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P. Pedro Arrupe; Testigo y Profeta 

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Esta semana se cumplió el 27° aniversario de la muerte de este Testigo y Profeta. Por este motivo, compartimos con nuestros lectores este sencillo escrito que resalta algunos aspectos de su fructífera vida y testimonio espiritual. (N de la R).

Pedro Arrupe y Gondra (Bilbao, 14 de Noviembre de 1907 – †Roma, 5 de Febrero de 1991) fue un sacerdote jesuita español y Prepósito General de la Compañía entre 1965 y 1983. Su vida apostólica siempre fue seguida con interés por la opinión pública a nivel internacional, dada su personalidad destacada y talante progresista. Hombre de sólida formación humanística, en su juventud ya deja signos evidentes de ser un hombre de Dios para los demás, compaginando sus estudios con trabajos apostólicos con los más desfavorecidos. El Evangelio que predicaba el Padre Arrupe era su amor y cercanía con los pobres.

Con ocasión de un viaje al Santuario mariano de Lourdes (Francia), asiste a más de una curación milagrosa que él mismo tiene ocasión de analizar desde su categoría de brillante estudiante de medicina, con premios extraordinarios en anatomía y terapéutica. Diría al respecto: “Sentí a Dios tan cerca en sus milagros, que me arrastró violentamente tras de sí. Yo lo vi tan cerca de los que sufren, de los que lloran, de los que naufragan en esta vida de desamparo, que se encendió en mí el deseo ardiente de imitarle“.

El 25 de Enero de 1927 entra en la Compañía de Jesús; que ocupará, a a partir de entonces, el centro de su existencia intelectual y moral y a la que se dedicará en cuerpo y alma hasta el final de su vida. Tras realizar estudios en EE.UU es destinado a la misión de Japón, siendo testigo directo de la explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima. En 1954 es nombrado superior de los jesuitas en Japón. Realizó numerosos viajes pronunciando conferencias sobre su experiencia de Hiroshima y procurando recabar fondos para la Iglesia del entonces empobrecido Japón. La explosión atómica de Hiroshima fue para él un signo extremo de la tragedia humana, y un presagio de la más que posible autodestrucción del hombre que se alaba o vanagloria a sí mismo.

En 1965, 22 de Mayo, fue elegido Prepósito General de la Compañía de Jesús (XXVIII General de la Compañía de Jesús), cargo que le exigió afrontar los tiempos críticos de los años sesenta. Su mandato se caracterizó por una decidida renovación de la misión de los jesuitas en el mundo actual, a la que imprimió un profundo sentido social. Ello propició que el gobierno de Arrupe al frente de la Compañía fuera controvertido en su tiempo, aunque nunca se puso en duda su buena fe y gran altura espiritual. Muchos reconocían que era un santo y achacaban a sus consejeros algunas decisiones comprometidas. A veces esas críticas le alcanzaban, atribuyéndole demasiada transigencia con los rebeldes y blandura en el trato con los díscolos.

La aplicación de las indicaciones del Concilio Vaticano II fueron polémicas por la oposición cerrada del sector más conservador. Arrupe, siempre llevado por su amor inquebrantable a la Iglesia, se propuso llevarlas a la práctica desde dentro y con una profunda dimensión. Sin duda, Pedro Arrupe ha sido un puente de creatividad y evangélica osadía entre Oriente y Occidente, entre la Iglesia del Concilio y el postconcilio (del que es considerado “profeta”). En el momento de su renuncia, ya afectado por una trombosis cerebral, confirmaba en una hermosa alocución su transparencia y buenas intenciones durante su misión:

Durante estos 18 años mi única ilusión ha sido servir al Señor y a su Iglesia con todo mi corazón. Desde el primer momento hasta el último. Doy gracias al Señor por los grandes progresos que he visto en la Compañía. Ciertamente, también habrá habido deficiencias – las mías en primer lugar – pero el hecho es que ha habido grandes progresos en la conversión personal, en el apostolado, en la atención a los pobres, a los refugiados. Mención especial merece la actitud de lealtad y de filial obediencia mostrada hacia la Iglesia y el Santo Padre, particularmente en estos últimos años. Por todo ello, sean dadas gracias al Señor.

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Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación” – Chile.

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