|Lunes, Enero 22, 2018
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Se guardaron los Pesebres 

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Se apagaron los fuegos artificiales de Año Nuevo

Se guardaron los Pesebres

Por cierto, viene el Papa, viene el verano, vienen las vacaciones, … Pero  después de las fiestas de fin y principio de año, vuelve la rutina de la vida  que nos da el sentimiento de seguir los espectadores-actores del reality show  de nuestro mundo actual con los secretos temores de vernos, de repente, involucrados en roles desagradables.

Cristianos y paganos hemos tratado de manifestar en estas últimas semanas que la vida no es para vivir en la oscuridad y que no fueron ensueños nuestros villancicos y gratuitos los deseos que hemos dirigidos a nuestros íntimos y amigos?

Hemos celebrado fiestas nocturnas iluminando nuestras casas, nuestras calles, nuestras iglesias y nuestros quinchos  para proclamar que en realidad somos hijos de la luz y no de las tinieblas. Hemos quebrado por unos instantes ese molde de vivir “realista”y fatalista, nuestra vida  con todas sus sombras y oscuridades y nos hemos regalado unos momentos luminosos de alto contenido simbólico.

Iluminar la noche, alumbrar, dar a luz, salir a la luz…La necesidad de luz está inscrita en lo más profundo de nuestra siquis. Nuestra electricidad  y nuestras ampolletas “led” pueden hacernos olvidar el sol, la luna y las estrellas, las fotografías de las galaxias nos pueden desteñir  las imágenes del cielo pero los que van a tomar sol en la playa, los que se levantan para ver una salida del sol o admiran un tamaño excepcional de la luna reactivan los arquetipos de la benevolencia de la Luz. Los campesinos agradecen los veranos para sus cosechas.  Los Mapuches, solían llamar  “Antu” al sol  y “Kuyen” a la luna (su esposa-madre), dicen  : “arriba en el cielo azul, ambos se alternan en el trabajo de dar luz a la tierra”.  Los antiguos egipcios tenían su divinidad llamada “Ra” que no solamente iluminaba pero también armonizaba la vida humana y promovía la Verdad en la tierra. Los griegos tenían a “Helios” que era de respetar porque podía derretir las alas de los soberbios… Para los antiguos, los astros  no eran venerados solamente porque eran útiles  sino porque simbolizaban  la benevolencia del cielo y podían guiar las vidas humanas. Esta mística de la luz, en la cultura popular israelita del tiempo de los evangelios  la compartía por ejemplo Zacarías el padre de Juan bautista. El anticipaba la venida de Cristo diciendo que “nos visitará la “luz de lo alto”…”para iluminar  a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte” (Lc.1,77ss). Es impresionante como  algunas percepciones, algunas sensaciones, algunos símbolos  son universal. El psicoanálisis ha revelado la existencia de arquetipos que son como el trasfondo de la vida Humana.  Conviene descubrir así como los evangelios asumieron la cultura de su tiempo y como lograron revelarnos la especificidad de la fe cristiana.

En estos primeros días del año, podemos entender esta famosa leyenda de los (Reyes) Magos que llegaron a reverenciar al niño Jesús en Belén (Mat. 2,1ss.). Para esto,  se debe  entrar en la magia de los astrólogos que buscan en las estrellas una sabiduría para la vida de las personas. Olvidemos las artimañas  de los historiadores para saber lo que pasó en realidad  y quedémonos con esta búsqueda intuitiva de lo que nos aporta  estos textos. La estrella que descubren en el Oriente y que seguirán hasta Belén simboliza la búsqueda existencial que está anclada en la siquis de los hombres de todos los tiempos. Todos buscamos temprano o tarde la explicación de la existencia, del destino de nuestra vida. La intuición de los Magos  al seguir la estrella  es el inaudito nacimiento de un Rey excepcional. San Mateo aporta a su relato el trasfondo del mesianismo del propio Antiguo Testamento: la espera de un descendiente del Rey David oriundo del mismo Belén que traerá una era definitiva de paz y prosperidad, un paraíso. Existen varios nacimientos de niños divinos en mitologías egipcianas y griegas (Apolo, Osiris…) pero la novedad del nacimiento de Jesús es que se cuenta para enriquecer el testimonio  acerca de quién era Jesús el crucificado y el resucitado para los lectores. San Mateo escogió subrayar la significación del nacimiento de Jesús para asumir todas las elucubraciones mitológicas como las esperanzas profundas de todos los pueblos.

Por esto hace venir unos Magos de Oriente, Jesús nace para todos los hombres. En Belén convergen todas las aspiraciones humanas. Muy sabia la devoción popular histórica recuperó la idea que esos magos eran, ellos mismos Reyes, y que uno era  blanco, otro negro y el tercero amarillo. Las ofrendas que traen tienen también su significación particular el oro para marcar la dignidad real del niño, el incienso su condición divina  y contrariamente  la mirra con su connotación funebre porque servía para las sepulturas.

Como lo aclaró  el viejo Simeón a María en el templo: Jesús será “signo de contradicción” Lc. 2,43. La idea que el nacimiento del Rey divino desencadenaba fatalmente  una violenta represión está presente en muchos  textos mitológicos de la época, San Mateo, apoyándose en el A.T, relata el recuerdo de la crueldad de Herodes para eliminar a sus posibles rivales la masacre de los niños de Belén al que escapó Jesús. Las primeras comunidades cristianas conocieron  la oposición política y religiosa que encontró Jesús mismo hasta morir en la cruz y ellas también sufriendo persecuciones.

Es importante entrar en este contexto para dejar estos textos hablarnos. Leyendo los evangelios, no nos enteramos de acontecimientos, recibimos  testimonios que hablan a la profundidad de nuestra vida buscándole una inteligencia existencial. Son símbolos, explicaciones de sentido, de orientación. Si escuchamos, nos dirán cuál es nuestra estrella, por donde se encuentra el que se anunció, cómo se reconoce el “Mesías” en este recién nacido.

Nuestra cultura occidental privilegió lo racional y se esmeró en definiciones precisas acerca de la condición, de natura… de “Jesucristo”. El pesebre y el niño-Dios  nos invitan a ponerle corazón para percibir lo que la razón no logra entender. El corazón que hay que ponerle no es solamente nuestra emotividad personal  sino un corazón que abarca toda la humanidad.

Después de los Magos el evangelio de Mateo nos dirá que Jesús con sus padres huyeron a Egipto. Jesús fue también “emigrante”…

Y San Lucas nos contará otro episodio como la escapada de Jesús en medio de los doctores en el templo… Jesús fue también un joven que se emancipó…

Paul Buchet

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”

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