|Sábado, Diciembre 15, 2018
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El Papa pide perdón a las víctimas de abusos 

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«Pido perdón si he herido a las víctimas de abusos con mis palabras sobre el caso Barros».

El Papa Francisco, respondiendo a las preguntas de los periodistas durante el vuelo de regreso a Roma desde Lima admitió haberse equivocado a la hora de pronunciarse sobre el caso de Juan Barros, el obispo chileno de Osorno, criticado por grupos de fieles en su diócesis que consideran que sabía sobre los abusos sexuales cometidos por su mentor el padre Fernando Karadima y que los encubrió.

Al margen de la misa que celebró el jueves pasado en Iquique, Francisco respondió a la pregunta de una periodista local, afirmando que estaba dispuesto a evaluar «pruebas» sobre Barros si se las presentan y que considera «calumnias» las acusaciones que se han hecho hasta ahora contra el obispo. Estas palabras provocaron fuertes reacciones por parte de las víctimas de abusos en Chile y una declaración de comprensión por parte del cardenal Sean O’Malley. Pero el Papa también se refirió al ya famoso matrimonio que bendijo durante el vuelo. Y defendió su decisión explicando que los dos esposos estaban bien preparados, que habían seguido los cursos prematrimoniales y que se habían acercado al sacramento de la penitencia. Francisco, además, dijo que el viaje que acaba de concluir había sido un viaje «pasteurizado», como la leche, porque se pasó del calor al frío, atravesando varios climas.

Usted, el primer día en Chile, lanzó un mensaje duro en contra de los abusos contra los menores de edad. Pero después hizo aquella declaración sobre el obispo Barros, refiriéndose a “calumnias”. ¿Por qué le cree más a Barros que a las víctimas?

Comprendo la pregunta perfecto. Sobre Barros hice una sola declaración. Yo hable en Chile, y eso fue en Iquique, al final. Hablé dos veces sobre los abusos, con muchas fuerzas, delante del gobierno, que era hablar delante de la patria, y en la catedral con los sacerdotes. Lo que dije a los sacerdotes es lo que yo siento más profundamente respecto a este caso. Saben que empezó el Papa Benedicto con tolerancia cero, y yo seguí con tolerancia cero. Después de 5 años de Pontificado, no he firmado un permiso de gracia. En los casos de quite de estado clerical, es definitiva la sentencia en primera instancia. La persona condenada, tiene derecho a apelar, al tribunal de segunda instancia. El tribunal sabe que si hay pruebas claras de abuso, no se puede apelar la sentencia, pero si el procedimeinto. Si el segundo tribunal es claro, a la persona le queda solo una instancia, apelar a la gracia del Papa. En cinco años, habré recibido 20 o 25 casos. Solamente en un caso, una apelación de sentencia. Me encontré con dos sentencias, una muy seria de la diócesis, y una del CDF, que era la mas dura. La de la diócesis era muy seria, y muy condicionada, que decía que con las condiciones, hay que ver, no cerrar el caso. Como hay que hacer en buena jurisprudencia, siempre a favor del reo. Y dejé aplicar la sentencia más suave, pero después de la prueba, dos años, apliqué la segunda.

En el caso del Obispo Barros, lo hice estudiar, investigar, lo hice trabajar mucho. No hay evidencia, la palabra de usted. Después voy a hablar de las pruebas. No hay evidencia de culpabilidad, parece que no se van a encontrar. Hay una coherencia en otro sentido. Yo espero una evidencia para cambiar de sentido. Si no aplico el principio jurídico de cualquier tribunal, ninguno es malo hasta que no se pruebe.

Y la palabra prueba me jugó la mala pasada. Yo dije, en español, por lo que recuerdo, estaba entrando, y una periodista de Iquique me pregunta: “En Chile tenemos el gran problema del obispo Barros, ¿qué piensa?”. Creo que las palabras que dije fueron estas. Primero pensé: “¿Respondo o no?”. Y dije que sí, porque había sido obispo de Iquique, y una feligresa me lo pregunta. Y dije, el día que tenga pruebas, voy a hablar. La respuesta fue dada: el día que yo tenga una prueba, hablaré. La palabra “prueba” es la que generó la conferencia. Yo hablaba de “evidencia”. Y claro, yo sé que hay mucha gente abusada y que no puede traer una prueba, no la tiene. Y que no puede, o a veces la tiene pero tiene vergüenza que lo tapa, y sufre en silencio. El drama de los abusados es tremendo. A mí me tocó atender, hace dos meses, a una mujer abusada hace 40 años. Casada, con tres hijos, esa mujer no recibía la comunión desde esa época, porque en la mano del cura veía la mano del abusador. No podía acercarse. Y era creyente. Era católica. Perdón que continúe en espñol, pero quiero ser preciso con los chilenos. La palabra “prueba” no era la mejor para acercarme a un corazón dolorido. El caso de Barros se estudió, se re-estudió y no hay evidencia. Es lo que quise decir. No tengo evidencias para condenarlo. Y si yo condenara sin evidencia o sin certeza moral, cometería yo un delito de mal juez.

Se publicó una carta suya a los obispos chilenos en la que se hablaba de la posibilidad que Barros se tomara un año sabático…

 Tengo que explicar bien esa carta, porque es a favor de la prudencia y sobre cómo se manejó el problema de Barros. Esa carta no es la narración de un hecho puntual, sino la narración más o menos de 10 o 12 meses. Cuando explotó el escándalo Karadima, todos conocemos este escándalo, se comenzó a ver cuántos sacerdotes que habían sido formados por Karadima habían sufrido abusos o se habían convertido en abusadores. En Chile hay tres obispos que Karadima mandó al seminario. Algunas personas de la Conferencia Episcopal sugirieron que renunciaran, que se tomaran un año sabático, para que se calmara la tormenta: son obispos buenos, como Barros, que tenía 20 años de episcopado y estaba concluyendo su mandato de ordinario militar. Se decía: “Hay que pedirles la renuncia”. Él fue a Roma y yo dije que no, porque esto significaba admitir una culpabilidad previa. Rechacé la renuncia. Después, cuando fue nombrado en Osorno, surgió este movimiento de protesta: me llegó por segunda vez su renuncia. Y dije: “No, ¡tú continúas!”. Se siguió indagando sobre Barros, pero no surgen evidencias. No puedo condenarlo, no cuento con evidencias, y me he convencido de que es inocente.

¿Y en relación con la reacción de las víctimas ante sus declaraciones? 

Sobre lo que sienten los abusados, tengo que pedir perdón. La palabra “prueba” ha herido a muchos de ellos. Dicen: “¿Acaso tengo que ir a buscar un certificado?”. Les pido perdón si los herí sin darme cuenta, lo hice sin querer. Y me provoca mucho dolor, porque yo los recibo: en Chile hubo dos encuentros, que se saben. Otros fueron a escondidas. En cada viaje siempre existe la posibilidad de encontrarse con las víctimas, se publicó el encuentro de Filadelfia, otros casos no. ¡Escuchar que el Papa les dice: “Tráeme una carta con la prueba” es una bofetada! Me doy cuenta de que mi expresión no fue afortunada y comprendo, como escribe Pedro en una de sus cartas, que el incendio ha crecido. Es lo que puedo decir con toda sinceridad.

¿Por qué el testimonio de las víctimas no es una evidencia? 

El testimonio de las víctimas siempre es una evidencia. En el caso de Barros no hay evidencia de abuso…

Pero no le acusan de haber abusado, sino de haber encubierto los abusos…

El caso empezó quizá con la mala decisión de la renuncia, y se lo emepezó a acusar. Pero de abuso no hay evidencias. Encubrir un abuso es abuso. No hay evidenica. Si honestamente creen que es así, aportar las evidencias rápido. Yo no creo que sea así, porque no las hay. Pero tengo el corazón abierto.

¿Qué le pareció la declaración del cardenal O’Malley, quien afirmó que sus palabras sobre las “calumnias” a propósito de Barros fueron fuente de dolor para las víctimas? 

O’Malley dijo que el Papa siempre ha utilizado la “tolerancia cero”. Después está esa expresión poco afortunada, hablé de calumnia, para referirme a alguien que afirma algo con pertinacia sin tener la evidencia. Si dijo: “Usted ha robado”, y usted no ha robado, entonces estoy calumniando, porque no cuento con la evidencia. Era una expresión infeliz. Pero yo no he escuchado a ninguna víctima de Barros. No han venido, no se han presentado, no han ofrecido la evidencia en un juicio. Ha quedado todo en el aire. Es cierto que Barros estaba en el grupo de los jóvenes de Karadima. Pero debemos ser claros: si se acusa sin ninguna evidencia con pertinacia, esto es calumnia. Pero si llega una persona y me da evidencias, yo seré el primero que la escuche. La declaración de O’Malley fue muy justa. Le doy las gracias. Se refirió al dolor de las víctimas en general.

Los miembros de la comisión vaticana para la tutela de los menores han acabado su mandato. ¿Demuestra que no se trata de una prioridad? 

La comisión fue nombrada por tres años. Al vencerse el plazo, se estudió la nueva comisión. La decisión fue renovar a una parte y nombrar nuevos miembros. Antes de que empezara este viaje llegó la lista definitiva con los nombres y ahora sigue el recorrido normal de la Curia. Se estudia el currículum de las personas nuevas, y había dos observaciones que había que aclarar. Pero no crean que no la vamos a hacer… son los tiempos normales.

¿Qué responde a los que dicen que su visita en Chile fue un fracaso, por la poca gente que había y porque la Iglesia está más dividida que antes? 

Es la primera vez que lo escucho. Estoy contento del viaje a Chile, no me esperaba tanta gente por la calle, ¡y a esta gente no le pagaron para que fuera!

En Perú la clase política ha defraudado al pueblo con actos de corrupción y con indultos negociados (se refiere al indulto concedido por el actual presidente al ex presidente Alberto Fujimori, ndr.). ¿Qué piensa al respecto?

Sé que en algunos países de Europa hay corrupción. En Latinoamérica hay muchos focos de corrupción. Hoy esta de moda hablar de Odebrecht (una sociedad brasileña conocida por sus redes de corrupción no solo en Perú, ndr.), pero eso es un botón de muestra. El origen de la corrupción, yo diría es el pecado original que te lleva… Escribí un librito una vez, muy pequeño, que se llama “Pecado y corrupción”, y el lema que saco es: “pecador sí, corrupto no”. Todos somos pecadores, pero creo que todos los que estamos acá, yo hago la voluntad de mi parte, y pienso ustedes también, cuando estoy en “off side”, actué mal con un amigo, robé, me drogué… bien: tratar de no hacerlo. Yo al pecado no le tengo miedo, le tengo miedo a la corrupción, que te va viciando el alma y el cuerpo. Un corrupto está tan seguro de sí mismo, que no puede volver atrás. Son como esos pantanos chupadizos, que querés volver atrás, y te chupo. Es una ciénaga. Sí, es la destrucción de la persona humana. El político tiene mucho poder. También el empresario tiene mucho poder. El empresario que le paga la mitad a sus obreros es un corrupto. Un ama de casa que está acostumbrada y cree que es lo más normal explotar a las mucamas con el sueldo o el modo de tratarlas, es corrupta. Recuerdo una conversación que tuve con una persona, un profesional, joven, 30 años, que me decía cómo llevaba la cosa. Y él me dijo que trabata al personal doméstico de una manera nada noble. Yo le dije: “Pero, usted no puede hacer eso, eso es pecado”. “Padre, me dice, no vamos a comprarar a esa gente conmigo, esa gente esta para eso”. Y es lo que piensa el tratante sexual, el tratante de trabajo esclavo: corruptos.

También en la Iglesia existe la corrupción. Pensemos en el caso del Sodalicio (movimiento laico fundado en Perú por Luis Figari, ahora reconocido culpable de abusos, ndr.).

Sí, hay casos de corrpución en la Iglesia. Siempre los hubo. Hombres y mujeres de Iglesia entraron en el juego de la corrupción. Y esto me sirve de puente para lo del sodalicio. Lo del sodalicio empezó con el caso de una persona que parecía de mucha virtud, murió e, investigando la vida, se descrubrió que tenía doble vida. Es el primer caso del sodalicio que yo conozco, pero de esto hace ya 20 años atrás. Y después una denuncia de abuso, no solo sexual, sino de manipulación de conciencia para con el fundador. El proceso del fundador entró en la Santa Sede, se le dio una condena, no se lo expulsó del sodalicio, sino que vive solo. Una persona lo atiende. Él se declara inocente de las pruebas que hubo en el juicio y apeló a la signatura apostólica, la Suprema corte de justicia del Vaticano. La causa esta en apelación, y por los datos que tengo, va a salir en menos de un mes. Llevó un año. Pero ese juicio fue gatillo para que otras víctimas de esa persona hicieran juicios civil y eclesiástico. Si la signatura apostólica pone fin a este jucio, a favor, en contra, ya no tiene sentido, porque ya se acumulan muchos casos, más graves. E intervino la justicia civil, y en estos casos es necesario, es un derecho. No estoy muy informado, pero la cosa es desfavorable al fundador. Por otro lado, no era una cosa personal, había cosas no claras. Hace casi dos años, mandé un visitador, en la persona del Cardenal Tobin, de Newark. Hace la visita, descubre cosas que no entienden, y no están claras, y nombra dos veedores económicos. Y este es el tercer abuso, que también tocaba al fundador. Y después de un estudio, recomienda comisariar el sodalicio. Hace 4 semanas mando la carta, y hace dos se nombró. Un caso parecido, en los procedimeintos, al de los Legionarios, por el Papa Benedicto XVI. Y en eso estuvo muy fuerte. No toleraba esas cosas, y yo aprendí de él a no tolerarlas. El estado jurídico es comisariamiento, y continúa la visita apostólica.

Después del matrimonio de los sobrecargos durante el vuelo, ¿qué le diría a los párrocos que se encuentran con prometidos que quieren casarse en aviones o naves? 

¿Usted se imagina cruceros con el matrimonio? Uno de ustedes me dijo que estoy loco cuando hago estas cosas. La cosa fue simple. El señor (Carlos Ciuffardi, ndr.) había estado en el vuelo del día antes. Ella (Paula Podest, ndr.) no estaba. Él me habló. Me di cuenta de que me estaba sondeando… fue una buena plática. Al día siguiente estaban los dos y cuando nos tomamos las fotografías me dijeron que se habían casado por lo civil y que ocho años antes se estaban por casar en la parroquia, pero la iglesia se derrumbó por el terremoto un día antes de la boda. Y así no hubo matrimonio. Decían: “Lo hacemos mañana, pasado mañana…”. Y luego la vida sigue adelante: llega una niña, después otra. Yo los interrogué y me dijeron que habían hecho los cursos prematrimoniales. Me pareció que estaban preparados. Los sacramentos son para los hombres, todas las condiciones estaban muy claras. ¿Por qué no hacer hoy lo que se puede hacer? Esperar a mañana tal vez habría significado esperar otros diez años. Ambos se habían preparado ante el Señor con el sacramento de la penitencia. Me dijeron que les habían dicho a algunos de ustedes esta intención: “Vamos a pedirle al Papa que nos case”. No sé si sea cierto. Hay que decirle a los párrocos que el Papa los interrogó bien, era una situación regular.

Usted en la Amazonia habló sobre la “perversión” de ciertas políticas que promueven la conservación de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano. ¿Cree que exista un ambientalismo que acaba estando en contra del hombre? 

Sí, creo que sí. El caso específico al que me refería tiene que ver con esa zona de la Amazonia: para proteger la selva, algunas tribus fueron echadas. La misma selva acabó siendo explotada. Hay estadísticas. Algunas tribus se quedaron fuera del progreso real.

Uno de los objetivos de la Iglesia es luchar contra la pobreza: Chile ha logrado disminuir la pobreza del 40 al 11 por ciento, y es el resultado de una política liberal. ¿Hay cosas buenas en el liberalismo? 

Debemos estudiar bien los casos de las políticas liberales. Algunos países de América Latina han puesto en marcha políticas liberales que los han llevado a la mayor pobreza. No sabría qué responder, pero en general una política liberal que no involucre a todo el pueblo es selectiva y te lleva hacia abajo. El caso de Chile no lo conozco, pero en otros países la cosa lleva hacia abajo.

Andrea Tornielli  –  En Vuelo desde Lima a Roma

Vatican Insider   –   Reflexión y Liberación

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