Pero, a pesar de todo, podemos decir que la «felicidad interior» es uno de los mejores indicadores para saber si una persona está acertando en el difícil arte de vivir. Se podría incluso afirmar que la verdadera felicidad no es sino la vida misma  cuando  está  siendo  vivida  con  acierto  y plenitud.

Nuestro problema consiste en que la sociedad actual nos programa para buscar la felicidad por caminos equivocados que casi inevitablemente nos conducirán a vivir de manera desdichada.

Una de las instrucciones erróneas dice así: «Si no tienes éxito, no vales». Para conseguir la aprobación de los demás  e, incluso, la propia estima hay que triunfar.

La persona así programada difícilmente será dichosa.   Necesitará tener éxito en todas sus pequeñas o grandes empresas.   Cuando fracase en algo,  sufrirá de manera indebida.   Fácilmente crecerá su agresividad contra la sociedad  y  contra la misma vida.

Esa persona quedará, en gran parte, incapacitada para descubrir que ella vale por sí misma, por lo que es, aun antes de que se le añadan éxitos o logros personales.

La segunda equivocación es ésta:   «Si quieres tener éxito,  has de valer más que los demás».   Hay que ser siempre más que los otros, sobresalir, dominar.

La  persona  así  programada  está  llamada  a  sufrir.   Vivirá  siempre envidiando a los que han logrado más éxito,  los que tienen mejor nivel de vida,  los de posición más brillante.

En su corazón crecerá fácilmente la insatisfacción,  la envidia oculta,  el resentimiento.  No sabrá disfrutar de lo que es y de lo que tiene.  Vivirá siempre mirando de reojo a los demás.   Así,  difícilmente se puede ser feliz.

Otra  consigna  equivocada:   «Si  no  respondes  a  las  expectativas , no puedes  ser  feliz».   Has de responder a  lo  que  espera  de ti la sociedad, ajustarte a los esquemas.   Si no entras por donde van todos, puedes perderte.

La persona así programada  se  estropea  casi  inevitablemente.   Termina por no conocerse a sí  misma  ni  vivir  su  propia  vida.   Sólo busca lo que buscan todos,  aunque no sepa exactamente por qué ni para qué.

Las Bienaventuranzas nos invitan a preguntarnos si tenemos la vida bien planteada  o  no,  y nos urgen a  eliminar  programaciones  equivocadas. ¿Qué sucedería en mi vida  si  yo  acertara  a  vivir  con  un  corazón  más sencillo,  sin  tanto  afán  de  posesión,  con  más  limpieza  interior,  más atento a los que sufren,  con una confianza  grande  en  un  Dios  que me ama de manera incondicional?   Por ahí  va  el  programa de vida que nos trazan  las  Bienaventuranzas de Jesús.

José Antonio Pagola

Grupos de Jesús

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