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“El secreto de la felicidad está en lavar los pies a los demás” 

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Víctor Manuel Fernández; el teólogo del Papa celebra la jornada de los pobres en la Iglesia de San Antón en Madrid

Es el único teólogo vivo al que el Papa Francisco cita en su ‘Evangelii Gaudium’. No en vano, como dicen muchos, monseñor Víctor Manuel Fernández es el “teólogo del Papa”. De paso por Madrid, para presentar su libro de comentarios al Evangelio (Claretianas), no quiso dejar de visitar la iglesia de San Antón del Padre Ángel, “a quien todos queremos tanto”, dijo el prelado.

Afable, sencillo, cercano, a pesar de sus títulos y de su puesto de rector de la Universidad Católica de Buenos Aires, ‘Tucho’ Fernández, como le llaman cariñosamente sus amigos, viste de clergyman, en el que destaca un sencillo pectoral. “Me lo regaló Francisco, cuando me hizo obispo, y me dijo: ‘Tomá, que yo tengo otro'”.

El arzobispo se interesa por la iglesia y se queda impresionado por el ir y venir de todo tipo de gente, especialmente de los sinhogar, que tienen en la iglesia del Padre Ángel su casa, su hotel y su centro de operaciones.

Acompañado del Padre Ángel y de Fernando Prado, el director de Publicaciones Claretianas, la editorial del ‘Palabra y Vida 2018’, monseñor Fernández presidió la eucaristía de la Jornada de los Pobres. Rodeado, en el altar, de los sinhogar y de un grupo de invidentes.

En su homilía, el obispo argentino comenzó diciendo que, aunque parezca raro, la Jornada del Pobre es un día de fiesta. “Primero, porque Cristo fue pobre. Y segundo, porque todos tenemos algunas pobrezas”. Además, a la hora de la muerte, “no nos llevamos nada de lo que tengamos y todos experimentamos la pobreza”.

Pero la Jornada se centra en los pobres de verdad, con el objetivo de “echarles una mano, para que encuentren forma de sobrevivir y para que haya quien les ayude”. Y, ahí, en primera línea de la ayuda tenemos que estar los creyentes. Entre otras cosas, porque “nuestra vida es puro don, puro regalo”. Y al final de la vida, nos preguntarán “qué hemos hecho con ese regalo”.

Monseñor Fernández planteó una serie de interrogantes a los presentes: “¿Valió la pena tu paso por la tierra? ¿Qué dejaste? ¿Qué vida eterna preparas con tu forma de vivir? ¿En qué estado estás? ¿Qué refleja tu rostro? ¿Refleja esperanza, bondad, ganas de vivir? ¿Qué quieres para tu vida y para toda la eternidad?”

La respuesta, en la Palabra de Dios: “Cuando hagas fiesta, invita a los pobres…y tendrás un tesoro en el cielo” y “brillará tu luz”. Porque, a juicio del teólogo argentino, “éste es el auténtico consejo, que no aparece en ningún libro de autoayuda”.

O, al estilo de Jesús, el secreto de la felicidad está en “lavar los pies a los demás” y “no dejarse vencer por el orgullo, la vanidad o la indiferencia”. Así se alcanza la felicidad y la luz. Y puso el ejemplo de la Madre Teresa, que pasó gran parte de su vida acosada por la “aridez espiritual” y, como ella misma confesó, cuando rezaba, no sentía nada. Pero también escribió en su diario: “Cuando encontré a Cristo en el pobre, descubrí para qué estaba en la tierra”.

En la vida de la Santa de Calcuta y en las nuestras necesitamos “ese clic” e “ir más allá de la apariencia” y, ante el pobre, preguntarnos, como Cristo, “¿Qué quieres que haga por ti?”. Y eso, aunque también nosotros seamos pobres. “Porque siempre hay alguien más pobre, más triste o más desconsolado que uno”.

Sólo así, con esta receta, evitaremos “el horror de aislarnos” y podremos vivir “la alegría de estar juntos, el gusto interior de ser pueblo”. Y monseñor Fernández concluyó: “Pidamos al Señor que nos regale esta gracia tan preciosa”.

José Manuel Vidal   –   Director de Religión Digital

 

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